AMARO PARGO: LA TRADICIÓN HISTÓRICA DE UN CORSARIO LAGUNERO (II). Por Carlos García. Del libro «La Ciudad: Relatos Históricos» 1996

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Detalle del cuadro de Amaro Pargo en Machado El Rosario

El comienzo del corso canario

El papel de los habitantes canarios en el corso marítimo de la época fue importante, máxime teniendo en cuenta la función mercantil fundamental que jugaban sus puertos tanto en el comercio de sus productos, vinos, granos, azúcar, etc.,como más tarde con los productos y riquezas venidos de las Indias, y que fue decisivo y provechoso para quienes lo ejercieron.

La patente de corso con que algunos armadores canarios al igual que comerciantes o mercaderes definieron a sus embarcaciones para efectuar rapiñas y saqueos, está descrita con algunos ejemplos que veremos. El armar a los navíos para de igual modo responder a la amenaza extranjera del corso enemigo establecido, fue práctica extendida aunque de manera limitada en el tiempo y especialmente bastante desorganizada, lo que en ningún caso lo excluye.

La diferencia entre piratería y corso, para entendernos, consiste en que mientras los primeros se caracterizan por robar o saquear embarcaciones de forma autónoma, los segundos tienen como definición, la posesión de una patente entregada por los propios gobiernos para interceptar y saquear navíos enemigos en tiempos de guerra, con el fin de arrebatarles pertenencias, valores y para destruir las embarcaciones con el fin de dañar a la potencia enemiga. Viene siendo el corso, como explica Cioranescu, la institucionalización del oficio de la piratería.

De todas formas la piratería o el corso practicado en Canarias se basa mucho más en una actividad de tipo comercial, donde podemos englobar las practicas clandestinas o contrabandos en el comercio no legalizado o furtivo de mercancías con los saqueos de las numerosas embarcaciones que surcaban nuestros mares, que en un tipo de piratería militarizada, aunque ésta tampoco podemos desdeñarla.

En definitiva, mientras más auge y mayor crecimiento experimentaba el comercio mayor número de acciones corsarias se hacían presentes.

Desgraciadamente uno de los comercios más rentables existentes en las islas tras  la colonización española, era el comercio humano, el de esclavos.

La esclavitud de los habitantes apresados en la cercana costa africana resultó pronto una de las operaciones mas provechosas económicamente, que incluso sirvió para sufragar los gastos realizados en la etapa de la conquista.

Y vino a significar la prolongación de la costumbre ya empezada con el tráfico de esclavos guanches, antes del amparo de las islas por la corona española y que ya cristianizadas, prohibió el seguimiento de la esclavitud, tocándole entonces el turno a los negros y moriscos.

Por tanto, las correrías y “ratzias” organizadas a las costas de África fueron constantes y repetidas, siendo tal vez la  causa de que los berberiscos, en defensa propia, comenzaran a realizar a la inversa, sobre las islas, las suyas particulares.

Este comercio, como cuenta Cioranescu, estaba íntimamente mezclado con la venta de los vinos aquí producidos y en combinación con mercaderes portugueses que  lo adquirían y luego vendían en las costas de Angola o Guinea, cobrando el producto con esclavos negros, que luego derivaban hasta las costas brasileñas, durando este negocio hasta el año 1640.

Mas tarde esta clase de tratas cambió radicalmente comenzando con el comercio de Indias que vino a significar un auge económico para las islas a pesar de los gravámenes con que la Corona reglamentó dicho comercio.

El tráfico marítimo que se generó entre Canarias y América fue intenso, con exportación e importación de productos de ambos continentes y que permitió la aparición del contrabando con el fin de huir de las muchas trabas legales existentes.

Con este nuevo comercio ilegal aparecen diferentes hombres de negocio que arman sus barcos y trafican con las Indias los productos que estaban prohibidos o muy controlados dándose entre ellos la presencia de personajes de clase alta, e incluso aristocrática o militar, estando implicados en los beneficios que tales mercados reportaban y sin que dicha situación estuviera mal vista o castigada severamente.

Los principales productos canarios con los que se traficaba eran muy variados, aunque fundamentalmente se trataba de vinos. Entre estos podemos encontrar a los cereales, tejidos, seda, ganado, miel, y diferentes productos agrícolas.

Entre los productos americanos que se importaban están los cueros, el tabaco, el cacao, azúcar y los colorantes, sin olvidarnos de los metales y piedras preciosas.

Fruto del florecimiento de este contrabando ilícito es la aparición de la Compañía Guipuzcoana en territorio venezolano, y la fiscalización de la Casa de Contratación en asuntos comerciales dentro de territorio español que significaba el monopolio del comercio.

De la Guipuzcoana podemos decir que en las bases de su creación en 1728, reinando Felipe V, se decía que “…debía combatir el contrabando…”, dada la importancia extraordinaria que  aquel llegó a experimentar.

Desde el punto de vista social lo que nos interesa señalar es que muchos de estas actividades estaban realizadas por personas de rango distinguido, ya sea de linaje familiar, o por ocupar cargos públicos (regidores, alcaldes, comandantes generales, funcionarios, e incluso personajes eclesiásticos), con un estatus social importante y a veces aristocrático y de nobleza. Compran títulos nobiliarios y escudos de armas para justificar, como dice Agustín Guimerá, su status social.

Personas que profesan una importante religiosidad, por lo que es normal que ofrezcan al  clero y a la iglesia, donativos económicos, o funden patronazgos o capillas, o regalen obras de arte a las mismas.

En este conjunto de personas fueron numerosos también los extranjeros, los cuales intervinieron destacadamente en el desarrollo de la economía de las islas.

Podríamos recordar algunos ejemplos de la práctica del corso en Canarias, y según lo que comunica Cioranescu, uno de los primeros casos se presenta en el momento de la guerra marítima anglo-española en 1740. Millares Torres cita las actividades del corsario  Antonio Miguel, patrón del pailebot San Telmo, aunque parece que hubo otros más. En 1744, el capitán Miguel Rápalo apresó y condujo a Sta. Cruz de Tenerife un navío inglés que traficaba en la costa africana.

En 1780 el conde de Floridablanca invita a los naturales de Canaria a armar buques para proseguir y dañar al enemigo inglés, con patente de corso para sus capitanes.

Esta empresa, dice Cioranescu, es la única manifestación del corso oficial de Canarias y la no la hubo antes ni tampoco después.

No obstante dicho todo esto, quiero pasar entonces a tratar más específicamente un caso muy sugerente de lo expresado hasta ahora, y que viene a concretarse en la figura legendaria del llamado popularmente Amaro Pargo y que practicó en nuestros mares y en los de la ruta americana, esta actividad tan lucrativa entonces.

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