«La peste» (II), por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín

Formas clínicas
Desde el punto de vista clínico, la peste es una enfermedad aguda y grave que se caracteriza por tener un debut abrupto que se asemeja al de la gripe pero al cabo de unas horas evoluciona hacia alguna de sus tres formas clásicas: bubónica, septicémica y neumónica. Veamos cada una de ellas:
Peste bubónica (es la forma más común con aproximadamente el 70% de los casos): tras un período de incubación de 2 a 7 días aparece fiebre súbita muy alta con escalofríos, cefalea intensa, dolores musculares y articulares, debilidad y astenia, taquicardia y, a veces, nauseas y vómitos con desorientación mental y delirio. Hacia los 4-6 días aparecen los «bubones» (linfadenopatías o ganglios linfáticos inflamados en axilas, ingles o a nivel cervical) que son dolorosos al tacto y pueden supurar y ulcerarse. Su tasa de mortalidad sin el tratamiento adecuado se sitúa entre el 50 y el 60%.
Peste septicémica (más infrecuente que la bubónica, en torno al 15 – 20%): ocurre cuando la bacteria llega al sistema circulatorio. Puede estar asociada tanto a la bubónica (normalmente deriva de esta) o a la neumónica. Es rápidamente mortal (incluso con tratamiento) sin dar materialmente tiempo a que se desarrolle el cuadro clínico típico. Su tasa de mortalidad se sitúa en más del 90% de los casos.
Peste neumónica (es la más infrecuente de las tres, 5-15%): ocurre cuando un enfermo infectado transmite a un individuo sano el germen por las gotitas respiratorias alcanzando los pulmones. Tiene un período de incubación corto, de 1 a 3 días, tras el cual debuta con tos, taquicardia y esputo sanguinolento. Es una forma mortal (90 – 95%) si no se trata e incluso con tratamiento su tasa de letalidad es muy alta.
Hitos en el diagnóstico, prevención y tratamiento de la peste
Si la peste constituye la más genuina de las enfermedades epidémicas, la historia de la lucha contra ella es también de las más paradigmáticas de la historia de la medicina, convirtiéndose casi en un espejo para la lucha contra todas las demás. Además de ello, fue de las primeras contra las que se consiguieron éxitos muy importantes.
Sería durante la tercera pandemia o ciclo de expansión de la enfermedad cuando el médico franco-suizo especializado en bacteriología Alexandre Yersin – discípulo de Louis Pasteur-, casi de modo coincidente con el japonés Shibasaburo Kitasato – discípulo de Robert Koch -, descubrió la bacteria responsable en 1894 a la que se denominó Pasteurella pestis (como ya comentamos, el nombre sería cambiado a Yersinia pestis en 1971 en honor a su descubridor). Es curioso, discípulos de dos maestros que se encontraban en una eterna rivalidad y que encarnaban la pugna entre la Escuela Francesa y la Escuela Alemana de Bacteriología, coincidieron en China cuando fueron comisionados por sus respectivas instituciones para investigar la enfermedad y, prácticamente, sin conocerse hicieron el descubrimiento casi al mismo tiempo. Este le sería otorgado a Yersin por adelantarse en unos días al japonés en dar a conocer y publicar su hallazgo. Ese mismo año, Yersin sería autor de otro descubrimiento trascendente para la lucha contra la enfermedad al comprobar definitivamente el papel jugado por las ratas en la cadena de transmisión de la misma y, en 1895, otro francés, el oficial médico Paul-Louis Simond observó que el vector era la pulga de la rata, la Xenopsylla cheopis. Solo dos años después de estos fundamentales descubrimientos se alcanzaría otro hito histórico en la guerra contra la peste cuando el ruso Waldemar Haffkine, bacteriólogo también del Instituto Pasteur de París, desarrolló la primera vacuna efectiva. Haffkine, introductor también de la vacuna anticolérica, fue llamado «salvador de la Humanidad» por Sir Joseph Lister, padre de la antisepsia quirúrgica y luchador infatigable contra la infección.
En la actualidad la peste se trata con antibióticos, siendo los de elección la estreptomicina y la gentamicina, aunque también se utilizan el cloranfenicol y la doxiciclina, por ejemplo.
Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín
Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife
Museo de Naturaleza y Arqueología
MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología
