A las puertas del Corpus Christi hablamos de él: El Corpus Christi de danzas y Carretas en La Laguna hasta el siglo XIX

La Laguna celebrará el domingo día 18 de junio la festividad del Corpus Christi.

El Corpus Christi de las danzas y carretas es el de La Laguna del siglo XVI, que se celebraba con toda solemnidad y contaba: con la asistencia de la Justicia y Regimiento. Había fuegos y los regidores, jurados y escribanos del Concejo y personero desfilaban con sus varas.

Los vecinos barrían las calles y, como disponían las ordenanzas, debían tener regadas sus pertenencias, “tapizadas, enramadas y con perfurmes”. El que no contribuía a que la ciudad resplandeciera, era sancionado con 300 maravedís. Los oficios estaban obligados a sacar sus pendones y carretones.

En la sesión del Cabildo del 2 de mayo de 1521, el regidor Alonso de las Hijas votó a favor de que la procesión del Corpus saliera de la Concepción, no sólo porque de ella había salido durante 25 años, sino porque era el lugar donde estaban enterrados los conquistadores. A pesar de ello, fue elegida la de los Remedios, gracias a los votos, entre otros, del Adelantado, Pedro de Vergara, Fernando de Lugo, Alonso de las Casas, Valcárcel, Antón Joven, Andrés Juárez Gallinatos y Jerónimo Valdés. Los laguneros de la Villa de Arriba, enfurecidos, recurrieron a Carlos V.

En 1527, los actos del Corpus consistieron en carreras de caballos desde el camino de San Lázaro a la plaza de San Miguel de los Ángeles, con premios de varas de raso o damasco. En la citada plaza hubo una fuente de vino con botijas para beber. Se jugaron cañas, se corrieron sortijas, se lidiaron toros y se probó suerte en la lotería.

Aunque la primera fue de madera, el Corpus lagunero dispuso en 1541 de una Custodia de plata con una ermita en medio y un crucifijo dorado encima. Deseando elevar la suntuosidad de la fiesta, la Hermandad del Santísimo de la Concepción encargó, al platero garachiquense Simón Méndez Román, unas andas de plata, siendo mayordomos Sebastián Suárez y Melchor González. La escritura se formalizó el 13 de noviembre de 1652 ante el escribano público Cristóbal Guillén. Las andas costaron 3.931 reales de plata y 5 cuartos. Con ellas y las ricas vestiduras traídas de Sevilla y Toledo, el Corpus fue adquiriendo mayor solemnidad.

En 1621, por fallecimiento de Felipe III, se suspendieron las comedias, los toros y las parejas que tenían dispuestas para el Corpus, porque “no se podía haber dado nueva más mala, por ser un rey tan cristianísimo, como porque a esta Isla le ha hecho muchas mercedes”.

En 1644 entró en el convento de Santa Clara Sor Luisa del Corpus Christi. Fue hija del capitán Francisco García y Marcelina Bosa. Su profesión tuvo lugar cuando estaba de abadesa Sor Juana de Santa Clara Justiniano. La dote que llevó fue de 2.000 ducados. Murió en opinión de sierva de Dios.

Los carretones sirvieron para tirar brezo y flores deshojadas sobre el trayecto por el que pasaba el Santísimo. El chirriar de las ruedas y el paso lento de la yunta, con el paso del tiempo, desaparecieron del trayecto procesional, más no así del corazón lagunero que, también, guarda un lugar para las danzas que trenzaban colores y sentimientos de fe. Una de esas danzas desteje, del palo del recuerdo, lo que ocurrió en el Corpus de 1756:

El 11 de junio, el licenciado Andrés de la Torre, abogado de los reales concejos, examinador sinodal del Obispado y vicario de La Laguna, dijo que, como no pudo salir la procesión por las lluvias caídas, los beneficiados de la Concepción y los Remedios deseaban que se pasara al día 12, “dominica infraoctava”.

La iglesia de la Concepción se ofreció para el acontecimiento festivo, pero surgieron dudas de si el Corpus era o no transferible. Se sugirió que la mañana se destinara a la procesión que acostumbraba salir del convento y colegio de Santo Domingo, y la tarde a la del convento de San Miguel de las Victorias.

Andrés de la Torre dispuso que, por la mañana, saliera la procesión de la iglesia de la Concepción, y por la tarde, de Santo Domingo a las 3,30 horas y de San Francisco a las 4,30 horas, evitando que se encontraran.

El vicario de la Torre, al tomar las decisiones aludidas, indicó que deseaba la paz, “y que de donde debe sacarse el fruto de edificación, no se ocasione el de controversia y discordias, que regularmente consigo traen malas consecuencias dignas de prevenir que no acontezcan, y mayormente entre el estado eclesiástico secular y regular, para quienes se debe obrar con la mayor reflexión, sirviendo a todos de buen ejemplo, y en virtud de que a este fin se les ha convocado por su merced, y han concurrido representando cada uno sus razones y apeteciendo asimismo la conformidad y recíproca unión, sin perjuicio de cada uno y en virtud de que no se ha encontrado, ni hay memoria, según los informes que han hecho, de haber dejado de salir de la parroquia de donde ha tocado”.

El domingo día 12 de junio, salió la procesión del Corpus de la Concepción. Asistieron el ca bildo, cleros, comunidades, hermandades y gremios. Las procesiones de Santo Domingo y San Francisco no salieron porque, a las 2 de la tarde, comenzó a llover sin parar hasta por la noche. De esta manera fueron eliminadas algunas cuestiones que había entre los citados conventos “sobre las horas señaladas por dicho señor vicario en el precedente decreto y no se les permitió que las sacaran en otro, por no haber habido nunca este ejemplar, por lo que se quedaron sin solemnizarlas en este referido año”.

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