25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: Rincones laguneros (VIII) «La Casita del Siervo en San Diego del Monte”. recopilación Julio Torres

El Siervo Juan de Jesús construyó para refugio suyo esta casita en lo más umbroso de San Diego del Monte, residencia, a la sazón, de padres franciscanos. En ella su alma exaltábase en místicos deliquios y Nuestra Señora la Virgen María calmaba sus ansias con la visión de su belleza imaculada.

Cuentan viejos cronicones que tuvo encadenado a su albedrío al propio Satanás-en forma de burro-obligándole a acarrear la piedra empleada en el muro, con que la Orden cercaba los terrenos de su propiedad. Como los superiores consideraran una profanación tener atado con el cordón franciscano al borrico, obligaron al lego, muy a su pesar, a soltarle. Libre el Diablo adquiere su apariencia infernal y desaparece entre lumbradas, dejando atónita a la Comunidad que proclama. de rodillas, el milagro.

Hacía vida humilde; en el convento se dedicaba a los más bajos menesteres y en el pueblo recogía limosnas para los frailecitos.

Era sano en la intención y agudo en el decir.

Una mañana de primavera el reverendo Padre Superior encontró caído en los umbrales de la casita al hermano Juan. Murió abrazado a su cruz y en olor de santidad, según el decir popular.

Más tarde, este gran amor divino fué como un foco que atrajo al amor humano. Los enamorados laguneros subían a la casita del Siervo y allí afirmaban sus anhelos pasionales con promesas de eternidad, dejando, en prenda, sus nombres enlazados en las paredes de la celda. Muchos de estos amores fueron tornadizos; pocos en cambio, alcanzaron la fortaleza de aquel divino amor del Siervo Juan de Jesús.

También te podría gustar...