25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: Origen y tradición de la celebración del Día de Difuntos (I)

“Noviembre es mes que entra con Todos los Santos, media con San Eugenio y sale con San Andrés” aunque como “en San Andrés, toda mosca muerta es” algo bueno nos trae el mes ya que nos espanta con los primeros fríos otoñales la pesadez de las moscas que nos llegan al soco de los calores.

Aforismos aparte, noviembre es en lo festivo -si podemos llamarlo así- un mes muy definido por una serie de celebraciones que aunque con raíces comunes presentan en la actualidad una evidente dualidad que sin llegar a enfrentarse, sí expresan dos formas diferentes de entender la misma idea.

Por un lado, la tradición sajona lo consideraba el mes de los vientos debido a que éstos, provenientes del noroeste de Europa, caían con fuerza sobre las tierras del norte y significaban el comienzo del nuevo año en la oscuridad del periodo otoñal e invernal. De ese momento proceden los orígenes de la celebración pagana, que se remontan al siglo VI siglo antes de Cristo, cuando los celtas celebraban justamente por estas fechas el Samain, momento en el que se producía el cambio de año y los pájaros migraban hacia climas más suaves. Creían asimismo que esa primera noche las sombras de los difuntos llamaban a las puertas y para festejar su venida encendían hogueras y preparaban gran cantidad de comida.

Conscientes de esta común herencia de la que pueden enorgullecerse tantos pueblos del mundo; el municipio de Cedeira, situado en las Rías Altas coruñesas, ha solicitado a través de su “Asociación de Amigos de Samain” un respeto a esta tradición en su sentido más estricto por lo que ha propuesto que la “Noche de Finados” se vistan de fantasmas blancos… “pantasmas brancas (as avisións) ou coa cara ciscada simulando ser unha ánima do outro mundo”

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