25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: El cuadro de Ánimas de la Catedral de La Laguna

La Catedral de La Laguna posee una de las más bellas representaciones iconográficas que sobre el tema de las ánimas del purgatorio se ha realizado en Canarias.
El culto a las ánimas
El culto a las ánimas fue difundido en las islas como reacción al protestantismo que negaba la existencia del Purgatorio. Inspirado por la Iglesia de la Contrarreforma arraigó este culto, profundamente, en el Archipiélago entre el siglo XVI y XVII. Para los feligreses existía una solidaridad entre las ánimas y las personas impresa en todas las relaciones y eventos de la vida.
A este respecto la Iglesia del siglo XVII sostiene la idea que al morir, el alma inmortal abandona el cuerpo, con el que no habría de encontrarse hasta el fin de los tiempos. Los cuadros de ánimas vislumbran, con claridad, la corporeidad del dolor humano, con la representación de hombres y mujeres sufriendo el azote de las llamas. Además, la idea del purgatorio supone la visión del fuego purificador a través del cual se pasa, por un ritual transitorio que nos lleva a la salvación.
Desde el siglo XVII, la devoción a las ánimas cobra un desarrollo espectacular. Se conservan en Canarias en la actualidad, 31 lienzos de cuadros de ánimas ejecutados en el siglo XVIII. Este hecho demuestra la importancia que para la sociedad canaria de estos siglos tiene dicho tema.
El cuadro de las Ánimas de La Catedral
Situado en la nave del Evangelio de la Catedral de La Laguna, es un óleo sobre lienzo, en un buen estado de conservación. Mide 5×3,95 m, en un formato vertical. Su marco es el original tallado, de color oro viejo. En su parte superior tiene un ático con un cuadro pequeño que representa a una santa mártir, mientras que en la parte central inferior se ha incrustado un pequeño óleo de la Virgen del Socorro.
El cuadro se encuentra estructurado en tres partes claramente diferenciadas. En la inferior aparece el Purgatorio, donde podemos ver como se repiten los mismos rostros del lienzo de las Ánimas de la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción de La Laguna. Llaman la atención dos personajes que miran al espectador. Uno, el situado a nuestra izquierda, porta en sus manos una casulla; el otro, el de derecha, señala la peluca que sostiene en su mano. Para J.J. Martín González, este segundo personaje podría ser una alusión a la vanidad o a lo transitorio de la vida. Sin embargo para E. Ruméu Palazuelos, esta figura representa a don Cristóbal del Hoyo, vizconde del Buen Paso, quien al parecer fue el primero que trajo a Canarias la moda de la peluca desde Francia, de donde regresó en 1.716, dato que le sirve para afirmar que el cuadro fue pintado después de ese año.
En el centro aparecen dos arcángeles flanqueando las figuras de la Virgen María y de San José. La Virgen se convierte en estas representaciones en la intermediaria entre el alma de los condenados al purgatorio y la salvación de los mismos. Este hecho no es frecuente, ya que lo normal en este tipo de composiciones es que su centro esté presidido por el arcángel San Miguel, situado aquí a la izquierda, pesando en una balanza las almas de los condenados, con el aspecto de un guerrero batallador contra el mal. Este arcángel es la representación simbólica del auxilio y el vehículo que comunica y separa el cielo del purgatorio, el bien del mal. Tras ellos, al fondo, se ve una gran cantidad de almas que una vez alcanzado el cielo, alzan la vista hacia el grupo de la Santísima Trinidad en señal de adoración. Destacan la magnificencia de las veladuras y las transparencias que dan al cuadro una sensación de profundidad y una gran perspectiva.
La parte superior está formada por la Santísima Trinidad. En el centro, está acompañada por una serie de Santos Mártires: San Lorenzo, Santa Catalina, Santa Teresa y San Francisco Javier se encuentran a la derecha; mientras que San Juan Bautista, Sto. Domingo, San Pedro y San Pablo están a la izquierda. Muchos de estos personajes aparecen también en el cuadro del mismo tema ya citado de la iglesia de la Concepción de La Laguna. En cuanto a la Trinidad, el Dios-Padre destaca por la luminosidad de su ropajes, y se sitúa a la derecha. El Dios-Hijo, a la izquierda, es representado con los estigmas de su Pasión y sostiene una Cruz, fórmula que más tarde repetirán muchos de los pintores del siglo XVIII. El Espíritu Santo, al centro, es simbolizado por una paloma blanca. Rodean a la Trinidad una serie de nubes y cabezas de angelitos.
Datación y autoría
No conocemos la fecha exacta de este cuadro, pero sí sabemos quién fue el donante, un tal José Uque Osorio, quien lo regaló antes de fundar la Cofradía de Ánimas en el año 1.718. Por lo que deducimos que el cuadro está cronológicamente situado entre 1.716 y 1.718. Todo en esta obra es loable, estimándose como la conjunción de los postulados del autor.
Pese a no estar firmado, nadie duda de la autoría de Quintana, al poseer todas las características del autor. Éstas son: un estilo arcaizante, que no está de acuerdo con los cánones pictóricos del momento; la realización de unos plegados angulosos inspirados posiblemente en los de “Hojalata” de la pintura flamenca; la representación, a manera de reja, de sus velos y encajes; y un repertorio compositivo bastante limitado, repitiendo esquemas y modelos constantemente.
Iconografía y colorido
El arte de Quintana se caracteriza por las formas del seiscientos, poseyendo un marcado carácter docente perfectamente acorde con los preceptos de Trento.
Quintana repite muchas de sus figuras, pero en el cuadro que nos ocupa se aprecia una mayor elegancia a la hora de su representación. La Trinidad, por ejemplo, a pesar de contar con los mismos personajes, no se representa igual. El San Lorenzo se ejecuta con el mismo modelo, pero cambia de posición. El arcángel San Miguel, aunque se diferencia en los ropajes, mantiene el mismo estilo que tanto caracterizó a este maestro. En algunos momentos se ha visto en este cuadro la influencia de Murillo, Alonso Cano y Zurbarán.
El colorido del cuadro es magnífico, situando a Quintana como uno de los mejores coloristas de la época. Los tonos son suntuosos y consigue unas transparencias admirables, creando una atmósfera cálida y envolvente. Utiliza un colorido muy bello a través de rojos azules brillantes. Algo muy característico de sus obras y apreciable también en ésta, es pintar el rostro masculino de un tono tostado, mientras que el femenino lo entona siempre más pálido.
Podemos considerar a Quintana como uno de los cultivadores más importantes de los Cuadros de Ánimas y de los primeros que trataron este tema. Su esquema fue copiado por pintores posteriores, como JoséTomás Pablo en un óleo que está en la iglesia de la parroquia de San Marcos de Icod, o por Domingo Lorenzo, pintor de La Orotava, en su cuadro de la parroquia de Santa Úrsula, fechado en 1.776.
