25 Aniversario «La Laguna Patrimonio Mundial»: El Ateneo de La Laguna en los albores del siglo XX (VI). Por Julio Torres

“La Amistad” (1871-1879) también celebró bailes y contó con una sección musical y otra de declamación. Poseía un pequeño teatro, tan minúsculo que, en 1877, llegó a solicitar al Ayuntamiento le cediera los salones ubicados encima del mercado para las funciones dramáticas y los bailes, cesión que nunca se produjo. En él se pusieron en escena obras líricas y dramáticas, siendo una de las más importantes intérpretes Rosario Sosa, aficionada que también actuaba en “El Porvenir” y que, según cuentan las críticas de la época, era bastante estimada. También contó con la presencia de algunos artistas profesionales, sobre todo de variedades.

Sin olvidar la existencia de otras asociaciones importantes, como el “Círculo Literario y de Recreo” o “El Círculo Liberal”, queremos terminar este breve repaso por el asociacionismo lagunero con la sociedad “El Renacimiento”, pues destaca por su importante labor teatral.

Fundada en enero de 1892, también contó con una sección de música y otra de declamación, cuyos miembros protagonizaron veladas teatrales de grata acogida. Asimismo, poseía un teatro al que, aunque descrito en la prensa de la época como de pequeñas dimensiones, se le llegaron a montar atrezzos. En este pequeño teatro se representaron obras de autores contemporáneos como Campodrón, Bretón de los Herreros o José Echegaray. En la puesta en escena, en julio de 1892, de una obra de éste último, “La esposa del vengador”, actuaron, entre otros aficionados, los poetas Patricio y Guillermo Perera y Álvarez, destacando el valor artístico del atrezzo, creado por Manuel Picar .

“En la noche del miércoles último, como habíamos anunciado, tuvo lugar en el lindo teatro de la sociedad “El Renacimiento” de esta ciudad la representación del drama, del insigne poeta D. José Echegaray, intitulado “La Esposa del Vengador”.

Agradablemente fuimos sorprendidos a la vista del telón de boca, obra originalísima del notable artista de esta población, D. Manuel Picar, que ha demostrado en la ejecución de dicho trabajo las grandes facultades de su inteligencia.

Representa éste, un clown tamaño natural, adelantándose hacia los espectadores entre dos cortinas, magistralmente pintadas, y que llamó la atención por al verdad de sus artísticos detalles, así como los demás elementos de que se compone el lienzo referido.

Profanos en el bello arte de la pintura, no queremos entrar en el análisis de la bonita decoración de calle y el foro donde se desarrolla la acción del primer acto, pero sí apuntamos que en estos trabajos escenógrafos fue ayudado el Sr. Picar por su aventajado discípulo el joven D. Antonio Domínguez.

Nuestra cordial enhorabuena a ambos y en particular al primero
Y pasemos ahora a detallar, si quiera sea a la ligera, la ejecución del drama representado.
Nunca creímos que aficionados, la mayoría de los cuales pisaban por primera vez las tablas, pudieran interpretar con la maestría que lo hicieron tan difícil obra.

Un bravo a quien con tanto acierto supo hacer el reparto, influyendo de esta suerte al mejor lucimiento de la función.

Era de admirar con qué naturalidad los jóvenes Srs. Álvarez, Pimienta, Melián, Pérez y Suárez, declamaron los diálogos de la primera escena que es la expositiva del drama.

El papel de conde, hábilmente ejecutado por el Sr. Perera, D. Guillermo, quien lo caracterizó con mucha maestría y lucimiento.

Fernando fue interpretado por nuestro amigo Patricio Perera y nada nos parece bastante a ensalzar las buenas dotes de nuestro compañero, pues ya hemos tenido el gusto de apreciar, en otras ocasiones, lo mucho que vale éste para el difícil arte de Talía; diremos sin embargo que estuvo admirable desde que apareció en escena hasta que cayó por última vez el telón.

Del Sr. Bencomo, que representaba el papel de Carlos, diremos que ha pasado en un momento, de simple aficionado a verdadero artista de magnitud, en el segundo y tercer acto dijo con valentía digna de encomio, los versos del parlamento sostenidos con Fernando, y estuvo inmejorable al final del tercer acto.

Aurora, desempeñada por la Sra. Da. Juana Paz de Franquis, fue una verdadera aurora del arte dramático en aquella noche, y decimos una verdadera aurora puesto que era la primera vez que salía a escena y nada mejor se puede pedir a una mujer que ni siquiera ha visto representar a actrices de nota y que a penas conoce el teatro.
Doña Juana, asimismo desempeñada por la Sra. doña Antonia Rodríguez, hizo todo cuanto estuvo de su parte para no desmerecer de los demás compañeros, pues su papel que representaba el de madre, estaba en contraposición con su voz fresca y la lozanía de su juventud.

Los papeles de Parreño y Rivera, a cargo de los Sres. Suárez, D. Isidoro y D. Federico Melián, estuvieron bastante bien interpretados, y podemos asegurar que prometen mucho los aludidos aficionados.

Todos fueron justamente recompensados llamándolos al proscenio varias veces entre los bravos y aplausos.

En los entreactos tocaba un cuarteto dirigido por el maestro Sr. Traval: las dos primeras eran obras de éste, (y sentimos de todas veras no poder dedicar a D. Francisco frases halagadoras como es nuestro deseo, pero las tales piezas, por no ser muy propias del acto, no me lo merecen); la tercera, tampoco se presta para estos espectáculos siempre que no sea ejecutada por una orquesta completa.

En resumen: nuestra enhorabuena al casino que ha sabido despertar en esta localidad la afición por el arte dramático yacente en un profundo sueño aquí desde hace bastante tiempo, y mucho nos alegraríamos que se repitiesen, con alguna frecuenta estas representaciones no tan sólo por la distracción que nos ofrece esta clase de espectáculos, sino que también por lo que con ello gana el casino de referencia y la juventud que lo constituye”.

Julio 1º de 1892. Elíseo.
“La Defensa”. Año 1º, num. 5. 2 de julio de 1892.

Sin embargo, afirma Rodríguez Moure (1935: 290), refiriéndose a las sociedades “Círculo Liberal” y “Renacimiento”: “de los que se puede decir que sólo vinieron a la vida para probar de la luz; tal fue su efímera existencia”.

La labor teatral de estas asociaciones fue siempre bien acogida por la prensa local, que consideraba que las veladas que protagonizaban los aficionados contribuían no sólo a la distracción de los espectadores, también a introducir el gusto por el teatro, una de las más evidentes carencias culturales de la Ciudad, virtud a la falta de una infraestructura adecuada.

Esta carencia fue objeto del siguiente comentario del entonces Alcalde interino de La Laguna, Eugenio de Saint-Marie, al Gobernador Civil, con motivo de solicitarle información sobre las compañías teatrales que actúan en la Ciudad, con el objeto de cumplir el R.D. de 11 de junio de 1886 sobre derechos de autores dramáticos: “En esta ciudad no existe ningún teatro y sólo de tarde en tarde ponen una escena en los casino algunas obras compañías que van de paso para otros puntos” .

Pero, a pesar de sus esfuerzos, estas asociaciones no impedirán que La Laguna quede, hasta finales del siglo XIX, en un segundo plano de la actividad escénica, ya que “al carecer, entre otras cosas, de una infraestructura teatral adecuada, los grandes espectáculos teatrales sólo llegan a la Ciudad de vez en cuando. Es a partir de 1894, con al apertura del “Teatro Viana”, cuando empieza a vislumbrase un cambio cuantitativo, cuando no cualitativo, en materia cultural” (Hernández Hernández, 1998: 173).

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