¿Vuelven aquellos entierros de cinco capas y sochantre?

Hasta los años sesenta y tantos había en La Laguna nada más que tres parroquias: la de la Concepción. Los Remedios (La Catedral) y Santo Domingo. Se crearían después San Benito, San Lázaro, San Juan y El Rosario en el Barrio Nuevo. Por esta razón, la mayoría de los entierros se hacían en las iglesias de la Concepción y la Catedral.

El sepelio seguía por las calles de San Juan o Núñez de la Peña abajo, hasta el cementerio de San Juan. En esas calles, hasta el barranco “Chamarta”, casas a ambos lados, y después del barranco era casi campo abierto y con las calles más próximas al camposanto llenas de cipreses que ponían los pelos de punta.

Ya no quedan huertas, y las edificaciones llegan a unos pocos metros de los muros del cementerio “viejo”; ya no se hacen enterramientos.

Pero volvamos a aquella sociedad que amenaza con volver. Las misas preconciliares de difuntos eran por capas. Había misas de una capa, de dos capas, de tres capas o más capas. Cada capa iba acompañada de un cura. El difunto esperaba en el domicilio del duelo, y llegado el momento, unos pocos doloridos se decían: «Ya es la hora», y marchaban a la parroquia en busca de las capas. Éstas estaban en función del dinero que tenía la familia para despedir al finado. Y como los helados, había de muchos precios. Lo mínimo que despachaban eran entierros de una capa. Sin capa se enterraba a los animales y a los desesperados que se arrojaban por los puentes buscando liberación a sus necesidades y depresiones. El cura o los curas venían hasta el domicilio del mortuorio y antes de sacarlo le cantaban un responso con su agua bendita y se lo llevaban a la iglesia donde seguían los cantos fúnebres en la entrada, entonados por el sochantre. Todas las capas acompañaban al finado hasta las mismísimas puertas del cementerio por las calles de los cipreses. Así que más tarde, se veían las capas acompañadas de la cruz y varios monaguillos cuesta arriba, por San Juan o Núñez de la Peña, con sus cuerpos inclinados, avanzando hasta coronar la pendiente.

Los cadáveres se llevaban a hombros de los hombres. Únicos con permiso para bajar al cementerio. A las mujeres se les reservaba la limpieza de las tumbas y la colocación de flores el Día de los Difuntos. Y sufrir un luto social riguroso como si fuera una condena. No se podía salir a la calle a ver ni siquiera las procesiones, ni al cine, ni oír la radio, (tele no había), ni vestir colores, ni… Para los hombres era más leve la carga. Una corbata o una tira en la manga de la chaqueta o en la camisa a modo de sardineta de sargento, y más tarde un botón de aquellos forrados en “Los Calados”.

Amigos, familiares, deudos y otros por compromiso se iban turnando debajo de la caja para hacerse más leve el camino. Aunque había nichos, más de la mitad se seguían enterrando en la tierra que es los suyo, porque la frase dice «Vamos a enterrar al muerto», no a enladrillarlo que es lo que hoy hacemos con casi todos. Hasta en esto hemos perdido calidad de vida. Nos dan bovedillas y túneles sin salida, cuando lo nuestro es hoyo profundo y tierra como abrigo.

Las capas y los adictos a los entierros, que los había, era estampa repetida bajando y subiendo las calles de “Los Molinos”.

Un día murió un pobre. En esto no hubo diferencia. Sí la hubo en otros detalles. A la desgracia de su muerte, añadió la de su pobreza. El que a tantos entierros asistió, cuando fue el muerto no hubo nadie que lo llevara, y el Ayuntamiento tuvo que pagar una capa de caridad y los hombres necesarios para que lo transportaran al cementerio.

Que asquerosa era la vida con los pobres, con los deficientes  y con los inocentes. Quizás por esta razón, el Concilio Vaticano II suprimió las capas de los entierros. No sé.

Me gustaría pensar eso… pero viendo lo del velatorio del Cristo y el uso que se quiere hacer de la imagen… me da más bien que lo que le pasaba es que les pesaba la capa… Siento un ligero tufillo a mercantilismo. Ahora no son cinco capas, serán cinco salas y despedida a los pies del Cristo, Eso sí, si eres pobre la capa será de beneficencia y pagada por asuntos sociales. Es lo que hay.

También te podría gustar...