Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías del entorno de la plaza del Cristo de La Laguna: La dulcería de la calle Las Cruces o la Pesetera (I). Por Julio Torres Santos

Los obradores laguneros del casco.
La dulcería de la calle Las Cruces o «La Pesetera»
La Laguna de otros tiempos estuvo llena de pequeños establecimientos que formaban parte de la vida cotidiana de sus habitantes. Ventas, bodegas, tabernas y dulcerías constituían lugares de encuentro, de conversación y de relación entre vecinos. Algunos alcanzaron una notable popularidad, mientras que otros fueron desapareciendo silenciosamente, hasta quedar únicamente en el recuerdo de quienes tuvimos la oportunidad de conocerlos.
En esta ocasión quiero recuperar la memoria de una de aquellas dulcerías que existieron en el entorno de la plaza del Cristo, un establecimiento que conocí siendo todavía muy pequeño y del que conservo imágenes un tanto vagas, aunque suficientemente vivas como para intentar reconstruir cómo era.
Me refiero a la Dulcería del Cristo, situada en la antigua calle de Las Cruces, actualmente Quintín Benito, y que muchos laguneros conocían también como «La Pesetera».
Según las referencias que me han llegado, su propietario se llamaba Claudio. No he conseguido, hasta el momento, localizar a ningún descendiente suyo que pudiera facilitarme datos sobre la historia del establecimiento, sus orígenes o la procedencia de los conocimientos de repostería que allí se practicaban. Por eso, lo que voy a contar responde fundamentalmente a mis recuerdos personales, acompañados de algunas informaciones que he podido recoger con el paso de los años.
La ubicación de aquella dulcería
Para situar correctamente el establecimiento, debemos recordar primero la antigua denominación de la calle.
La calle de Las Cruces, hoy Quintín Benito, comenzaba en la esquina del Camino Largo y continuaba hasta la plaza del Cristo. Si nos colocamos en aquella esquina y tomamos la dirección hacia el Cristo, la dulcería se encontraba en la acera de la derecha.
Era la misma acera donde estaba la conocida molineta, situada en un pequeño callejón sin salida. Recuerdo que había una casa que hacía esquina con aquel callejón y que la dulcería ocupaba precisamente la vivienda anterior.
Esta referencia puede resultar especialmente útil para aquellos laguneros que todavía conserven en su memoria la antigua configuración de aquella zona.
No recuerdo que el establecimiento tuviera una fachada especialmente llamativa. Su entrada consistía en una puerta bastante ancha, parecida a las que solían utilizarse en algunos garajes o locales de trabajo.
Tampoco recuerdo la existencia de un mostrador propiamente dicho. Lo que permanece en mi memoria es un espacio ocupado por mesas o tableros alargados, sobre los que se colocaban las milanas que contenían los diferentes dulces.

Calle Las Cruces en 1930.
Las milanas y los dulces de nuestra infancia
Aquellas milanas constituían, para los ojos de un niño, uno de los mayores atractivos del establecimiento.
Recuerdo las barquitas de chocolate y las de moca, algunas de estas últimas adornadas con una especie de guinda. También estaban los dulces que conocíamos como tranvías, elaborados en planchas que posteriormente se cortaban en porciones, cubiertos de azúcar y con una característica raya de chocolate. No faltaban las tortas de manteca, con aquellas almendras planas colocadas sobre su superficie.
Es posible que hubiera otras muchas especialidades, pero estas son las que con mayor claridad han permanecido en mi recuerdo. No se trataba de una repostería de colores llamativos ni de presentaciones sofisticadas. Era una dulcería artesanal, con elaboraciones tradicionales, en la que predominaban los sabores y las formas características de la repostería lagunera de entonces.
Aquellos dulces tenían una personalidad propia. Bastaba verlos para reconocerlos, y posiblemente muchos lectores de cierta edad recordarán todavía sus formas y sabores.
