Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Casa El Montañero» (I). Por Julio Torres

El Montañero: Una casa de comidas junto a la Catedral de La Laguna
Hubo un tiempo en que las casas de comidas formaban parte inseparable de la vida cotidiana de La Laguna. Eran establecimientos modestos, sin grandes pretensiones, a medio camino muchas veces entre la venta, el bar y el comedor popular, donde trabajadores, comerciantes, campesinos y gentes llegadas de los pueblos encontraban un plato caliente, un vaso de vino y, sobre todo, un lugar donde reunirse.
Una de aquellas casas, hoy desaparecida y casi borrada de la memoria de la ciudad, fue Casa El Montañero.
Estuvo situada en la calle de Dean Palahí, más conocida por entnces por la «Calle de las Casas» una mala interpretación popular de «La Calle de la Caza», en las inmediaciones de la Catedral, prácticamente junto a la puerta de la sacristía. Años después, aquel mismo local alcanzaría mucha mayor fama con otro nombre: El Puntero. Pero antes de El Puntero estuvo allí El Montañero.
La venta de Jeremías
Los orígenes del establecimiento parecen remontarse a los primeros años de la década de 1940, poco después de terminada la Guerra Civil.
Por entonces, un hombre llamado Jeremías abrió allí una pequeña venta. Debía de responder al modelo tan frecuente en aquellos años: establecimientos que vendían algunos productos básicos y, al mismo tiempo, servían vino y preparaban algo de comer.
Aquella pequeña venta sería el antecedente de Casa El Montañero.
Hacia mediados de los años cincuenta entraron en escena Manuel Pérez y su mujer, Udelia Rojas. Manolo era natural de Tegueste y Udelia procedía de El Batán, en las montañas de Anaga, es por esta última razón por la que a Manuel se le conocia por «El Montañero».
Aproximadamente hacia 1957, el matrimonio arrendó el establecimiento de Jeremías y lo convirtió definitivamente en una casa de comidas.
Había nacido Casa El Montañero.

Garbanzas, ranchos y potajes
El Montañero no era un restaurante en el sentido actual. Era una auténtica casa de comidas popular, pensada principalmente para quienes trabajaban o tenían que pasar el día en La Laguna.
Su especialidad eran los platos de cuchara.
Nunca faltaban las garbanzas, los ranchos, los potajes, las lentejas o las sopas. A ellos se sumaban las croquetas, la carne de conejo, el pulpo, el pescado, el pescado salado, el tollo y, naturalmente, el gofio.
Era la comida cotidiana de Canarias trasladada al comedor de una casa. Manolo tenía además fama de conocer los buenos vinos y procuraba traerlos de Tacoronte. Y especial recuerdo dejaron sus papas arrugadas.
No eran unas papas cualquiera. Entre las variedades de la papas antiguas que llegaban de las montañas de Anaga estaban la borralla y la melonera, papas pequeñas o medianas, de masa consistente, que preparadas por El Montañero gozaban de especial fama entre su clientela…
