Ventas, bodegas, tabernas y cafeterías del entorno de la Catedral de La Laguna: «Antonio el Puntero» (VII). Por Julio Torres

La primera puchereta: alrededor de una mesa, el renacer de las Fiestas del Cristo (I)
Aquella primera puchereta celebrada en 1966 en la Casa del Puntero no fue simplemente una comida entre amigos. La nueva ubicación y, sobre todo, la heterogeneidad de sus invitados respondían a una intención bastante más ambiciosa: convertir aquel encuentro, alrededor de una mesa y de unos vasos de vino, en un acicate para recuperar el esplendor de las Fiestas del Santísimo Cristo de La Laguna.
Los festejos de 1965 y 1966 habían resultado bastante anodinos. Se había perdido, en buena medida, aquella capacidad de sorprender y de atraer acontecimientos culturales de primer nivel que las fiestas habían demostrado durante la década anterior. Quizás fuera precisamente esa circunstancia la que llevó a Domingo de Laguna, alma mater de la puchereta, a comprender que una comida distendida podía servir para algo más: reunir a personas de procedencias muy distintas, implicarlas en la fiesta y conseguir de ellas compromisos concretos para el año siguiente.
Para comprender aquella preocupación hay que retroceder algunos años.
Desde hacía décadas, la financiación de las fiestas recaía fundamentalmente sobre las instituciones públicas y, especialmente, sobre el Ayuntamiento de La Laguna. La Esclavitud del Santísimo Cristo se había desentendido desde 1926 de sufragar los festejos, de modo que estos dependían, en buena medida, del dinero público, es decir, del propio pueblo lagunero.
También entidades culturales de enorme arraigo, como el Orfeón La Paz, proponían iniciativas, organizaban fiestas de arte o promovían la llegada de grandes agrupaciones corales, aunque era el Ayuntamiento quien terminaba haciendo posible económicamente buena parte de aquellas actuaciones.

La Coral de Cámara de Pamplona en el Teatro Leal de La Laguna. Foto: Agustín Guerra Molina (1953). Colección Gerardo Guerra.
La Coral de Cámara de Pamplona y los Cantos Canarios
Uno de los grandes hitos se produjo en 1953, siendo alcalde Lupicinio Alvelo, cuando se consiguió traer a La Laguna a la Coral de Cámara de Pamplona, una formación que por entonces gozaba de enorme prestigio y se encontraba en plena proyección europea. La dirigía el maestro Luis Morondo, uno de sus fundadores.
La Coral trajo consigo una obra que acabaría adquiriendo un significado muy especial para Canarias: la versión coral que Luis Morondo había realizado sobre los Cantos Canarios de Teobaldo Power.
Para poner letra a aquella rapsodia, que el músico tinerfeño había compuesto en Las Mercedes, Morondo recurrió a una buene selección de coplas populares extraídas de un pequeño libro publicado con motivo del Concurso de Coplas de San Benito de 1952.

De este modo se produjo una singular confluencia: la música de Teobaldo Power regresaba a Tenerife transformada por Luis Morondo y enriquecida con versos procedentes de la tradición popular y de una convocatoria nacida en torno a la Romería de San Benito.
Aquella versión coral tendría posteriormente un recorrido extraordinario. Años más tarde fue recogida en disco junto a otras dos piezas relacionadas con el músico y poeta tinerfeño Rafael Hardisson, más conocido bajo el pseudónimo de «Amaro Lefranc», musicólogo, fundador y profesor del Conservatorio de Música de Santa Cruz de Tenerife: En ritmo de folía y Tajaraste. La grabación alcanzaría un importante reconocimiento internacional al obtener, en 1956, el Gran Premio Internacional de la Academia Francesa del Disco.

Visita benefica de la Coral de Cámara de Pamplona. Foto: Agustín Guerra Molina (1953). Colección Gerardo Guerra. Entre los asistentes: Lupicinio Albelo, alcalde, lupicinio (Lupi) hijo, Agustín Santana, don Fernando «El de la música» , Luis Ramos Falcón, entre otros.
Y aquí aparece una de esas pequeñas historias que parecen escritas para acompañar la memoria cultural de La Laguna.
Un ejemplar de aquel disco llegó a la ciudad desde París de la mano de Manuel Luis Ramos Izquierdo. En algún momento, Ramos Izquierdo se lo prestó a un conocido folclorista lagunero. Y nunca más se supo del disco.
La historia salió a la luz muchos años después, precisamente al intentar seguir la pista de aquella grabación con la intención de localizarla y poder reproducirla. La búsqueda condujo hasta la noticia de aquel ejemplar llegado a La Laguna y, finalmente, hasta la revelación de su inesperado destino: había sido prestado y jamás había regresado a manos de su propietario con gran disgusto para él. Todo sea dicho de paso, cabreo que aun perdura en el seno de sus herederos.

Despedida en Los Rodeos de la Coral de Cámara de Pamplona. Foto: Agustín Guerra Molina (1953). Colección Gerardo Guerra.
La anécdota resulta casi simbólica. Una grabación nacida del encuentro entre la música de Power, el trabajo coral de Morondo y las coplas populares vinculadas a San Benito había conseguido regresar físicamente a La Laguna, para acabar después desapareciendo en algún rincón de la propia ciudad.
La actuación de la Coral de Cámara de Pamplona en el Teatro Leal fue un acontecimiento extraordinario. Aquellos eran precisamente los grandes acontecimientos que proporcionaban a las fiestas una dimensión que trascendía La Laguna. La prensa de las islas se hacía amplio eco de ellos y las celebraciones alcanzaban también repercusión nacional.
