UNAMUNO EN CANARIAS (1910-1924) (III). Por Miguel Leal Cruz

Pero, en torno a la conducta de Unamuno, sí hemos de considerar la gran aflicción y contrariedad que le produjo el mal trato de que fue objeto durante y tras su destitución como rector de la Universidad castellana (y a quién no), situación que no era nueva para él por los avatares sufridos desde prácticamente 1914 en fue destituido, siendo rector de la universidad salmantina por primera vez. Aquella administración, que más tarde consolidaba el general Franco quien para la España de unos pocos, con metodología similar a la de Primo de Rivera. En efecto, se consolida en una cruenta guerra que Unamuno no sufriría por haber muerto en sus inicios, pero si fue una cruel víctima más de la misma, como se analiza en el primer artículo.

En dichos momentos, tal vez, si deseaba un acercamiento a la ideología preconizada por Sabino Arana para reivindicar a sus antepasados vascos, como si lo había hecho otro vasco universal, Julio Caro Baroja que, sin definirse totalmente independentista, sí aceptaba la postura ideológica de Sabino para llegar a votar al Partido Nacionalista Vasco, e incluso el periodista Manuel Aznar Zubigaray (abuelo del presidente Aznar) quien en su primera época llegó a declararse nacionalista vasco y simpatizante del PNV, pero más tarde desde su estancia como periodista en Cuba, será conservador nato. Unamuno, no llegó tan lejos tal vez, como queda dicho, por su vinculación a la universidad castellana de Salamanca, que le mantuvo alejado de aventuras que le perjudicarían en este momento. Más tarde sí incurrió en las mismas desde otra visión política, claro.

Pero sí parece aconsejó a los canarios de estas islas, al ver patente su conformismo con el régimen caciquil injusto, imperante en la sociedad canaria del momento que les obligaba a emigrar especialmente a Cuba. En su primera visita en 1910 invitado como patrocinador de unos juegos florales en Las Palmas de Gran Canaria, a los que dijo, al apreciar patente conformismo : “canarios, encontraos con vosotros mismos, los unos con los otros”. Ignoramos si en su llamamiento ofertaba una salida de aquella situación injusta que tenía lugar a en estas islas, a través de la unidad en torno al sentimiento nacionalista de un pueblo pobre y marginado. O si, por el contrario pretendía insuflar las ideas básicas revolucionarias preconizadas por Carlos Marx o las del socialismo español de Pablo Iglesias, donde militó aunque por poco tiempo; un partido político éste sin apenas arraigo por aquellos años, pero filantrópico y de izquierdas, y origen de la socialdemocracia moderada de hoy (si bien abundan posturas más radicales que de seguro nos meterán en una crisi aún más profunda, parece).

Lo que sí resulta claro es que pretendió aunar la conciencia de los canarios enzarzados en el secular y nefasto para la integración de los canarios: el llamado «pleito insular» que teñía las relaciones y los intereses de las burguesías de las dos islas centrales enfrentadas desde el año 1808 (y lo que es mas triste permanece enconado hasta hoy, y a más si Dios no lo remedia). No obstante, queda claro que el filósofo vasco apreció, fehacientemente, el grado de miseria en más del 90 por ciento de los habitantes de todas las islas, víctimas del caciquismo y de la ignorancia y donde sólo el 10 por ciento restante era el poseedor de la riqueza económica… ¡Qué barbaridad! La alternativa era emigrar (huir) hacia América. Esto se recoge en libro de reciente edición “Canarias-Cuba. Perspectivas cruzadas…” exhaustivamente.

En la visita que el intelectual estrella, Miguel Unamuno y Jugo, había hecho a La Laguna en 1910 recorrerá esta histórica ciudad, que no fue de su total agrado en su arquitectura y conservación (aún conociendo empíricamente el deterioro que la oscilación climática invierno-verano, produce en ciudades y pueblos vascos y castellanos).

Evocará el pensamiento poético de Nicolás Estévanez, cuya casa y famoso almendro le muestran sus acompañantes, y, en su imprevisible reflexión, recuerda el reducido concepto que de patria tenía el poeta y político canario, producto, sin duda del hombre aislado, cuando dice: “Mi patria no es el mundo… mi patria es una choza, la sombra de un almendro”. Concepto que Unamuno rechaza en aquel momento como si fuese “un nacionalismo chico más”, que analiza el profesor García Ramos en mesa redonda por los actos que al respecto han tenido y tienen lugar en la Real Sociedad Económica de Amigos del País, sede lagunera. Aquí se ha de hacer constar con claridad, la falta de respeto y consideración, según Juan Manuel, a una persona del prestigio de Nicolás Estevánez …, para la historia del republicanismo Ocon el que también coqueteó Unamuno) , y a los canarios… que vio como “magos” aunque no usara esta acepción (pero que entendemos todos); tergiversará los magníficos versos de Nicolás, y llega a asegurar que el almendro mítico serviría para que el autor se ahorcara…, también citado por el profesor Martinón Cejas en conferencia de inicio, el pasado lunes. Se aprecia incoherencia y ¡qué soberbia y desconsideración de alguien que fue nacionalista vasco por convicción plena…! Según analizaremos, en otro apartado…

Pasados los años, en un artículo publicado en el madrileño periódico madrileño El Sol, en 1931, rectifica esta actitud, globalizadora que diríamos hoy, diciendo que: “se abarca mejor el universo desde un almendro que desde una aldea o villa, desde un Estado, desde un continente”. Esto, a decir de Sebastián de la Nuez Caballero, ya desaparecido, demuestra que el concepto de aislamiento (a-isla-miento, como diría) se ha enriquecido y ahondado en el alma del autor, tras larga trayectoria que comprende sus contactos con Canarias.

La historia, que es lo nuestro, connotada con el periodismo, es irrefutable a efectos ideológicos o de conveniencia partidaria. Es conocido y fehacientemente demostrado, que en los últimos años del siglo XIX, de clara efervescencia del nacionalismo vasco, como se dijo, y tres nativos vascos de prestigiosa intelectualidad: Pio Baroja, Sabino Arna y el mismo Miguel de Unamuno, conspiraron y lucharon lo indecible por aquel ideal, nacionalista-separatista, que, a su vez, tenía amplio seguimiento a la sazón, en amplia mayoría del pueblo “euzcalerra” (acepción en que se toma, se supone aceptable semánticamente…).

Más tarde, por conveniencias interesadas (desde ángulo académico de apetencias personales) y de desafección, el binomio Arana-Unamuno, se rompería totalmente. Baroja siguió en su peculiar y coherente comportamiento, ideológico y académico, en defensa de la cultura vasca como es sabido, y será patente a lo largo de su extensa obra escrita… (es lo se hace por muchos aquí, entre los que nos encontramos, por racionalidad académica, a más de obvio origen ancestral y de sentido común).

Sin embargo, es claro que el nacionalismo vasco y catalán desde aquellos momentos resultaba incompatible con la Constitución vigente, lo que explica los postulados reticentes de Unamuno en torno a los nacionalismos periféricos especialmente respecto a los aludidos. En los debates surgidos en 1932, la derecha agraria castellana (CEDA) se oponía a los estatutos nacionalistas que se discutían; hallaron eco en intelectuales del momento incluido Unamuno, conocida su poca simpatía con estas exaltadas e introspectivas tendencias ya citadas, que llegó a denominar “nacionalismos chicos” como se dijo, aunque nacionalismos en suma, como origen de todo país soberano desde su propio origen histórico, y que hoy conforman La ONU, claro. Mas, este sería otro debate, e improcedente en estos momentos de clara crisis con alcance global, e internacional.

Sigue…

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