«Una pequeña historia de la lucha contra la infección», por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín (I)

Las infecciones han constituido una amenaza constante y permanente para la Humanidad. Numerosos y diferentes microbios nos han atacado a lo largo de la historia constituyendo un peligro para la salud pública desde siempre. Su mayor impacto tuvo lugar a partir del Neolítico con el sedentarismo, la domesticación de animales y la construcción de los primeros núcleos urbanos. Fue en ese momento cuando los patógenos (bacterias, virus, parásitos) encontraron un medio que favorecía su desarrollo y expansión debido a la mayor acumulación de personas y los contactos entre ellas, cada vez más estrechos. A eso se sumarían más adelante los grandes movimientos de masas de población en épocas de hambrunas, conflictos bélicos o catástrofes naturales y, por supuesto, la apertura de las rutas comerciales, auténticas autopistas para la transmisión de las enfermedades infecciosas, originando así las primeras epidemias.

La expansión colonial de los grandes imperios europeos como España, Portugal, Francia, Inglaterra u Holanda a partir del siglo XV dio origen a la aparición de las enfermedades de contacto aborigen-europeo y a una de las etapas de la historia con mayor proliferación de epidemias y pandemias, costando decenas de millones de víctimas y el barrido y desaparición de comunidades indígenas completas. La peste, la viruela, la tuberculosis, la gripe, el sarampión o el tifus, son solo algunos ejemplos.

Aunque se habían desarrollado teorías sobre el contagio e ideado métodos para combatir estas enfermedades, no sería hasta le segunda mitad del siglo XIX y en adelante, durante el llamado Positivismo Médico, cuando se comenzó a entender la causa, la transmisión, la prevención y el posible tratamiento de las enfermedades infecciosas, muy especialmente desde que Louis Pasteur lanzara su «Teoría del Germen».

La historia del desarrollo de la microbiología y epidemiología constituyen uno de los capítulos más bellos de la propia historiografía médica, por no decir de la historia humana general y … como estamos comprobando ahora mismo, nunca pierde actualidad. Como muestra tenemos la reciente aparición de enfermedades como las fiebres hemorrágicas africanas – especialmente el Ébola -, el SARS, el MERS, el Zika y, por supuesto, la Covid-19 causada por el virus SARS-CoV-2. En las siguientes líneas trataremos de hacer una breve síntesis de esta apasionante historia.

Un breve recuerdo microbiológico-epidemiológico

Un patógeno microbiano es un organismo microscópico capaz de producir una enfermedad infecciosa. Estos agentes necesitan unas condiciones para poder infectar y transmitirse. Veamos:

  • En primer lugar, precisan de un reservorio que los acoja y este puede ser animal o el propio ser humano. Un ejemplo es el debate existente ahora mismo sobre el reservorio del SARS-CoV-2 (murciélago, serpiente o el famoso pangolín). Desde ese reservorio el patógeno pasa a las personas.
  • En segundo lugar, están los llamados portadores que pueden ser de diferentes tipos: activos (los que se encuentran padeciendo la enfermedad); convalecientes (los que se están recuperando pero aún pueden transmitirla); los que están en el período de incubación sin aún desarrollar clínica; y los sanos, llamados portadores asintomáticos. No todas las enfermedades tienen estos dos últimos tipos de portadores que, por lo demás, son los más peligrosos al pasar desapercibidos y ser mucho más difíciles de controlar.
  • Por último, los microbios precisan vías para poder propagarse, el llamado mecanismo de transmisión. Este puede ser muy variado: vía aérea, a través de las gotitas de saliva que se expulsan al toser o estornudar (es la más difícil de controlar y es la utilizada normalmente por los virus respiratorios); por contacto directo y estrecho entre personas, estando una de ellas contagiada; por fómites u objetos y materiales contaminados; y por los llamados vectores, normalmente animales, como es el caso del paludismo o malaria donde el parásito causante de la enfermedad, el Plasmodium, entra al organismo a través de la picadura del mosquito Anopheles infectado.
Dependiendo de la extensión y propagación de una enfermedad infecciosa se habla de casos esporádicos (aquellos en los que se afecta un individuo o un pequeño número, independientemente del tiempo y del lugar); endemia (enfermedad que surge en una época y en un lugar específicos y que, en ocasiones, puede transformarse en una epidemia); epidemia (cuando esa enfermedad afecta al mismo tiempo y en el mismo lugar a un gran número de personas); y pandemia (una epidemia que salta de una zona concreta a otra extendiéndose a áreas distantes, típicamente otro continente).

Para controlar las enfermedades infecciosas existen diferentes métodos:

  • Rotura del ciclo biológico del patógeno por esterilización, uso de insecticidas, cloración de aguas, etc
  • Eliminación de la fuente de infección por destrucción del reservorio, cuarentenas, uso de lejía y otras sustancias químicas, saneamiento de lugares insalubres, …
  • Inmunización: vacunas.
  • Utilización de medicamentos antimicrobianos: antibióticos, antivirales, antiparasitarios.

Pero lo dicho en estos breves párrafos lo sabemos desde hace poco más de un siglo y medio. ¿Qué pasó durante la larguísima etapa anterior a ese momento y cómo fue el desarrollo de los acontecimientos posteriores a Pasteur? Veámoslo (…).

Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín

Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife 

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