Un pregon instructivo y que merece ser conocido es el de las pasadas fiestas de San Juan en La Laguna (II).Por Juan Martínez Torvisco

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PREGÓN DE SAN JUAN BAUTISTA Iglesia San Juan Bautista SAN CRISTÓBAL DE LA LAGUNA 17 DE JUNIO DE 2016

ORÍGENES:

Queda una semana para la fiesta de San Juan, pero ¿quién era el “Bautista”?, Me gustaría hacer una aproximación histórica de la figura de nuestro santo. Corría entre el otoño del año 27 y la primavera del año 28 cuando surge en el horizonte religioso de Palestina un profeta original e independiente que provoca un fuerte impacto en el pueblo. Su nombre es Juan, pero la gente lo llama “el Bautizador” porque practica un rito inusual y sorprendente en el río Jordán.

Juan era de familia rural, su padre era Zacarías, un sacerdote que oficiaba para Dios, su madre Isabel sabemos por las escrituras que era prima de María la madre de Jesús. Isabel estaba de seis meses y tuvo la visita de su prima María quien se quedó tres meses con ella, por lo que podemos inferir que María vio nacer al Bautista. Como niño Juan lleva una vida totalmente normal y podemos pensar que tuviera relación con su primo segundo Jesús. En algún momento de su vida Juan decide convertirse en nazareo, que significa en hebreo separado, consagrado para uso ceremonial o religioso y marcharse a desierto de Judá. Los nazareos que hacían votos seguían viviendo una vida normal en la sociedad, con la excepción de que: 1. Se abstenían de todo producto derivado de la vid. 2. Dejaban de cortarse el pelo, tanto el de la cabeza como el de la barba. 3. Se abstenían de acercarse a un cuerpo muerto para evitar la contaminación ritual; si por accidente se ponía en contacto con un cadáver debía ofrecer sacrificios específicos y comenzar de nuevo todo el período de su voto. Un nazareo era «santo para Dios» todos los días de su «nazareato» o separación. Al final del período que había especificado se debía presentar ante el sacerdote con ciertos sacrificios indicados, y se debía cortar el pelo y quemarlo. Aunque los evangelios no dicen nada de su aspecto físico, Juan se ganó el apodo de “desaliñado”, algo totalmente normal al vivir en el desierto.

Juan decidió romper en algún momento con el templo y con todos los sistemas de ritos de purificación. Según su visión el pueblo se encontraba perdido, la Alianza estaba rota y el pueblo necesitaba una purificación total. El bautismo que ofrece Juan es el nuevo rito de conversión y de perdón radical que necesita el pueblo. Jesús queda seducido por esta visión grandiosa. Juan se marcha al desierto enfrente de la ciudad de Jericó, donde cuenta la tradición que cruzó Josué el rio Jordán para llegar a la tierra prometida. Va vestido con un manto de pelo de camello, un cinturón de cuero y se alimenta de langostas y miel silvestre. Juan es la “voz que grita en el desierto”: según Isaías va pregonando “preparad el camino al Señor, allanad sus senderos”.

Con Juan se incorpora una tradición nunca vista hasta entonces, la de bautizar a otros, por eso empezaron a llamarle “bautizador” o “sumergidor”. El bautismo se empieza a concebir como un don de Dios y Juan es su mediador. Pero sin duda su acto más importante va a ser cuando en torno al año 28, Jesús se acerca para ser bautizado por Juan, momento en que éste trata de apartarlo diciéndole ¿soy yo quien tiene que ser bautizado por ti ¿y tú vienes a mí? A lo que Jesús contesta “conviene que cumplamos toda justicia”.

Dos eran los problemas que planteaba su bautismo. Si había aceptado ser bautizado por Juan ¿no era Jesús inferior al Bautista?, más aún si había bajado al Jordán como todos confesando sus pecados, ¿no era Jesús también un pecador? Sin embargo, cuando Jesús sale de las aguas tuvo una experiencia extraña: observó que el Espíritu de Dios descendía sobre él en forma de paloma y escuchó la voz del Señor que le dijo “Tú eres mi hijo amado”.

Se sabe que Jesús compartía con Juan la idea de preparar al pueblo para el rencuentro con Dios y asumía el bautismo como signo de compromiso de un cambio radical. Por tanto, podemos decir que el agua va a ser un elemento central en la festividad de San Juan junto con el fuego, en los dos casos son elementos de purificación y de cambio. Fuego y agua se conjuran en una noche mágica donde se dan la mano la diversión y superstición.

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