«Soplan vientos cotidianos opuestos. Efecto Foëhn: brisas de mar y de tierra» (I), por Luis Manuel Santana Pérez

El efecto Föehn, está relacionado con un viento del norte de los Alpes y se produce cuando una masa de aire es obligada a ascender al encontrar una montaña. Esto provoca que la masa de aire se enfríe, y que el vapor de agua, que contiene, se condense, dando lugar a nubes y a menudo precipitación. Al descender por la otra cara de la montaña la masa de aire ha perdido su humedad. Se trata, por tanto, de un aire seco que desciende rápidamente aumentando la presión atmosférica y, por tanto, la temperatura. De esta manera lo que en la ladera de barlovento es humedad y precipitación, en sotavento es tiempo despejado y calor. (glosario de términos meteorológicos del AEMET)

Un efecto Foëhn que podemos definirlo como la transformación que sufre una masa de aire cuando atraviesa un obstáculo montañoso, y cuya principal característica sería un notable aumento de su temperatura. Cuando hay Foëhn en los valles situados a sotavento de las montañas, se registran subidas espectaculares de temperatura; un ascenso térmico que viene acompañado de un viento seco, cálido, muy molesto y racheado, que parece surgir a borbotones de la montaña. Ese carácter turbulento del viento viene condicionado por las características orográficas del terreno, siendo más acusado en los valles estrechos, profundos e intrincados.

De hecho, para entender por qué se produce este efecto, hay que tener en cuenta que el aire se enfría a un ritmo mayor o menor al ascender por la atmósfera, dependiendo de cuál sea su grado de humedad. Cuando una masa de aire seco encuentra en su recorrido una montaña, se ve obligada a remontarla, y en ese ascenso se enfría a razón de casi 1ºC/100 metros de ascensión. Ese es el cambio de temperatura aproximado que experimentamos cuando subimos por una montaña, por ejemplo, un día soleado. Al ir la masa de aire remontando la falda montañosa, se va enfriando de forma progresiva y llega un momento en que alcanza su nivel de condensación y empieza a formarse una nube orográfica. El aire se satura de humedad y al seguir ascendiendo (ya en forma de nube) sigue enfriándose, aunque a un ritmo menor, del orden de 0.5 ºC/100 metros. Si la montaña es lo suficientemente elevada, en esa cara de barlovento la nubosidad vinculada a ella dejará precipitaciones, perdiendo el aire gran parte de su contenido de humedad al llegar a la cima. Una vez allí arriba, el aire empieza a descender por la otra ladera, la de sotavento, pero al haberse convertido ya en aire seco, se calienta en todo el tramo descendente a razón de 1 ºC/100 metros, de manera que, al llegar al valle, el aire está bastante más caliente que inicialmente, cuando incidió en la montaña. (J. M. Viñas, divulgameteo.es)

¿Qué ocurre en Canarias?

Los vientos húmedos que soplan en el sector nornoroeste a noreste y llegan a las costas de Tenerife, se desplazan sobre las laderas y barrancos situados desde el noroeste al noreste. También, en muchas ocasiones, la masa de aire húmeda alcanza las laderas orientadas en direcciones este a sureste, principalmente en el Valle de Güimar. A partir de la cota 900 metros hasta 1100 metros, la masa húmeda alcanza el nivel de condensación, desarrollándose la capa de estratocúmulos, el mar de nubes típico. La altura y grosor de la capa nubosa depende de la época del año y de la velocidad del viento. En las laderas orientadas en las direcciones este a oeste, la altitud de la capa nubosa es superior y su grosor es inferior a la capa nubosa de la vertiente norte.

 El mar de nubes sobre las laderas alcanza las lomas y crestas de montañas, provocando el efecto Foëhn. Los vientos de valle, los movimientos convectivos durante el periodo diurno, así como los vientos de montaña, impiden el contacto de la nube con las superficies inclinadas. En invierno y primavera, cuando el suelo y el sotobosque se encuentran suficientemente fríos para que las nubes tengan mayores posibilidades de contacto con los obstáculos, sucede el fenómeno meteorológico de precipitación de niebla.

Realmente, evaluar la precipitación de niebla en el bosque es una tarea muy comprometida por la variación de los parámetros meteorológicos entorno a cada árbol, morfología del obstáculo y densidad de follaje, factores que intervienen en la adherencia de las gotitas. Pero, el análisis de las mediciones realizadas nos permite afirmar: la precipitación en el interior del arbolado es inferior a la precipitación a cielo abierto; mientras que, en las zonas expuestas a los vientos húmedos con velocidades importantes, la precipitación en el interior del arbolado alcanza valores varias decenas de veces superiores a la precipitación a cielo abierto. Como conclusión: a) en los lugares adecuados donde el fenómeno de la precipitación de niebla es notable, el suelo recibe una precipitación de dos a cinco veces la precipitación sin arbolado y b) en las cumbres muy elevadas no existe este fenómeno, tiene lugar en lugares donde puede desbordarse el aire, las vaguadas o degolladas de montaña, lugar de convergencia del flujo de aire húmedo.  (ver figuras 1 y 2, efecto Föehn)

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