«Sobre un malogrado captaniebla gigante instalado en Cumbre Nueva (isla de La Palma)» (I), por Luis Manuel Santana Pérez
Continuando con nuestra serie de artículos de divulgación, sobre meteorología, que estamos publicando en la web de Museos de Tenerife, queremos llamar la atención sobre el papel, en cierto modo desconocido, de la niebla, como generador de agua en los montes de las islas Canarias.
Como todos sabemos, en el Archipiélago, las precipitaciones a lo largo del año son de moderadas a escasas, pero las Islas -de alguna manera- a través de sus distintos tipos de vegetación se alejan de ser consideradas desérticas. La situación geográfica y el movimiento atmosférico oceánico regular son responsables de provocar una humedad notable sobre las superficies insulares donde, en algunos lugares y a ciertas altitudes, surgen hidrometeoros distintos a los convencionales. Uno de ellos es la neblina, niebla, cuyo contenido acuoso es significativo ya que, en su desplazamiento sobre el relieve, las gotículas que provoca se adhieren sobre los obstáculos que encuentran a su paso, dando lugar a lo que se conoce como precipitación de niebla.
Es objetivo de este artículo recordar el desaparecido captaniebla instalado en Cumbre Nueva, isla de La Palma, valorando el aporte de agua al suelo por la presencia de niebla y neblina en contacto con los alambres metálicos de una estructura artificial que simula una porción frondosa de bosque.
¿Cómo es el clima de las islas Canarias?
El clima de las islas Canarias está determinado por su situación, frente a la costa del noroeste de África. La zona de altas presiones del Atlántico Oriental está situada normalmente al nornoroeste de las islas Canarias y permanece estable casi todo el año. Esta zona de altas presiones denominada zona de las Azores, cambia su posición durante el año, pero se encuentra casi siempre sobre la línea Azores–Madeira–Canarias.
Además, las masas de aire que llegan a las costas del archipiélago canario están condicionadas por la distribución de la temperatura de la superficie del mar, estrechamente relacionada con la Corriente fría de Canarias. Las masas de aire, impulsadas por el anticiclón de las Azores en esta región, generan los alisios, vientos moderados que soplan principalmente en el sector nornoroeste a noreste. Los vientos septentrionales transportan a las Islas aire húmedo y fresco a la que se superpone normalmente otra capa seca, separadas ambas por una inversión vertical de temperatura. Es precisamente en esta zona, donde tienen lugar fenómenos de condensación de vapor de agua, desarrollándose una amplia capa de estratocúmulos, llamada popularmente mar de nubes. Sabemos que este tipo de estratificación atmosférica es muy estable, quedando la posibilidad de movimientos convectivos y turbulentos limitados por la capa seca.
En la costa del continente africano donde más frías son las aguas, se forma principalmente en verano una auténtica barrera de aire frío que, en las situaciones de invasiones de aire caliente, procedentes del interior del continente, no puede remover las masas de aire cálidas a través de ésta, y se desplazan en altura hacia el océano.
Como todos sabemos, el régimen de vientos alisios es la situación barométrica más común en Canarias. Los vientos superficiales marinos transportan cantidades moderadas de agua y son obligados a ascender sobre las inclinadas laderas en las vertientes noroeste a sureste de las islas formando nubosidad estratiforme. En lugares concretos prosperan nieblas y precipitaciones débiles, dependiendo de la morfología y altitud del relieve. Sin embargo, los vientos alisios no pueden asociarse a precipitaciones predecibles dignas de consideración.
Algunas situaciones barométricas modifican el régimen dominante de vientos alisios en la región canaria. Por ejemplo, esto sucede por la llegada de advecciones superiores de aire polar o por el paso de zonas de bajas presiones, situaciones que «rompen la estratificación estable de la atmósfera» y estimulan el desarrollo de grandes movimientos convectivos que cambian el carácter de buen tiempo, registrándose en la mayor parte de las Islas, precipitaciones y, según el origen de la depresión, abundantes lluvias en zonas varias del Archipiélago.
¿Se conoce el papel de la niebla como captadora de agua?
Niebla es un término general referido a la suspensión de gotas pequeñas en un gas. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) define la niebla atmosférica como la suspensión de gotas pequeñas de agua (con frecuencia, microscópicas) en el aire, que reduce la visibilidad horizontal en la superficie terrestre a menos de 1 km. Se trata de un fenómeno meteorológico que consiste en nubes muy bajas, cerca o a nivel del suelo, formadas por partículas de agua de pequeño volumen en suspensión.
Las nieblas son sistemas coloidales compuestos de gotitas de agua y partículas sólidas formadas por la condensación del vapor de agua sobre núcleos higroscópicos. La cantidad de agua líquida que contiene las nieblas puede variar entre 10-4 a 2 g/m3, estando su valor medio próximo a 0.2 g/m3.
Sin embargo, en la nube, la cantidad de agua condensada es -en promedio- un poco más elevada que en las nieblas y varía entre 10-2 a 4 g/m3. Y mientras la base de las nubes se encuentra a una centena de metros sobre la superficie del suelo, la base del “estrato de niebla” se encuentra próxima al suelo. De ahí que, en aquellos lugares de gran altitud, como las cumbres de nuestras islas, la nube se convierte en niebla si la altitud del relieve es superior a la base de la nube.
Las nubes al ser arrastradas por el viento, a través de obstáculos, depositan por contacto las gotitas de agua, fenómeno que se denomina precipitación de niebla. Posteriormente, el conjunto de gotitas se transforma en una gota de mayor diámetro y cae al suelo por la acción de la gravedad.
La capa de estratocúmulos orográficos se forma de manera habitual muchos días al año, a causa de la incidencia sobre el relieve de los vientos atlánticos septentrionales húmedos. Por ejemplo, al noreste de La Palma la nubosidad es retenida por el alto relieve del macizo norteño, mientras que al este la nubosidad peina la Hilera de Cumbre Nueva, formando una cascada nubosa, lugar idóneo para captar las “gotículas de las nubes” por medio de captanieblas metálicos.
La precipitación de niebla se desarrolla en las crestas de montaña que rozan con las nubes orográficas. En este caso (Hilera de Cumbre Nueva), la capa nubosa tiene una extensión considerable y en contacto con los obstáculos de la Hilera provoca precipitaciones de niebla notables durante largo tiempo.
Asimismo, el efecto Föehn en la Hilera es producido cuando el aire húmedo asciende por la ladera noreste de la isla: ladera de barlovento. El aire ascendente se enfría, aumenta su humedad y velocidad de desplazamiento y, a partir de cotas superiores a 900 m, las gotitas acuosas aumentan su concentración y diámetro en el interior del estrato nuboso, y bien las gotas caen al suelo o se adhieren a los obstáculos que encuentran en su desplazamiento. Una vez sobrepasada la Hilera de Cumbre Nueva, el aire desciende por la ladera suroeste: ladera de sotavento, donde aumenta la temperatura del aire (…).
Luis Manuel Santana Pérez
Físico, experto en meteorología y colaborador del MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología

