Septiembre…siempre septiembre y La Laguna (XIV)

Lorénzo, uno de los limpiabotas de la Catedral

Mateo Arvelo, conocido popularmente entre los alumnos y no alumnos del colegio Nava La Salle como el Hermano Mateo.

Elvirita siempre iba de negro, un negro raído, desteñido, desvaído, pero negro al fin. Demasiado tiempo para ser luto y demasiado sucio para ser un uniforme de respeto. Elvirita llevaba peluca, también negra, algo desencajada; pero no importaba, porque si hubiera estado en su sitio también se hubiera notado. Sus labios, pintados y perfilados con un rojo intensivo, eran la Única nota de color en su cara blanca como la de un clown. Parecían los de una mistinguet callejera, puntiagudos, igual que los de alguna ridícula bailarina de Toulouse- Lautrec. Pero estos recuerdos livianos no eran suficientes para confundir su figura pacata de enérgica defensora de una moral decimonónica, en flagrante contradicción con los escenarios en los que ejercía su apostolado.

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