San Juan Bautista, patrón de la ciudad contra la peste (V), por Carlos Rodríguez Morales

La cofradía
Aunque la devoción a san Juan Bautista como protector de Tenerife contra la enfermedad había arraigado desde de 1582, no contó con cofradía hasta casi dos siglos después. Los tremendos efectos de la epidemia en la vida de la ciudad y que entonces el entorno del nuevo templo estuviera escasamente habitado explicarían, en parte, esta circunstancia. A la vez, las obligaciones contraídas por el Concejo —en nombre de la Isla— respecto a la fábrica primero y luego al mantenimiento de la ermita, al culto en ella celebrado y a la celebración de la fiesta de su titular pudieron disuadir también la formación de una hermandad, cuyos objetivos principales se solaparían con los que ya tenía el Cabildo. Sea como fuere, lo cierto es que esta situación se mantuvo hasta el último tercio del siglo xviii. La exposición que los promotores dirigieron al provisor y vicario general en marzo de 1767 señala como una de sus motivaciones la de reactivar la devoción a san Juan, que ya no se expresaba «con el ferbor que se vio llegaba hasta los principios deste presente siglo»[1]. Pocos años antes, la imagen del santo había dejado de participar en la procesión del Corpus Christi por carecer de capa con la que revestirse, lo que motivó al cabildo a costearle una capa de lampazo en 1763[2]; esto indica cierto abandono de su culto.
Esta es la la coyuntura en la que un grupo numeroso de vecinos de La Laguna se reunieron para establecer una «cofradía y confraternidad», cuyas constituciones fueron aprobadas el 25 de mayo de 1767. Aunque los firmantes de la solicitud fueron 46 varones de la ciudad —entre ellos, miembros de familias acomodadas y del clero— el primer punto de los estatutos planteaba que la corporación estaba abierta tanto a hombres como a mujeres «de qualquer estado, calidad y condición que sean». No fue, por lo tanto, una hermandad elitista y cerrada y tampoco ciñó su base social al vecindario entorno inmediato de la ermita. Además de regular algunos aspectos básicos para su funcionamiento (cuotas de entrada y anual, libros de hermanos y de cuentas, día para pedir limosna por las calles) los estatutos se ocupan de los dos ámbitos de actividad de la cofradía. Respecto a la vida piadosa y litúrgica se entiende que se celebraba un novenario en junio y que cada viernes se oficiaba una misa, costumbre iniciada el año anterior y que puede valorarse como el origen de este movimiento devocional. Además, los miembros debían confesar, comulgar y visitar la ermita en las dos fiestas de san Juan: la del Nacimiento, el 24 de junio, y la de la Degollación, el 29 de agosto. En cuanto a la faceta asistencial, la cofradía se obligaba a costear una comida para los pobres de la cárcel, «que se conducirá a ella por los mismos cofrades en forma de procesión, precedida del estandarte, pendón o insignia de ella, rezando el rosario, en el día octavo de la novena»[3]. En este último punto la labor de la cofradía se asemeja a la de la que en honor a san Rafael y bajo la protección de san Juan de Dios se había constituído en la Iglesia de la Concepción diez años antes, pues tenía entre sus obligaciones la de asistir los días de aquellos dos santos al Hospital de Nuestra Señora de los Dolores, «sirbiéndoles la comida a los pobres y en las demás cosas condusentes al alibio de los dichos»[4]. Algunos de los fundadores de esta cofradía lo fueron también de la de San Juan Bautista[5].
El 22 de abril de 1806 el papa Pío viii concedió mediante un breve indulgencia plenaria y perpetua y remisión de todos los pecados a los fieles que confesados, comulgados y arrepentidos visitaran la ermita en sus dos festividades —desde las primeras vísperas y hasta puesto el sol— y en la octava de la de junio. Las constituciones fundacionales fueron sustituidas por un nuevo reglamento en 1873[6]. Un documento de 1885 indica que la cofradía «no hace muchos años que se restableció»[7], lo que podría indicar un decaimiento previo. Lamentablemente, el primer libro de la corporación no se conserva, o al menos se igonora su paradero; el segundo comienza en 1909[8]. Ese año, el Ayuntamiento de La Laguna acordó, tras estudiar una instancia presentada por el hermano mayor, ceder el patronato del templo a la hermandad «durante el tiempo que la aludida cofradía tenga existencia legal, pues de lo contrario y la misma se disolviere o terminase por cualquier causa, volverá a ser propiedad de la corporación municipal el indicado patronato». El acta recoge que desde hacía setenta años el Ayuntamiento no había contribuído «con cantidad alguna al sostenimiento de esa obligación»[9].
[1] Archivo de la Hermandad de San Juan Bautista, copia simple mecanografiada.
[2] Cioranescu [1965], p. 235. Desconocemos cuándo comenzó a salir en la procesión del Corpus Christi; no figura mencionada entre las que debían participar en la fiesta de 1653. AHDLL: Fondo parroquial de Santo Domingo de Guzmán, La Laguna, libro 156, Libro de mandatos de la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, ff. 234r-235r.
[3] Archivo de la Hermandad de San Juan Bautista, copia simple mecanografiada.
[4] AHDLL: Fondo parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, La Laguna, Libro de la Cofradía de San Rafael, ff. 2v-3v.
[5] Pedro José Morbeque, Juan Bautista de Castro Ayala, Domingo Juan de Currás e Isidoro Paroy Machado.
[6] AHSJ: Copia simple mecanografiada del contenido del primer libro de la cofradía.
[7] AHDLL: fnsc, Cofradía y Ermita de San Juan Bautista, legajo 1, documento 4.
[8] AHSJ: Libro de actas de la Hermandad de San Juan Bautista.
[9] AMLL: Sección 2, acta de 14/7/1909.
