Relato para la noche de Finados: El fantasma de la niña de la garita. Por Julio Torres Santos

Fue una noche de marzo de 1978. Un joven soldado se encontraba de guardia en la garita cuando, en torno a las tres de la madrugada, de repente, se cruza delante suyo una niña, a tan sólo unos quince metros de donde se encontraba

“Recuerdo que tenía el cabello oscuro y la piel pálida, aunque con un cierto brillo, y llevaba un camioncito de juguete. Cruzó de izquierda a derecha y se perdió en la negrura de la noche”.

La observación, según el testigo, duró unos quince o veinte segundos. Poco después se percató de lo extraño que resultaba que una niña merodease por allí a tan altas horas de la madrugada. Además, por la zona no había viviendas cercanas. Entonces abandonó su puesto de vigilancia para intentar localizarla, ante el temor de que se hubiera escapado de casa y sufriese algún accidente.  Se llegó a alejar de su puesto unos cien metros. No vio ni rastro. Regresó a la garita, a la vez que sentía un malestar cada vez mayor. Llamó al puesto de guardia y contó todo lo sucedido. Inmediatamente un cabo y dos soldados se personaron en el lugar a bordo de un todoterreno. Ante su estupor, se encontraron al soldado en el suelo, víctima de una lipotimia. El cabo se asustó al ver el rostro descompuesto del muchacho.

Al día siguiente, el soldado recibió la orden de presentarse ante un mando de la base militar para dar parte de lo ocurrido la noche anterior. En el despacho, junto a dicho militar de alto rango, se encontraba otro personaje, vestido de paisano y sin credenciales, que en ningún momento se identificó. Este extraño individuo no paraba de tomar notas sobre la experiencia del soldado. Desde instancias superiores se resolvió que el protagonista de nuestra historia tomara unas vacaciones forzosas. Además, se le recomendó que no comentara lo sucedido. Aquel soldado nunca supo qué tipo de investigaciones llevó a cabo el estamento militar, si es que tuvieron lugar, ni tampoco la identidad del individuo de paisano.

En febrero de 1997, un joven  Cabo Primero cuenta a una emisora de radio que “No sólo soy yo quien dice haber visto a esa niña pasear alrededor de la garita durante la noche. Algunos de mis compañeros también la han visto. Es una niña pequeña, con la ropa rota y de piel blanca, muy blanca (…) No dijo nada. Todo pasó muy rápido.  Sólo la he visto una vez y como borrosa. Iba mirando al suelo mientras se arrastraba. Bueno, no es que se arrastrara exactamente. Era como si flotara o algo así. ¡Buff!, un rollo extrañísimo. Yo di un alto, pero se “borró del aire de repente”.

Otro de los testigos de este misterio es un teniente de artillería antiaérea que en marzo de 1997 salió a hacer ejercicio físico por los alrededores de la base, aprovechando la larga carretera que va paralela a las pistas. Al pasar por los hangares del GAAL (grupo de Artillería Antiaérea Ligera), pudo ver claramente a una niña, con la cabeza inclinada hacia abajo y sin piernas, desplazarse sin tocar el suelo. Lo miró con expresión desconcertada. “Seguidamente cogí una piedra y la lancé, sin fuerzas,  a una zona próxima a la niña.  Se desvaneció muy rápido entre los arbustos cercanos”. Llama la atención cómo un militar de alta graduación admite con firmeza haber presenciado lo que califica como “un hecho insólito”.

En marzo de 2004 se recogió un testimonio similar. Esta vez los soldados destacados en el terreno militar Las Raíces –zona boscosa cercana al aeropuerto de Los Rodeos– estaban de instrucción nocturna. Eran las dos y media de la mañana. Uno de los compañeros que se encontraba a unos 200 metros del resto del grupo, llegó corriendo y gritando. “¡He visto una niña, he visto una niña!”. La describía como de unos siete años, con melena oscura y unos intensos ojos azules. Enseguida hicieron una batida para buscar a la pequeña, pero no encontraron nada de nada.

Desde un primer momento se la conoció como “el fantasma de la niña de la garita” ya que por primera vez se la vio en una garita o puesto de observación y guardia que vigilan en todo su perímetro las instalaciones militares. Estamos hablando del acuartelamiento militar situado justo al otro lado del Aeropuerto de Los Rodeos, concretamente de la garita sur, la más alejada del núcleo edificable del acuartelamiento.

Como ya todos sabemos, el aeropuerto es muy tristemente recordado por el accidente que el 27 de marzo de 1977 sufrieron dos Boeing 747, al cruzarse en la pista, cuando uno de ellos comenzaba a despegar y el otro aparato se preparaba para hacer la misma operación. En este accidente se contabilizaron más de 583 fallecidos.

Según dicen, al identificar todos los cadáveres, faltaba una niña. Nunca se encontró su cuerpo, de ahí que se piense que ella es el “fantasma de la garita”.

Por otra parte, semanas después del accidente, en el aeropuerto de Los Rodeos, muchos operarios han sido testigos de sucesos extraños, como voces, lamentos, llantos…

Un agricultor de la zona conocida como El Coromoto, que lleva más de 35 años recogiendo hierba para sus vacas en las laderas de las pistas del aeropuerto, don Ignacio Roger (descrito como “hombre sencillo, analfabeto y gran trabajador”), ya fallecido, relató, cuando tenía 79 años, en noviembre de 2003:

“En aquella época no había vallas para cerrar las pistas. Todos entrábamos hasta arriba para recoger la hierba, y cuando los aviones llegaban y salían nos poníamos los dedos en las orejas o abríamos del todo la boca para que el ruido no nos dejara sordos. Yo me acuerdo de estar cogiendo “pasote” en la parte alta, y muchas veces los pasajeros por las ventanillas me decían adiós”.

Desde la azotea de su casa ha visto a “los pasajeros errantes”: “no son pocas veces en las que yo he visto a gente asomarse en lo alto de la ladera, junto a las pistas y mirar para aquí abajo. Algunas veces levantan los brazos”.

¿Estamos simplemente ante una leyenda urbana o es cierto que por Los Rodeos deambulan los espíritus de algunos de los pasajeros de los Boeing? ¿Pueden el cansancio y la sugestión haber jugado una mala pasada a los testigos?

 

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