Rafael Arocha Guillama: recuerdos de la calle de Santo Domingo (y III)

Turroneras en las fiestas de La Laguna. Años 20.

«Allí fuera hay puestos de turrones y de feria. Las cajas, iluminadas por luces de carburo, muestran sus hileras tentadoras y apetitosas de ruedecitas de masa de almendra y azúcar, y los paquetes, forrados de papel blanco, que envuelven la más meliflua y crujiente de un almendrado sabroso.»

A través de unas pocas líneas vuelve a surgir la ciudad de finales del siglo XIX. Podemos imaginar las pequeñas luces de carburo iluminando los tenderetes, los dulces cuidadosamente colocados en las cajas y el movimiento de las familias después de la procesión.
Y Arocha Guillama concluye el recuerdo con una frase sencilla que encierra, al mismo tiempo, cierta melancolía:

«Es la noche del Rosario. La última noche de música en la plaza del Adelantado.»

Una noche lagunera de finales del siglo XIX

Este segundo recuerdo de Rafael Arocha Guillama resulta especialmente valioso porque nos permite reconstruir el ambiente de las antiguas fiestas del Rosario en La Laguna. No estamos únicamente ante la descripción de una procesión religiosa. En sus palabras conviven la devoción y la fiesta popular: el rezo del rosario y las letanías, los seminaristas y las monjas Catalinas, las banderas y las bengalas, los morteros y voladores, los puestos de feria, el olor de la pólvora y los turrones.

Arocha consigue, además, algo particularmente difícil: transmitirnos la atmósfera de aquella noche. La calle refrescada por la brisa otoñal, las voces de la letanía avanzando entre las casas, el resplandor de los fuegos sobre la multitud y, finalmente, la música en la plaza del Adelantado forman una auténtica estampa de La Laguna de su juventud.

Más de un siglo después, sus palabras permiten que aquella noche del Rosario vuelva, de alguna manera, a iluminar la calle de Santo Domingo.

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