Pregón de las Fiestas Patronales de La Verdellada 2026 (II). Por Francisco Javier García Rodríguez

El barrio: origen e historia

Pero, más allá de estas consideraciones, lo importante es que esta es, ante todo, la fiesta de los vecinos y las vecinas, de esas algo más de 10.000 personas que hacen de La Verdellada uno de los núcleos más activos y dinámicos de nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad, y que constituye un paraje singular por su origen y su historia.

Precisamente la fuerza vecinal ha sido la que ha hecho crecer este barrio, cuyo nombre atesora un hermoso regalo para los que amamos la etimología, ya que recibe su nombre por haber sido inicialmente una zona de carácter agrícola, vinculada a pequeñas explotaciones dedicadas al cultivo de la viña, especialmente de la variedad verdello, una de las joyas de la viticultura regional, que llegó a las islas desde Madeira y el norte de Portugal.

De hecho, no sé si saben que el gentilicio del barrio, que además le da nombre a la asociación de vecinos y vecinas, verdeño ó verdeña, está recogido con el significado “natural del barrio de La Verdellada, en La Laguna” en una entrada del maravilloso diccionario ejemplificado de canarismos, obra de nuestra catedrática de filología románica en la Universidad de La Laguna y primera mujer canaria en formar parte de la Real Academia Española de la Lengua, Dolores Corbella, así como del también catedrático de filología española Cristóbal Corrales.

Fue a partir del as años 50 cuando el barrio comenzó a urbanizarse, coincidiendo con la expansión de San Cristóbal de La Laguna y conviviendo durante mucho tiempo las explotaciones agrícolas con nuevas viviendas, hasta llegar a la actual configuración urbana.

Entre sus primeros habitantes se encontraban familias procedentes del ámbito rural y trabajadores vinculados a las fincas próximas, lo cual configuró una nueva comunidad, estrechamente relacionada con el territorio y con formas de vida marcadas por la convivencia vecinal, un espíritu que, sin duda, aún pervive y explica el nacimiento de esta asociación.

En ese proceso cabe recordar figuras como las de Félix Pérez Linares, dueño de la finca matriz quien, a partir de 1955, vendió parcelas a precios muy económicos a los vecinos y vecinas con escasos recursos, lo que permitió dar inicio a la urbanización del barrio. Fue el suyo un acto generoso, ya que es sabido que algunas personas especialmente necesitadas pudieron acceder, incluso gratuitamente, a la propiedad de un terreno.

Precisamente alrededor de esa época, en 1959, nacería la asociación de vecinos de este barrio, que con el tiempo adoptaría su denominación actual, Los Verdeños. Esta entidad vecinal ha sido, sin duda, un factor clave para lograr que la calidad de vida de los vecinos y vecinas se equiparara a los estándares del resto del municipio, convirtiéndose con el tiempo en una de las asociaciones con mayor dimensión del movimiento vecinal de Tenerife. Gracias a su empuje, su devenir ha ido paralelo a la progresiva mejora de la calidad de vida del barrio. Inicialmente, tuvo que luchar por recursos tan básicos como el suministro eléctrico, el alcantarillado y el agua potable, pero con el tiempo su trabajo ha sido fundamental para lograr infraestructuras como instalaciones deportivas, centros comunitarios y culturales, además de un colegio, entre otras.

Pese a este cambio, experimentado en los últimos años, perviven en el barrio elementos que mantienen un fuerte valor simbólico para sus habitantes, como la Casa del Barco, algunas casas terreras o determinados lugares de encuentro cotidiano que continúan formando parte de la memoria colectiva de quienes han sido testigos, y en muchas ocasiones protagonistas, de esta evolución.

Del mismo modo, permanecen vigentes diversas manifestaciones culturales impulsadas desde la propia comunidad, como la tradicional Bajada del Diablo, que se celebra en la víspera del primer domingo de agosto, algo que para un Tijarafero como yo, donde la fiesta de El Diablo es una de nuestras principales señas de identidad, genera una corriente inmensa de empatía.

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