Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2020 (I). Por Carlos Rodríguez Morales

Cartel de los actos en honor al Cristo de La Laguna 2020. Óleo anónimo lagunero siglo XVIII, Museo de Arte Sacro de las Claras de La Laguna. Idea Julio Torres.
El pregonero: Carlos Rodríguez Morales (San Cristóbal de La Laguna, 1974) es doctor en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna, licenciado en Geografía e Historia y en Ciencias de la Información, por la misma universidad, y especialista universitario en Archivística, por la UNED y la Fundación Carlos de Amberes.
Sus investigaciones, centradas en los siglos XVI, XVII y XVIII, se han concretado en varias líneas: la edición de fuentes documentales, las artes plásticas y el comercio artístico en Canarias, la religiosidad y la iconografía. En este ámbito se inscribe el comisariado de exposiciones y la colaboración, como autor de fichas o estudios, en diversos catálogos.
Trabaja como técnico superior en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife. Es miembro de número del Instituto de Estudios Canarios (forma parte de su junta directiva y es presidente de la sección de Artes) y académico correspondiente de la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel, en su sección de Pintura. Desde 2013 imparte docencia en el Máster en Gestión del Patrimonio Artístico y Arquitectónico, Museos y Mercado del Arte de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y Santiago de Compostela.
Es autor, entre otras publicaciones, de Todo es de plata. Las alhajas del Cristo de La Laguna, una monografía sobre el pintor Cristóbal Hernández de Quintana, Arte en Canarias del Gótico al Manierismo (segundo tomo de la Historia Cultural del Arte en Canarias) y Los conventos agustinos de Canarias. Arte, iconografía y devociones.

Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2020 (I). Carlos Rodríguez Morales
Excelentísimas e ilustrísimas autoridades.
Excelentísimo y reverendísimo señor obispo.
Un saludo especial al señor esclavo mayor de la Esclavitud del Santísimo Cristo de La Laguna.
Señoras y señores, buenas noches a todos.
Es para mí una alegría, un reto y, sobre todo, un alto honor haber recibido el encargo de pregonar las fiestas del Cristo de La Laguna de este año. Por eso quiero comenzar expresando mi agradecimiento al alcalde y a todos quienes han propiciado que me encuentre hoy aquí, feliz de poder compartir con ustedes sentimientos que tengo desde pequeño: amor por mi ciudad y devoción hacia la imagen del Señor. También, el deseo de que con las limitaciones y con la prudencia que nos impone una pandemia global podamos vivir estos días tan señalados en nuestro calendario. En el calendario oficial, pero especialmente en el calendario de los recuerdos y de los sentimientos colectivos y personales.
Todos nosotros —en cada casa y en nuestro propio entorno— hemos ido componiendo a lo largo de nuestra vida un programa de actos íntimo. Los niños todavía no lo saben, pero cuando pase el tiempo sentirán una emoción inesperada al escuchar las campanas del santuario repicando desde el primer día de septiembre, al comprobar que las banderas ya ondean alegres en los portales y en los arcos o al ver pasar una procesión —quizá no buscada— por el mismo sitio en el que solían verla cuando de pequeños iban de la mano de quienes ya no estén.
No es necesario que el Ayuntamiento tenga previsto que la próxima vez —y ojalá sea pronto— que un 14 de septiembre por la noche el Cristo suba la calle de la Carrera hacia a la torre de la Concepción a uno le sorprenda una traca de recuerdos de la infancia. Y nos puede suceder lo mismo ante una ventana cerrada a la que ya no se asome nadie, con el último cohete o al regresar de la plaza por calles desacostumbradas, con otro rumbo, en otras compañías. O solos.
Esta es la fuerza del rito. Este es el poder de los recuerdos, dispuestos a asaltarnos al doblar cualquier esquina. Y esto merece, por supuesto, ser pregonado. Aunque este año afrontemos unas fiestas distintas, excepcionales y abreviadas debido a la COVID-19. Aunque sepamos ya que algunos actos tradicionales no se celebrarán y que otros vayan a tener lugar de forma diferente. Pero celebraremos la festividad del Cristo un año más; y ya superan los cuatrocientos. Es una gran noticia que se nos convoque de nuevo y que podamos vivirlo.
No debemos soltar el hilo de la historia y de la tradición. Un hilo sostenido por nuestros antepasados, quienes vivieron también tiempos difíciles y aún así celebraron las fiestas. Hemos heredado esta responsabilidad. En un reciente ensayo, el filósofo coreano Byung-Chul Han plantea una emocionante defensa del valor de los rituales, amenazados por el sistema capitalista que somete a la producción todos los ámbitos de la existencia. Los rituales dan estabilidad a la vida y «transforman el estar en el mundo en un estar en casa. Hacen del mundo un lugar fiable». También nos recuerda Antoine de Saint-Exupéry, el autor de El Principito, que «los ritos son en el tiempo lo que la morada es en el espacio».
Para muchos de nosotros estas reflexiones cobran sentido pleno cuando nos referimos a las fiestas de septiembre y a la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, nuestro hogar. Reconocemos casi como familia a quienes la habitan. Y valoramos como propios y entrañables aquellos elementos que le dan forma: su arquitectura, sus calles anchas, sus callejones y sus plazas, los caminos que recorren el campo cercano…
