Pregón de las Fiestas del Cristo de La Laguna 2018 (IV). Por Rosario Álvarez Martínez

Dias Coutinho vivió en La Laguna hasta 1521, fecha en la que fue llamado a Las Palmas por el cabildo de su catedral para construir dos instrumentos para este templo, en el que permaneció unos años como afinador de órganos y relojero. Cuando la catedral decide hacer otros dos instrumentos mayores en 1527, haciendo venir de Flandes a un organero de esa procedencia, Coutinho abandona Gran Canaria y pasa a Lanzarote y Fuerteventura, donde construye sendos instrumentos para sus iglesias parroquiales. Pero poco más tarde, en 1533, lo encontramos de nuevo aquí, en La Laguna, fecha en la que hace testamento y reconoce haber realizado dos órganos para el convento franciscano de San Miguel de las Victorias de esta población, trabajo que aún le debían en la fecha de su testamento. Es, pues, este convento el primero del que tenemos constancia documental de haber encargado dos pequeños órganos a Coutinho, que los hará en colaboración con su hijoBaltasar de Armas, quien adoptó el apellido de su madre, posiblemente por ser su padre judío converso.
Coutinho no solo formó a su hijo en el oficio de construir órganos, sino que también lo enseñóacis instrumentosental de la adquisicitos.l p a tocar el instrumento, de tal manera que al morir lo sustituirá como organero aquí en Tenerife y en otras islas y como organista en la catedral de Las Palmas, donde ejercerá esta profesión hasta su muerte en 1572. A Baltasar de Armas se le deben dos pequeños órganos para la parroquia de la Concepción de esta ciudad-estos sí que están documentados-, que realizó en 1545, así como los del convento del Espíritu Santo de frailes agustinos que entregó en 1548.
Ya más tarde, en 1565, el organero peninsular Francisco Mesquita, de paso por Tenerife, construirá el órgano del convento dominico, de tal manera que los templos erigidos hasta entonces quedarán provistos del tan necesario instrumento. Serán, pues, estos los primeros órganos existentes en La Laguna, que van a llenar de sonido y de música estos recintos con la intervención de los organistas que se irán formando aquí o que vendrán de fuera. En la siguiente centuria se dotarán las iglesias de los conventos femeninos, que por lo que sabemos nopudieron afrontar muchas sustituciones y mejoras, sino tan solo una en el curso de tres siglos.
Sí, en cambio, pudo realizarlo el convento de San Miguel de las Victorias, sede del Cristo, que ya en 1627 apalabra con el organero peninsular Juan Ramírez de Villareal, de paso también por la isla, un instrumento grande con ocho registros, dos de ellos de lengüeta, lo que significaba que la música que se pretendía interpretar en él ya no se limitaría a un mero acompañamiento o a piezas de poco calado artístico, sino a las nuevas obras del Barroco para lo que era necesario entender de registración y combinación de timbres, conocimientos que debía tener el organista. Eran ya nuevos tiempos.
El instrumento de Villarreal, que estuvo en uso durante todo el siglo XVII, fue muy afectado por el aluvión de 1713, por lo que pese a los arreglos que se le hicieron no quedó más remedio que mandar a construir otro instrumento en 1732 con solo seis registros, porque no había más medios económicos en aquel momento. Treinta años más tardeel esclavo del Cristo, Francisco Rodríguez Linares deja a su muerte la cantidad de dinero necesaria para comprar un órgano pequeño que sirva“paralas misas de los viernes, Nombres y demás festividades del dicho Santísimo Cristo”, con independencia de que también los frailes pudieran hacer uso de él en los oficios diarios.
Y con estos instrumentos llegamos a la infausta noche del 28 de abril de 1810, en la que un voraz incendiodestruirá el convento y con él el órgano grandeque estaba en el coro de la iglesia, que fue justamente por donde se originó el fuego, al parecer. Sin embargo, el pequeño debió salvarse, quizás porque se pudo sacar o quizás porque estaba en alguna dependencia que fue menos afectada por las llamas. Lo cierto es que se cita en los inventarios desamortizadores de los años veinte del siglo XIX.
Habrían de transcurrir varias décadas antes de que el nuevo Santuario del Cristo, el actual, fuera dotado con un instrumento en condiciones para ejercer sus funciones dentro de la liturgia. Como puede comprenderse, los avatares que sufrió la comunidad franciscana con la ley de Mendizábal impidieron adquirir para el Cristo un nuevo órgano, por lo que durante décadas debemos suponerque hubo de conformarse con el pequeño instrumento de los años sesenta del setecientos.Será ya en la tardía fecha de 1862 cuando el mayordomo y capellán del Santuario el exclaustrado fray José María Argibayencargue un órgano nuevo a Londres,al taller de William M. Hedgeland, la misma factoría que poco despuésenviaría los instrumentos de las parroquias de Ntra. Sra. de la Luz de Guía de Isora y de San Juan Bautista de la Rambla. Es este el órgano que se encuentra actualmente en el coro de la Iglesia: un órgano pequeño de caja funcional y sin ornamentación alguna, que tan solo cuenta con cinco registros y un pedalero incompleto de 18 notas, por lo que su función se limita a servir de acompañamiento al canto y a interpretar algunas piezas litúrgicas de corto alcance.
Al ser también capellán del convento de las Clarasel mencionado fraileJosé María Argibay, donó a este monasterioel órgano actual construido en 1863, pues veía la falta que tenían las monjas de un buen instrumento para la enseñanza y acompañamiento del canto y por supuesto para la buena consecución de la liturgia. Esta vez se lo encargó al organeromallorquín Antonio Portelly Fullana, que acababa de finalizar el gran órgano neobarroco de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria, que se inauguró en febrero de ese año. El de las Claras lo fue unos meses después, el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción.
