Pregón de las Fiestas de San Juan Bautista 2018. Por Domingo Medina Martín (y VI)

SAN JUAN: UN BARRIO ACTIVO

 Los camiones cargados de caña dulce procedentes de Tejina y Valle de Guerra, entraban por la carretera de Tejina, Sol y Ortega y Juan de Vera, en dirección a la calle de San Juan, donde estaba ubicado el ”trapiche”. Esta actividad empresarial se convertía en una fiesta para los chiquillos del barrio, cuando avisados por alguno de ellos al grito de ”un camión de caña dulce!”, salían corriendo a ver quien era capaz de sacar un trozo de caña de azúcar, tarea bastante difícil, ya que éstas venían muy ajustadas unas con otras, y sin olvidarnos que los camiones estaban circulando.

Más de uno tuvo que visitar la clínica de San Juan de Dios, regresando al barrio con un yeso en alguna de sus extremidades. Otros, por el contrario,  disfrutaban de la dulzura de esta planta. El trapiche de la calle de San Juan era un molino que se utilizaba para extraer el jugo de la caña de azúcar, para posteriormente elaborar el ron, en este caso el famoso ron miel canario. En la parte trasera de esta pequeña fábrica, frente a la calle Morales, estaba el tejar, donde se elaboraban artesanalmente la teja árabe, ladrillos rojos , vasijas, macetas, porrones de agua, etc.  Al lado de la ermita ocupaba un espacio muy grande, desde la Santa hasta la calle Morales, la fábrica de botellas. Fue una empresa pionera en Canarias, hasta tal punto que tuvieron que contratar a varios especialistas procedentes de Asturias para poder poner en marcha tal proyecto empresarial. Al mismo tiempo estos expertos en el arte de soplar botellas formaron al personal, muchos de los cuales eran vecinos del barrio.

 Otra de las industrias que se instalaron en esta parte de la Ciudad fue la de bloques donominada Viblocan, ubicada en un solar muy cerca del cementerio, en el margen izquierdo de la subida hacia la Esperanza. Esta industria fabricaba los bloques con la zahorra procedente de la zona sur de la isla.

Otra de las actividades que durante años desarrolló su producción en el barrio fue Floresta, empresa dedicada al empaquetamiento de flores, con el objeto de exportarlas tanto a la península como al extranjero. Se instaló en este lugar debido a su proximidad al aeropuerto de Los Rodeos. Recuerdo que durante mucho tiempo nunca faltaron flores para la ermita, especialmente claveles,gracias a la generosidad de los responasables de esta esta empresa.

Desde sus orígenes, el popular barrio de San Juan siempre fue un lugar donde el sector productivo lo eligió para elaborar las necesidades de la Ciudad.  Recordamos los molinos de viento que llegaron a funcionar hasta doce simultaneamente, instalados aprovechando los vientos Alisios, en una llanura que empezaba en la calle de San Antonio haciendo frontera natural con el centro de la ciudad, el barranco de Chamarta, hasta la actual calle de Núñez de la Peña.

También se instalaron varios hornos de leña para elaborar pan, carpinterías donde se trabajaba la madera, algunas de forma artesanal. Todo esto sin olvidarnos de las famosas tabernas, lugares de encuentro obligados cuando se acudía a un entierro, después de la despedida en el camposanto, donde nadie se resistia a probar el vino de Vilaflor y las judias de don Pancho, o el vino de Arafo, acompañado por un pedazo de queso blanco fresco de Casa de don Alberto. De todos estos establecimientos ya no queda ninguno, con la excepción de la molineta de gofio, que desde hace más de 150 años es heredera de los antiguos molinos, y que sigue ofreciendo el principal alimento de los canarios, como es el gofio, dándose el caso que actualmrente es exportado a la península y al extranjero.Pasaron los años y poco a poco algunas de estas empresas se fueron deslocalizando y otras sencillamente echaban el cierre. Lo moderno, de forma natural, va sustituyendo a lo viejo: ley de vida.

A modo de epílogo                 

Soy consciente de que no he hablado delas fiestas, pero como dije al principio, los pregoneros anteriores lo han hecho, y muy bien. Aunque brevemente quiero concluir este relato recordando los festejos que durante siglos se celebran en el barrio en honor de San Juan, y que durante muchos años tenían lugar en toda la ciudad. Hoy solo se celebran en el barrio. De aquellos regocijos populares, el investigador lagunero don Julio Torres nos cuenta:” Lo primero que se hacía era adornar las calles con arcos florales y luego instalar luminarias para los paseos nocturnos y verbenas populares. Se preparaban los escenarios y los caballeros, ante las mozas de la ciudad, luchaban, corrian sortijas o jugaban cañas”. También se celebraban las corridas de toros, que no faltaban a las citas festivas. En un principio estos espectáculos taurinos se celebraban en la Plaza Mayor (hoy Plaza del Adelantado).

Más tarde se celebraban en la nueva plaza de toros, construida en la calle San Juan. En esta plaza se llegaron a celebrar corridas taurinas de forma regular, y no solo durante las fiestas del Santo titular del barrio. Llegaron a alcanzar gran esplendor durante el siglo XIX, hasta que se inauguró una nueva construida en Santa Cruz en el año 1893.

 Algo que nunca puede faltar en unas fiestas de San Juan son las hogueras, o mejor dicho, las fogaleras, como decimos aquí. Los chicos del barrio, días antes de la noche del 23 de junio, recorren casas y solares buscando enseres y todo aquello que se quiere quemar. Para este año de 2018, les quiero pedir a todos, niños y mayores, que participemos en una gran fogalera, que se la ofrezcamos a nuestro Santo Patrono, y que reunamos todo lo malo que queremos quemar, como la envidia, la soberbia, la codicia, las venganzas y las malas prácticas que perjudican a nuestros semejantes. No despreciemos esta oportunidad que nos da San Juán para ser felices en un mundo mejor. MUCHAS GRACIAS.

                                                    San Juan, junio de 2018.

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