Pregón de las Fiestas de San Benito Abad. La Laguna 2021. Por Javier de la Rosa

De niño y en la calle de Marqués de Celada donde nací en una casa terrera hubo un muro cuajado de enredaderas donde mi madre tendía las sábanas empapadas en una pastilla de añil. Una vez tocó a la puerta un hombre envuelto en un saco y le pidió a mi madre vestido para su cuerpo y me miraba triste y tiritando de frío ….
La vida era por aquel entonces, difícil y empobrecida por las consecuencias de la guerra entre hermanos que llevó a España a los pies de un camino duro y entreverado con lágrimas y miseria que se iban solventado.
Más arriba de mi casa, pasando por la huerta de las de D. Andrés; la Ermita de San Benito que sobre una placita chiquita y con espadaña blanca de cal refulgía en las mañanas azules. Al lado Seña Concha que rezaba el susto y el mal de ojo, llevándole los pelos del maldecido en cuestión; ella bostezaba y hacía la cruz del Señor.
Y también por los alrededores las Hijas de Linares el fotógrafo que con pasión plasmó los paseos por las calles de charcos, nieblas y fríos y la plaza del Cristo en los fuegos y ruedas de ruletas del destino de las voces y bellezas de la Ciudad de las Vegas entre trigales y amapolas del trono de San Benito el Santo Romero.
Y allá por los años cincuenta una terrible tormenta de aguaceros y barro irrumpía sobre la Laguna, ciudad de agua y neblina, que lastró el tejado de mi casa de Marqués de Celada y derivó en un gran chorro de lodo sobre mi cama.
Y la Natural que también vivió por la Villa de Arriba cerca de la calle Maya, al desembocar, y que murió soltera y sin novio vieja y pintada como una pepona con un pelo blanco que le llegaba a la cintura, a la que su madre decía: En mi hija todo es Natural.
Y así Lorenza la loca que fumaba puros y amiga de Jeromito el mandadero, que dormía en la Funeraria, que estaba en lo bajo de la Casa de doña Luisa Machado y que, mirando desde el piso de arriba por una rendija del piso, una criada, vio como la loca de Lorenza se las entendía dentro de un féretro con Jeromito, y a mitad del acto, ella solemne se levanta y dice: Un momento que en todo trabajo hay un descanso y encendió uno de sus puros.
Y Yo, he nacido en esta Ciudad en la canción del Monte que se diluye en el agua del pozo que ahogó a la novia en el Palacio Lercaro; Ciudad que se diluye en el agua enredada en el suspiro del aire venteando amapolas y el agua de la lluvia muerde el sendero a la escucha del beso de las ranas en la encendida noche de la Fuente Cañizares por la luna de la Vega y en el Patio del Convento de la Iglesia quemada repicando en el orillo de la fuente en la llovizna invernal en el sueño de Galdós en los pétalos de las Camelias.
Yo he nacido en mi Ciudad del agua perdida en los afluentes del tiempo, enajenación que yace en los tiempos paralelos y nace en el suspiro de los dioses, Ciudad de los verodes y las destiladeras gastadas en la orilla del patio de enredaderas y el camino del Ortigal desde azoteas y el de las Mercedes, se alejan desde san Diego del Monte por la vereda Empedrada.
Más allá el correr de la maga tras la guagua y el viejo tranvía cargada a la cabeza con cacharros para la leche que aguaba y el carburo envuelto en un papel bazo. Apesta a pescado salado y se había meado en una esquina, abierta de patas.
Y la castañera abana y el cielo se encapota allá por las Peñuelas. Las luces de la calle Candilas oscilan con el viento haciendo sombras en las paredes desconchadas de las ventas de chochos y moscas.
Pa , san Benito voy víspera de la Romería siguiendo pa`rriba por la calle Maya que casi tropieza con la Ermita del Santo de espigas de oro , pelotas de gofio y vino ; y mi madre asomada al postigo de la noche viendo pasar parrandas y cantos canarios , comiendo cochino asado, chicharrones entre ascuas de tea y el carbón chispeante, pa, las sardinas calientes.
Yo he nacido donde asoma la tierra Lagunera sobre las montañas del Lomo, San Roque, el Púlpito, San Diego del Monte y lirios hacia Tegueste.
Tras la música herida del viento arpeador en las araucarias, la Villa de Arriba se plasma en el dolor del recuerdo y la mansedumbre de la nostalgia que se va hiriendo lenta en el espíritu del Santo de copa de plata con la sierpe del veneno por la beldad del Santo del Campo de la Vega que se muere en la Fuente de las Negras desde lo alto.
Tras la cortina del humo de la leña atardecida confundida, por el clamor de las primaveras en la romanza del trigal que ondula por el Rodeo la Paja hacia Guamasa , hendiendo de paz la bruma que de los Rodeos desplaza, hasta San Lázaro y San Benito, el frío que se aprieta delante de la Ermita del Santo en gotas de serenada .
Amanece el día de la Romería entre colores de rubianas, que se anulan y marchan hacia el verano, en mí se pierde la primera Romería después de siglos en otros despertares. Pasaba por mi casa de Marqués de Celada, sencilla y llena de ganado, danzas entre lianas coloristas y tocados de filigranas de Güimar , saltonas, folías , malagueñas e isas con los niños vestidos de magos del campo con lonas del ocho forradas de cretona.
Carreta de altas nubes la del pajal con Doña Luisa Machado vieja muy vieja ya, cantando folías y derramando gracia y señorío por los años sesenta.
Más allá del tiempo paralelo, otro tiempo donde participaba junto a una parranda, con una cereta llena de frutos y flores vino tinto peleón y papas arrugadas y cherne salado y rosquetes de San Benito de casa Caperrio y al lado un burrito cargado con dos lechones.
Y el trono de San Benito lo llenaba con sus manos,una campesina que en promesa le arrojaba trigo y millo y en otra época , las mujeres hermosas iban portando a la cabeza cestos con estrelizias , rosas y lluvia blanca; abriendo con elegancia la comitiva Romera, con paso de botín con tacón fino y alto, justillo negro bordado de amapolas . Luego las vacas de D. Virgilio el de la calle Maya que arrastraban carretas con plagios de casas canarias con alpende y viñas colgadas del parral, vino a raudales; asados y pescado salado, huevos duros y la alegría de las hembras y varones de esta Vega y de la Ciudad adoquinada.
Todo es un tumulto de imágenes de mi juventud que se dormía en los laureles de indias de la plaza de la Ermita, de las promesas de cera de los enfermos curados; del agua bendita y el olor a los panes santiguados ; pues San Benito desde su plaza chiquita de turroneras y ventorrillos y ruedas de fuego salía sobre las tantas de la noche hacia la Concepción desde donde acudía al otro día con su Romería cuajada de enredaderas , patios de buena sombra;gánegos y carretas de cartón piedra, remedando la reyerta de la riqueza del campo con el cielo turquí intenso , de los rayos del fulgor del sol dorado de La Laguna en Fiestas.
Solía pasar la Fiesta Romera por delante del Cabrera Pinto por la Calle de San Agustín, donde la Fuente bebe entre acantos, papiros y palo santo, un vergel de palmas de fina cintura y camelias muy antiguas, donde aún percibo el frescor de mi garganta llamando a mi compañero de estudios y esperando al primer amor junto a las rosas lívidas, que describe Dulce María Loínaz como las más hermosas del mundo. Y sigo aguardando los pasos apagados de la llama ardida de mi juventud perdida junto a las camelias que han caído al suelo; rendidas.
Y, Yo he nacido en este Lugar de Conventos y Santos Celaje de mar olvido
Del trigo viento Rosa blanca doliente
Azul vagando en la recta Línea de sol y acequia Camino tibio susurro, Canto del drago pájaro Que vuela sueños
Timple de dedos mágicos Senderos.
Me hablas siempre, me hablas Te siento sin voz
Y me hablas
Mutismos de oro caliente, Recojo tu nombre de agua Ciudad, acallando el día En ese fuego relente Rutilante gota,
Se apaga te agoniza la luz Pura se duermen retamas Amarillas, las flores
Se deshojan a tu paso Ciudad sola
Dormida de hojas;
La Laguna mordiendo la aurora.
JAVIER DE LA ROSA
