Pregón de las Fiestas de San Benito Abad 2025 (II). Rosa María Aguilar Chinea

Este pregón es para ellas. Para las mujeres que se quedaron. Mientras muchos partían en busca de futuro, ellas se aferraban al presente.

Se quedaban con la tierra, con los hijos, con los animales y las semillas. Bordaban, sembraban, recogían, rezaban, esperaban. Y sin más reconocimiento que el que cabía en una mirada, mantuvieron encendido el hogar, fértil el campo y un plato caliente al final de cada día.

Sus nombres no están en los libros, pero sí en la memoria de cada surco, de cada fiesta y de cada canto.

Mi madre fue una de ellas.

Y me enseñó a querer la tierra como se quiere a una madre: con respeto y con trabajo. Me enseñó también a querer las matemáticas y la ingeniería, porque en casa siempre convivieron el amor por la tierra y el saber. Porque los canarios somos eso: gente de tierra… y de saber.

Y si hay un lugar que encarne esa unión es esta ciudad de San Cristóbal de La Laguna, tierra fértil y cuna del conocimiento, con su universidad centenaria. Tuve el honor de ser rectora de nuestra Universidad de La Laguna, y sé bien que en sus aulas, como en sus campos, también se cultiva el futuro.

Durante siglos, especialmente en el siglo XVIII, muchos hombres canarios partieron hacia América, dejando atrás sus casas, sus campos… y sus familias.

La partida era, casi siempre, indefinida. Una promesa incierta. Y en esa espera, la vida tenía que seguir. Entonces, fueron ellas —las mujeres— quienes se quedaron. Se quedaron con los niños pequeños, con los animales, con los surcos por sembrar y el agua por acarrear.

Se quedaron en pueblos enteros habitados por “mujeres solas” o “casadas sin maridos”, como recogen los documentos de la época. Y sostuvieron el mundo. Sin pedir permiso ni pausa. Sin otra opción que resistir.

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