Pregon de la Semana Santa de La Laguna 2015 (y III). Por Francisco González de Aledo y Buergo

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(…) Y hay otra tercera faceta que también debe ser meditada en nuestro colectivo, que se puede definir como evangelizar con la palabra. A las Hermandades se suelen acercar, en algún momento de la vida, personas que no tienen mucho contacto con la Parroquia, ni con movimientos de la Iglesia, siendo la Cofradía así el único vinculo religioso. Pues bien, debemos en primer lugar no criticar ni dejar que se critique a esas personas, sino todo lo contrario, intentar que no abandonen a las primeras de cambio desilusionadas, y en la medida de lo posible, tratar de avivar una fe que quizás esté dormida, casi apagada, pero no muerta del todo. La tarea no es fácil ni mucho menos, pues todos sabemos en estos tiempos cuales son desgraciadamente nuestras prioridades, pero por lo menos debemos intentarlo.
El Cofrade tiene que dar testimonio, tiene que defender la familia, la vida, defender la dignidad de la persona, además de una vez al año salir a la calle para dar testimonio de su fe.

Tenemos que ser capaces de conseguir que la juventud se implique, y nosotros con ellos, para el relevo generacional que por fuerza tiene que producirse.

Hay que impulsar a los jóvenes, pero este impulso necesita un detonante y este lo tenemos que poner nosotros con la ilusión, con la misma ilusión y entusiasmo con el que nos entregaron a nosotros el testigo, movidos sin duda por la fe, la fe cristiana que es la verdadera impulsora de nuestra Semana Santa. Hacerlo bien es garantía de continuidad.

En aquellos lugares donde no existen Cofradías ni Hermandades, la Semana Santa esta más secularizada, hasta más vacía de contenido cristiano que en aquellos otros sitios donde llenan sus calles con una imagen de la pasión de Cristo. Gracias a las Cofradías aprendimos de la mano de nuestros padres como sucedió, paso a paso, la pasión y muerte del Señor y quienes fueron y cual fue el papel de cada uno de los protagonistas en aquel drama santo. Posiblemente, en los tiempos que corren, de no ser por esto, muchos ignorarían esta historia del amor inmenso de Jesucristo a los hombres.

Repito por tanto que lo que entendemos como piedad popular no debe ser ignorada, ni tratada con indiferencia o desprecio desde ningún sitio, pues como afirma nuestro querido Papa Francisco es una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia, pero también añade algo importante: No nos conformemos con una vida cristiana mediocre, sino que nuestra pertenencia sea un verdadero estimulo. Por tanto, miremos en nuestro interior, seamos sinceros con nosotros mismos y llegaremos a la conclusión de que algo más se puede hacer.

Porque los que participamos en la Semana Santa, seamos jóvenes o no, somos ante todo Iglesia, pero también la misma Iglesia ha de sentirse y ser cofrade a nuestro lado. Juntos hemos de caminar siendo conscientes de la crisis, no solo social, sino también de espíritu que nos acompaña. Abramos pues los ojos, no nos encerremos en el pasado y sigamos construyendo bajo un mismo cimiento la Iglesia y las Cofradías del futuro. Este trono lo tenemos que llevar entre todos. Por eso, nuestra responsabilidad radica, precisamente, en que este encuentro que estamos a punto de vivir un año más, no se quede en una simple manifestación externa, sino que seamos capaces de conectar a toda una ciudad con el misterio de la fe.

Este pregón también está dedicado a los cientos de hombres y mujeres anónimos que nunca tendrán la oportunidad de exponer y compartir en público sus vivencias sobre la Semana Santa, que no serán Hermanos Mayores de sus Cofradías ni pertenecerán a sus Juntas de Gobierno, ni a lo mejor serán cofrades ejemplares, pero que llevan años y años escribiendo la página de devoción y cariño más sincera de esta bendita Ciudad y su Semana Santa.

Y al hilo de lo que antes comentaba sobre los más desfavorecidos y necesitados, creo que se hace imprescindible en esta antesala de la Semana Santa recordar y hacer una reflexión ante el sufrimiento y pasión, igual que Cristo, que están hoy en pleno siglo XXI padeciendo millones de cristianos. La persecución violenta que hoy en día sufren los cristianos de todo el mundo sólo a causa de su fe.

Cuando ves las noticias escalofriantes y lees datos sobre este drama humano, que reflejan que el numero de perseguidos en el mundo oscila entre los cien y ciento cincuenta millones de personas, se te ponen los pelos de punta. Detrás de esas horribles cifras se esconden vidas humanas, historias personales, rostros concretos, hombres y mujeres. Detrás de esa escalofriante cifra hay perseguidores y perseguidos, carniceros y victimas; el hombre es el enemigo peor entre sus iguales. Esto es tan cierto que hasta San Pablo fue un ferviente perseguidor de los cristianos, hasta su conversión.

El Papa Francisco afirmó estar convencido de que la persecución contra los cristianos es hoy más fuerte que la vivida en los primeros siglos de la Iglesia. Se persigue en Asia, en África, en Oriente Medio y en otros muchos sitios más, y lo que es peor queridos amigos, según los datos e informes actuales, a pesar que la persecución en 2014 contra los cristianos alcanzó niveles históricos, lo peor está aún por venir. Se están convirtiendo en victimas por la intolerancia, la sinrazón y la violencia que no cesa.

Ejemplos recientes incluyen encarcelamientos, torturas decapitaciones, perdida de hogar y de bienes. ¿Les suena a ustedes esto de algo con lo que vamos a recordar en unos días, la pasión de Jesucristo?.

La pasión de Jesús es dolor físico, es sentir angustia, es sentirse abandonado, sentirse victima de una injusticia, es sentir el desprecio y la humillación. Todo esto es la pasión, y todo esto continúa sufriéndose hoy en el mundo.

Pero en este periodo de Pascua, ojalá permita también soñar y esperar que al final el mal no tenga siempre la última palabra. Nos disponemos en breve a celebrar en nuestra querida Laguna el misterio de la Pascua en nuestras Iglesias, en nuestras calles, estamos un año más invitados a vivirla con intensidad y ardor, pero también con coherencia cristiana, tratando de encontrar razones para la vida y la esperanza. Es una buena oportunidad para detenernos un poco en la rutinaria vida que llevamos, donde la imagen y la superficialidad se apoderan de todo. No nos encerremos en nosotros mismos, no perdamos la confianza, nunca nos resignemos. ¡¡Jesús no está muerto, ha resucitado!!. El Santo Padre nos recordaba que los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana, tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura, y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí al que vive.

Hace unos dos mil años que aconteció todo lo que nos disponemos a celebrar. Lo que ahora hacemos es sencillamente actualizar la historia, de múltiples formas y maneras, con respeto a lo plasmado en el Evangelio, con devoción y sentimiento. Nuestra Semana Santa, la que celebramos en La Laguna y la que se celebra en todos los rincones del mundo, es una manifestación de lo que creemos y vivimos, por tanto no debemos entenderla sólo como meros personajes que mantenemos vivas las tradiciones.

Voy terminando amigos, pues no quiero cansarles. Me he preguntado a veces si como hacemos en las fiestas navideñas también en la Semana Santa podemos felicitarnos unos a otros con cariño y afecto. ¿Porqué no?. Conmemoramos y recordamos lo que Jesús padeció, su sufrimiento, su dolor, el escarnio publico al que fue sometido hasta su muerte en la cruz, lo que indudablemente genera sentimiento de pena y profunda tristeza.

Pero ciertamente, lo importante de este tiempo no es solo recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender que murió y resucitó. Y es que la Pascua que celebramos año tras año no es un final, sino, sobre todo, como el principio de una vida nueva. No nos quedemos indiferentes ante esta buena noticia, y que la Semana Santa no sea un espacio solo para el descanso o la evasión. Cada uno de nosotros tiene que comunicar a los demás esta buena noticia, y lo haremos si vivimos una vida con coherencia y alegría. La vida Cristiana y la alegría son dos realidades íntimamente unidas. Eso significa despertar en el corazón tantas esperanzas, especialmente en la gente humilde, simple, olvidada. Se nos recuerda continuamente que no seamos hombres y mujeres tristes: Un Cristiano jamás puede serlo.

Experimentar la alegría constituye un desafío para las personas en esta nuestra sociedad moderna. En un mundo lleno de profundas divisiones y rupturas, de injusticias, de persecuciones, donde miles de rostros son elocuente testimonio de una profunda desesperanza y tristeza, existe aun un lugar para la alegría. La búsqueda de la alegría por el hombre está tan arraigada en su corazón como la búsqueda de sentido a la propia existencia. Alegraos los que no tenéis complejos para expresar vuestra fe, con el ejemplo de vuestra vida, en la sociedad, en el trabajo, en la familia. El creyó que merecía la pena entregarse por cada uno de nosotros, y lo hizo por amor.

La próxima Semana Santa demos gracias al Señor por ser unos privilegiados viviendo esa gran fiesta que El mismo nos regaló. La fe, la devoción y la emoción manifestadas de la forma más bella posible en el marco de esta Ciudad única.
Cuando se recibe un encargo como el que he tratado de cumplir con todos ustedes, son muchos los recuerdos y sobre todo las personas que se agolpan inevitablemente en la cabeza, se repasa toda una vida y uno piensa en sus padres y hermanos, que seguro estarán siguiendo y disfrutando de este pregón desde el mejor palco posible, el cielo, personas con las que en un tiempo no tan lejano formaba una gran familia que me enseñó a conocer y querer la Semana Santa y también a conocer y querer a esta maravillosa ciudad de La Laguna.

He querido compartir con ustedes, desde mi miseria y desde mi imperfección, lo poco que sé de la Semana Santa y algo de mis vivencias y sentimientos. Y lo he hecho como he querido, como he sabido y como he podido.

Por todo ello amigos, feliz y alegre Semana Santa, y si me lo permiten las demás Hermandades y Cofradías, que seguro que si, que el Santísimo Cristo de La

Laguna les acompañe siempre, les proteja y les bendiga. Muchas gracias.

Francisco Gonzalez de Aledo Buergo
La Laguna, 19 de Marzo de 2014

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