
Extraordinarios retratos de don Antonio Porlier y Sopranis y su esposa doña María Jerónima Daoíz y Guendica, pintados por Francisco de Goya.
D. Antonio Porlier y Sopranis, I Marqués de Bajamar, pertenece, por su edad, a la que podríamos llamar segunda generación de ilustrados, a aquel grupo de hombres que, nacidos en el primer tercio del s. XVIII, se caracterizaron por sus afanes reformistas.
Pero a su etapa de gobierno llegó tarde, con bastante retraso cronológico, por haberse hallado ejerciendo de jurista en Indias cerca de veinte años. Ello hace que su incorporación a las tareas políticas en la metrópoli se produzca cuando se acerca a los sesenta años y se está ya en el último cuarto de siglo.
Sexto hijo de D. Esteban Porlier y Du-Ruth y Dña. Rita Sopranis Dutari, nació el 16 de abril de 1722, en la casa número 54 de la lagunera calle de La Carrera.
Conoció Porlier hasta seis reinados, cinco de la casa de Borbón y el de José Bonaparte. Si bien cuando muere Felipe V, en 1746, sólo cuenta Porlier veinticuatro años y estudia en la Universidad de Salamanca, sirvió y recibió honores de todos los demás. Así, Fernando VI -durante cuyo reinado escribiría varios trabajos sobre Canarias- le nombró, en 1757, Fiscal Protector de Indios; Carlos III le hace, en 1765, Oidor de las Audiencias de Charcas; dos años más tarde, Fiscal de la de Lima; y en 1773, Fiscal del Consejo de Indias.
De regreso a Madrid, le nombra miembro de la Cámara de Indias, donde viene a coincidir con Huerta, Machado Fiesco, lriarte, etc.
En 1787 es nombrado ministro del despacho de Gracia y Justicia de Indias, en cuya etapa consigue para Tenerife el Jardín Botánico. Muerto Carlos III, su hijo Carlos IV le lleva a los máximos cargos y honores: Consejero de Estado, en 1789; Ministro de Gracia y Justicia de España e Indias, en 1790; Marqués de Bajamar, en 1791; Gran Cruz de la Orden de Carlos III, en 1792.
Cuando cae Floridablanca, Carlos IV le releva del ministerio y le nombra Gobernador del Consejo de Indias. Tiene nuestro hombre setenta años y él mismo se considera ya fuera del juego de la Corte. No quedan de esta etapa sus Discurso exhortatorios, que año tras año a pronunciando, entre 1793 y 1805.
En 1807 Bajamar cree despedirse de la vida pública: en mayo concluye su Autobiografía; en septiembre fecha la Relación puntual de su paso por el Ministerio. Cuenta ochenta y siete años… Pero otra cosa le tenía reservada el destino.
Los sucesos se precipitan y encadenan, y entre ellos queda cogido el Marqués de Bajamar. Del proceso de El Escorial pasamos al Motín de Aranjuez. De las renuncia reales de Bayona al Dos de May madrileño. Bajamar jura ante el Rey José en Madrid con el Consejo de Estado; pero después de Bailén, con el propio Consejo presta juramento a Fernando VII, afinales de septiembre.
La presencia de Napoleón en Chamartín y la capitulación de Madrid, a primeros de diciembre determinan el definitivo afrancesamiento de nuestro personaje.
Vuelve al Consejo de Estado «josefino». Se le sanciona por la Junta Suprema, instalada en Sevilla: con él, aunque mucho más comprometidos con José, se encuentran Estanislao de Lugo y Bernardo Iriarte, que habrán de seguir el camino del exilio y morir fuera de España.
Bajamar no. En primer lugar, no sigue a José en sus marchas de Madrid; y cuando se produce la de agosto de 1812, después de la batalla de Los Arapiles, da por c1ausurada su actuación pública, se mete en su casa y el 8 de febrero de 1813 fallecerá.
De la extensa biografía de este activo personaje, sólo podemos extendermos en algunos puntos.
