Poemas y fotos a La Laguna en septiembre: «Tríptico de La Laguna». Emeterio Gutiérrez Albelo

Una imagen de nuestro director Julio Torres con el Cristo de La Laguna. (Foto: Rueda)
Tríptico de La Laguna
I
La luz de la verdad lacté en tu seno,
que me ofreció su claridad nutricia;
y en tu mirada de Palas, la leticia
para mi afán, aún al dolor ajeno.
Yo era entonces, Señora, puro y bueno;
y en tu pompa solar, catedralicia,
se anegaba el candor de mi puericia
como un vitral de resplandores lleno.
Toda el alma se abría a tus fulgores,
o arropaba sus líricos temblores
en la hopalanda gris de tus neblinas.
Y en fuga el corazón, buen estudiante,
se me echaba a volar, a cada instante,
por la paz de sus aulas campesinas.
II
Yo soy también el díscolo trovero
que despreció tus normas magistrales,
tu canon de quietud, tu orden austero,
y tu ley de destinos inmortales.
Yo soy aquél, aquel mozo altanero,
de labios desdeñosos y sensuales,
y cuyo audaz y torpe cancionero
atrancaba tus altos ventanales.
Malgastando mi lírico dinero,
transformando en basura mis caudales,
me alejé del santuario verdadero;
y esgrimí, profanando sus viales,
el diabólico fruto, el hervidero
de los siete pecados capitales.
III
Tanto corrí, Señora, y tan sin tasa
danzó mi vida bajo un sol demente,
que en mi pecho se heló la ardiente brasa,
y un arado fatal surcó mi frente.
Pero ahora otro fuego me traspasa;
y al bañarme de nuevo en tu corriente
mi corazón, Señora, entra en tu casa
igual que en la parábola, el ausente.
Mi corazón, Señora, recobrado,
palpita como nunca ha palpitado;
y hoy que a tu tierna recepción asisto
– aunque esté, ya lo ves, maltrecho y roto –
se lo voy a ofrecer – como un exvoto –
a las plantas sangrantes de tu Cristo.
