Poema a la Romería Regional de San Benito Abad

Ya despierta la mañana
con perfume de romero,
y La Laguna se engalana
para abrazar a su patrono labrador primero.
Repican las campanas viejas,
canta el timple en el umbral,
mientras las siete islas llegan
vestidas de identidad.
Bajo sombreros de palma,
con el lino y el calado,
camina un pueblo que guarda
la memoria del pasado.
Van las carretas floridas
entre coplas y emoción;
cada rueda lleva escrita
una historia y una oración.
Se derrama el vino nuevo,
huele el gofio al compartir,
y en cada abrazo del camino
renace el arte de vivir.
No hay fronteras en la fiesta,
solo un mismo corazón;
Canarias entera se encuentra
al compás de una canción.
San Benito, santo bueno,
centinela del sembrador,
bendice el surco y el viento,
la espiga, el fruto y la labor.
Haz que nunca se marchiten
las costumbres de esta tierra;
que el folclore nos reúna
y la esperanza nos sostenga.
Porque esta romería santa
no es tan solo una tradición;
es el alma de un pueblo entero
caminando en procesión.
Es la voz de los mayores,
es la risa del zagal,
es la herencia que recibimos
para nunca olvidar.
Que resuene la isa alegre,
que la folía vuelva a andar;
que las chácaras y el timple
nos enseñen a soñar.
Y cuando el sol ya decline
sobre el cielo lagunero,
quedará en cada mirada
el milagro verdadero:
que mientras viva San Benito
en el pecho del canario,
vivirá la Romería Regional,
orgullo de nuestro calendario.
Y cada julio, agradecidos,
volveremos a cantar,
porque un pueblo que honra sus raíces
jamás dejará de florecer.
