Perspectivas del Carnaval: circular de un Gobernador Civil de los de Franco (I). Por/Julio Torres Santos

Dicen que «para gustos hay colores», que «todo depende del color del cristal con que se mire»,…Indiscutiblemente de muy diferente tonalidad debía ser el monóculo de quienes escribieron los artículos de prensa que rescatamos en estas páginas y que aportan puntos de vista, sin duda discrepantes, sobre los carnavales en los años sesenta.
¡Chicharreros ya llegaron las fiestas de invierno! y los demás brazo en alto preguntaban ¿lloverá?
El primero es la «circular sobre las Fiestas de Invierno» que dictó, el 14 de febrero de 1963, el entonces gobernador civil, Manuel Ballesteros Gaibrois.
Comienza ésta por dejar abiertamente patente la concepción que de las eufemísticamente denominadas «fiestas de invierno» tenia la autoridad «competente» (permítanos entrecomillar el apelativo).
«Compitiendo a la Autoridad, como recordaba en su exhortación pastoral el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de la Diócesis, la represión de la inmoralidad pública y urgir eficazmente las leyes que la salvaguardan. muy especialmente las que tratan de amparar la inocencia de la niñez y la cristiana formación de la juventud, consecuentemente con tal criterio y. como en años anteriores, ante el temor de que, por personas desaprensivas, sea utilizada la celebración de las Fiestas de Invierno para exteriorización de manifestaciones contrarias a la moral y a las más elementales normas estéticas, he dispuesto lo siguiente:» Vistas así las cosas, aquéllos neófitos carnavales parecían ser el arquetipo de la inmoralidad, la desverguenza, el desenfreno y la lujuria. El comienzo parece, pues, prometedor y despierta nuestra curiosidad: ¿qué podían hacer nuestros predecesores en aquellas fechas que fuese merecedor de tal calificación? Sigamos, pues, leyendo.
«1°.- Se prohibe rigurosamente la presencia en las vías públicas y lugares donde se celebren los festejos, de personas ataviadas con trajes deshonestos o de mal gusto, especialmente aquellas que vistan con prendas o trajes de otro sexo, las cuales serán inmediatamente retiradas de la vía pública y sancionadas en proporción a su conducta.» ¡Qué desilusión! ¡Ahí es nada! Resulta que esas actitudes inmorales, de las cuales hay que proteger a los inocentes infantes y a la formación cristiana de la juventud encuentran su máxima expresión en lucir «trajes de otro sexo». Ello. de por sí ridículo. se hace más irrisorio si ponemos la vista en los actuales carnavales -¡si el Sr. Ballesteros levantara la cabeza!. Pero, sigamos.
«2°.- La presencia en las calles de personas luciendo trajes de fantasía, sólo se tolerará en cuanto ello sea consecuencia de su traslado a los lugares donde se celebren los festejos o reuniones que hayan sido previamente autorizados».
Es decir, descaradamente, el gobernador civil establece toque de queda para todos aquellos osados impúdicos que vistan trajes propios de otro sexo. Nos preguntamos: ¿podrían las féminas llevar pantalón?
«3°.- Las asociaciones, círculos de recreo, etc., que deseen organizar festejos o reuniones deberán solicitar la oportuna autorización de este Gobierno Civil, que la concederá en cada caso, previas las informaciones que estime oportunas. Las directivas de las citadas asociaciones, así como las personas organizadoras de estos festejos, serán subsidiariamente responsables de la presencia en los mismos de personas que vistan trajes deshonestos o de mal gusto, debiendo adoptar las medidas precisas para impedirles su acceso».
Pasmo absoluto. Ni siquiera entre las paredes ocultadoras para la inocente niñez de tales impúdicas vestimentas era posible lucirlas.
¿Pero no se trataba de proteger a nuestro infantes? Por si había alguna duda, queda claro que tan loables intenciones ocultaban otras menos confesables que. creemos. se hacen obvias en lo que sigue.
«4°._ El gran número de extranjeros que actualmente son nuestros huéspedes como turistas, y la posible presencia de otros que acudan impulsados por la publicidad que se ha dado de la celebración de estas Fiestas de Invierno, hace preciso emplear el máximo rigor para corregir a aquellas personas desaprensivas que utilicen la ocasión para hacer ostensible sus sentimientos de grosero mal gusto, evidenciando un proceder antisocial, que irá en menoscabo de nuestra proverbial hospitalidad, por lo que los mismos serán sancionados en uso de las facultades que la legislación me otorga a tales fines».
En definitiva el objeto de la circular no es otro que impedir que «algunos» se amparasen en la excusa del carnaval para «hacer ostensibles sus sentimientos de grosero mal gusto», sentimientos, por otra parte «antisociales». Es, pues, evidente qué y a quíenes se intentaba reprimir. Eso, y no simplemente lucir vestimenta de otro sexo es lo que constituye la «conducta inmoral» objeto y base de la circular que concluye con lo que sigue.
«Espera este Gobierno Civil del reconocido espíritu cívico de los habitantes de esta provincia, y está seguro de ello, que no se dará lugar a la utilización de las medidas represivas indicadas, desarrollándose las tradicionales Fiestas de Invierno con ejemplar corrección, y conforme corresponde a la habitual manera de ser de sus habitantes.
Lo que se hace público para general conocimiento y efectos consiguientes.
Nota:Cualquier parecido con la actualidad, es mera coincidencia ….
