«Momias guanches en el destierro» (y IV), por Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín y Mercedes Martín Oval

Momia masculina que se encontraba en Necochea (Argentina). Llama la atención la postura flexionada.

(…) Igualmente, aunque en menor proporción que en Europa, en el Nuevo Mundo han existido y aún existen en algunos lugares momias de origen guanche. Así, en el Museo de Ciencias Naturales de Necochea (ciudad balneario de la Provincia de Buenos Aires, Argentina) se exponían dos momias, un varón robusto de menos de 30 años de edad que falleció por las complicaciones de una sinusitis frontal y una mujer de unos 20 de muy corta estatura. Ambas fueron restituidas al Museo Arqueológico de Tenerife en 2003 – tras un convenio firmado entre la Municipalidad de aquella ciudad y el Organismo Autónomo de Museos y Centros del Cabildo de Tenerife, con el visto bueno de las autoridades provinciales de Buenos Aires y el Gobierno Argentino – siendo esta la primera restitución a Tenerife de restos humanos de la Cultura Guanche en la historia. A su regreso a casa fueron estudiadas por el propio museo y el Instituto Canario de Bioantropología con tecnología de vanguardia. Las dos momias pertenecían – junto con otras dos – en origen a la famosa Colección Casilda (apodo de su dueño, Sebastián Pérez Yanes), en Tacoronte, y fueron vendidas a finales del siglo XIX a unos ciudadanos argentinos tras la muerte del fundador. Ya en Argentina fueron depositadas en el Museo de La Plata (donde aún se conserva una momia procedente de Gran Canaria con su yacija de juncos y también procedente de la colección de Tacoronte) y de ahí, no se sabe muy bien por que extraña razón, fueron a parar a Necochea. De la cuarta momia de Casilda nada se sabe en la actualidad.

El Redpath Museum de la Universidad de McGill (Montreal, Canadá) conserva otra momia (signada como RED – 1) procedente del Barranco de Santos (Santa Cruz de Tenerife), en bastante mal estado de conservación, que fue llevada a dicha institución por el médico y anticuario británico E. I. Lambert en 1892 junto con al menos una docena de cráneos momificados y algunos objetos arqueológicos. Entre 1990 y 1992 fue estudiada por un equipo canadiense – norteamericano que observó que se trataba de un hombre de 35 – 39 años de edad y 1.62 – 1.65 metros de estatura, cuya dieta se basaba fundamentalmente en productos con alto contenido proteico, en menor proporción vegetales y menos aún alimentos de origen marino – al igual que sucede con la práctica totalidad de las momias guanches que muestran una dieta con mayor contenido proteico – calórico que la población no momificada. El hallazgo más importante, en aras de aclarar aún más el método de momificación guanche, fue la presencia de un musgo, Neckera intermedia, que tiene propiedades antisépticas lo que favorecería dicho proceso (este musgo fue también detectado en la momia masculina procedente de Necochea, Argentina).

En los Estados Unidos, que se sepa, ni existen ni han existido en el pasado momias guanches pero sí una relativamente importante colección de restos esqueléticos llevados por Earnest Albert Hooton al Peabody Museum of Archaeology and Ethnology (Harvard University, en Cambridge, Massachusetts) – camuflándolos con huesos de animales, tras haber sido advertido por el gobernador de que no podía sacarlos de la isla. Hooton sería un poco más tarde considerado como uno de los más grandes antropólogos físicos norteamericanos del siglo XX. Siendo aún muy joven realizó una estancia en Canarias durante unos meses del año 1915 para estudiar la población aborigen en el marco de un proyecto que pretendía estudiar la antropología y arqueología de todo el norte de África y Asia Menos dirigida por Oric Bate, primer historiador especializado en África del Peabody. El proyecto sería abortado por el desarrollo de la I Guerra Mundial pero eso no impidió que Hooton pudiera escribir una de sus obras más importantes The Ancient Inhabitants of the Canary Islands (1925). Sirva esto de muestra de que no solo han salido momias, también es ingente la cantidad de elementos antropológicos y arqueológicos que han sido expoliados de nuestro archipiélago a lo largo de los últimos cinco siglos.

Como hemos podido observar a lo largo de este relato, la salida, el expolio, de restos momificados y esqueléticos de nuestros aborígenes, de los guanches, ha sido una constante desde casi el mismo momento de la conquista hasta la mitad del siglo pasado. En esta relación se han comentado solamente aquellos casos que se encuentran documentados con mayor o menor profundidad pero podemos estar seguros que fueron muchísimos más los que terminaron lejos de su tierra. El Cabildo de Tenerife, a través del Organismo Autónomo de Museos y Centros, ha conseguido, como hemos comentado, la restitución de algunos de ellos y para lograrlo contó con la colaboración y el benplácito de las instituciones que los conservaban. Lamentablemente, en otros casos la respuesta fue negativa y, en la mayoría, nunca se obtuvo ni siquiera respuesta a la petición de información sobre nuestros desterrados ancestros … pero algún día regresarán a su tierra, a la tierra de la que nunca debieron salir.

Conrado Rodríguez-Maffiotte Martín, Director del Instituto Canario de Bioantropología y del Museo Arqueológico de Tenerife

Mercedes Martín Oval, Técnico Superior del Instituto Canario de Bioantropología

MUNA, Museo de Naturaleza y Arqueología

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