Maximino Caballero: “La transparencia es necesaria para la credibilidad y sostenibilidad de la Iglesia”

El prefecto de la Secretaría para la Economía de la Santa Sede defiende la reforma financiera impulsada por el Vaticano y destaca el papel de España como segundo contribuyente al sostenimiento de su misión

La reforma económica emprendida por la Santa Sede en la última década ha supuesto un profundo proceso de transformación orientado a reforzar la transparencia, la rendición de cuentas y la profesionalización de la gestión. Así lo defendió Maximino Caballero, prefecto de la Secretaría para la Economía, durante el encuentro Gobernar lo universal. La gestión económica de la Iglesia católica en el siglo XXI, celebrado en el marco de las actividades previas a la visita del Santo Padre a España.

En conversación con Yago de la Cierva, coordinador nacional del Viaje Apostólico de León XIV a España, Caballero subrayó que la necesidad de impulsar esta reforma surgió en gran medida como respuesta a diversos escándalos financieros que “han hecho muchísimo daño a la Iglesia”. Por ello, insistió en que “la transparencia es necesaria para tener credibilidad y sostenibilidad”, tanto dentro como fuera de la institución.

Primer laico en dirigir la Secretaría para la Economía, Caballero destacó que uno de los pilares fundamentales de la reforma ha sido profesionalizar la gestión económica. Según explicó, la creciente complejidad de la administración de los recursos de la Santa Sede exige contar con personal especializado, estructuras de control sólidas y procedimientos cada vez más rigurosos.

Asimismo, atribuyó buena parte de este proceso de modernización al impulso del papa Francisco, de quien destacó su decisión de eliminar determinados privilegios económicos y promover una cultura de gestión más responsable y eficiente.

Al referirse al futuro de la reforma, reveló que en una conversación mantenida con León XIV sobre los desafíos pendientes, el Pontífice fue claro: “No podemos volver atrás”.
Una economía al servicio de la misión de la Iglesia

Más allá de los aspectos técnicos relacionados con la gobernanza financiera, Caballero quiso destacar el sentido último de la actividad económica de la Santa Sede: servir a la misión evangelizadora y pastoral de la Iglesia.

“La Santa Sede debería gastar lo máximo posible para cumplir su misión. El problema no es gastar; el problema es derrochar”, afirmó. Con estas palabras quiso recordar que la institución que asiste al Papa en el gobierno de la Iglesia universal no puede evaluarse únicamente con criterios empresariales ni persigue la obtención de beneficios económicos.

Los recursos de la Santa Sede permiten sostener el trabajo de los dicasterios de la Curia romana, la red diplomática presente en numerosos países, los medios de comunicación vaticanos y múltiples iniciativas pastorales, caritativas y de apoyo a las Iglesias locales. “Cuanto más podamos hacer para cumplir esa misión, mejor”, señaló.

Más allá de los aspectos técnicos relacionados con la gobernanza financiera, Caballero quiso destacar el sentido último de la actividad económica de la Santa Sede: servir a la misión evangelizadora y pastoral de la Iglesia.

“La Santa Sede debería gastar lo máximo posible para cumplir su misión. El problema no es gastar; el problema es derrochar”, afirmó. Con estas palabras quiso recordar que la institución que asiste al Papa en el gobierno de la Iglesia universal no puede evaluarse únicamente con criterios empresariales ni persigue la obtención de beneficios económicos.

Desde esta perspectiva, explicó que el déficit que presentan habitualmente las cuentas de la Santa Sede debe entenderse a la luz de las responsabilidades que tiene encomendadas. Los ingresos no siempre son suficientes para cubrir todas las necesidades derivadas de su actividad, reconoció, aunque insistió en que la finalidad de la institución no es acumular beneficios, sino disponer de los recursos necesarios para desarrollar su misión.

España, entre los principales apoyos de la Santa Sede

Al abordar las fuentes de financiación de esta actividad, Caballero explicó que aproximadamente el 75 % de los ingresos de la Santa Sede procede del rendimiento de su patrimonio inmobiliario y financiero. El resto proviene de las aportaciones realizadas por fieles, diócesis e instituciones de distintos países.

En este contexto, destacó el compromiso de España, que actualmente se sitúa como el segundo mayor contribuyente a la Santa Sede, solo por detrás de Estados Unidos. Las aportaciones de diócesis, instituciones y benefactores españoles contribuyen de forma decisiva al sostenimiento de los organismos que colaboran con el Papa en el gobierno de la Iglesia universal, así como a numerosas iniciativas pastorales, diplomáticas y caritativas en todo el mundo.

El prefecto quiso reconocer especialmente la generosidad de los donantes, incluidos aquellos que colaboran con pequeñas aportaciones a través del Óbolo de San Pedro. “Lo que más me conmueve es la generosidad de las personas”, afirmó, poniendo en valor el compromiso silencioso de miles de fieles que sostienen la misión de la Iglesia más allá de las cifras y los balances económicos.

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