María Concepción Brito Núñez Alcaldesa de la Villa Mariana de Candelaria nos invita a participar de las Fiestas de la Patrona de Canarias

¡Vamos a ver a la Virgen!
Pocas fechas del año convocan a tanta gente diversa en el mismo lugar durante tan pocos días. Habrá llegado la globalización y la era digital que algunos aseguraban venía para deshumanizar el mundo; habrán desaparecido aquellas generaciones que se acercaban arrastradas por sus férreas creencias; habrán nacido millones de alternativas y ofertas donde pasar estas fechas; habrá cambiado mucho el interés y los hábitos de ocio de la población. Y a pesar de todo, o precisamente por ello, en agosto los canarios siempre vamos a ver a la Virgen.
Con el tiempo, las televisiones públicas han incrementado la cobertura de los actos, las emisoras de radio dedican cientos de horas al evento, los periódicos abren portadas e incluyen reportajes extensos en su interior y las redes sociales arden con publicaciones de todo tipo. Por unas horas, la Virgen de Candelaria se hace verdaderamente viral en la vida de todos, de quienes la presencian y publican y de cuantos, no pudiendo acercarse, la siguen y encuentran.
Venir a ver a la Virgen entraña un rito individual, discreto y privado, que se antoja en diversas formas y propósitos: para pedirle, agradecerle, invocarle, llorarle o reírle, rezarle y hablarle, traerle saludos de quienes no pueden y llevarle de vuelta su consuelo. Otros solo ansían verla, admirar su talla y contemplar su grandeza artística o monumental. Quienes llegan de más lejos la honran sin medida y la reconocen como máximo baluarte de la identidad canaria. Los hay que entran a la Basílica de rodillas, descalzos, a hombros o con apoyos; bailando, tocando o cantando; atravesando montes, caminos y carreteras; cogiendo la guagua más remota o un barco desde otra isla; en bici, corriendo o paseando. Llegan a cualquier hora de la noche o el día, por infinidad de atajos y veredas, solos o en grupo, animados o derrotados.
Por eso, esta es una fiesta amable y solidaria, donde lo diverso conjuga perfectamente con la complicidad. Mires a quien mires en las calles abarrotadas, siempre conoces gente, hallas a alguien tuyo y hasta las caras que nunca has visto parecen familiares. Candelaria se convierte en una gran aldea para encontrarnos, donde a pesar de los siglos y los cambios, todos seguimos viniendo a hacer lo mismo. Lo hicieron los guanches, sus descendientes, los habitantes de ciclos pretéritos, los tinerfeños de varias centurias, los paisanos de postguerra, nuestros padres y ahora nosotros, con los retoños futuros de la mano. Todos paramos ante Ella para mirarla a los ojos y hablarle sin mencionar palabra alguna.
Quiero darles la bienvenida a Candelaria a los de ayer, hoy y mañana. Esta es la casa de la Madre: aquí tenemos sitio. Quiero brindar unas fiestas tranquilas, ordenadas y en paz, para honrar a la Virgen y vivir momentos de felicidad. Quiero agradecer a cuantos hacen este agosto posible y a quienes lo publican al mundo. Quiero verles en La Villa estos días cumpliendo con un rito ancestral, perpetuo y muy isleño, como cuando un hermano te advierte de que vayas a ver a tu madre. En estos días, por siempre, ¡vamos a ver a la Virgen!
María Concepción Brito Núñez Alcaldesa de la Villa Mariana de Candelaria
