Lo que debería escucharse desde el púlpito el último día del Quinario (y V): Un Velatorio que promete beneficios…sociales

El Greco desde la fe. La expulsión de los mercaderes del Templo.

“Saquen esto de aquí; no hagan de la casa de Mi Padre una casa de comercio”.  Con esta enérgica y expeditiva orden, Jesús expulsó a los mercaderes del templo. Él, tan lleno de bondad y caridad que nos pidió ofrecer la otra mejilla cuando nos dañasen u ofendiesen, en cambio se llenó de ira implacable al contemplar cómo se comerciaba con la fe en el Templo de Jerusalén, descrito en los Evangelios como «lleno de ganado» y tablas de cambistas, que canjeaban las monedas griegas y romanas por monedas judías y tirias. Jesús se molestó tanto por esa situación que formó un látigo con varias cuerdas y a golpes hizo salir al ganado, tiró las mesas de los cambistas y de los vendedores de palomas e hizo caer las monedas por el suelo.

“¿No está escrito: “Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”? Pero ustedes la han hecho cueva de ladrones”.

Es este episodio, quizá uno de los más citados del cristianismo el que hoy quiero evocar en estas páginas para solicitar a la cúpula de la Esclavitud que cese en sus pretensiones de mercadear con el Santísimo Cristo. Sí, han leído bien. No es otra cosa que explotar las creencias de todo un pueblo lo que pretenden los que deberían custodiarla.

Proyectan construir un velatorio en el entorno incoado como Bien de Interés Cultural (BIC) del Real Santuario del Santísimo Cristo; dicen que los beneficios que reporte la concesión a Mémora por 30 años serán destinados a acciones caritativas.

Evidentemente, no hay nada que objetar al hecho de que la cúpula de la Esclavitud quiera cumplir con el más que loable objetivo de socorrer a los necesitados y ejercer la caridad cristiana, colaborando de esta manera con la sociedad. Además, así se recoge en sus Fines. Más cuestionable, sin duda, es el procedimiento con el que quiere alcanzar tales fines. Construir un velatorio  en el  entorno del Santuario es querer sacar rédito a la fe que los canarios profesamos por el Santísimo Cristo. Supone explotar los sentimientos de miles de familias para que sus finados reciban el respondo final junto a una de las imágenes cristológicas más devocionales de Canarias. Sin duda, siendo el gran reclamo convertir al Real Santuario en la capilla de un velatorio. Pecaríamos de ingenuos si no presumiéramos una avalancha de solicitudes tal, que prever pingües beneficios es quedarse corto. En definitiva, puede definirse, literal y metafóricamente, como un plan maquiavélico. Pero debo decirle a la cúpula de la Esclavitud que ha maquinado esto (somos muchos los esclavos que no lo queremos) que el fin nunca justifica los medios.

El segundo nudo gordiano del tema es que estos fondos para fines sociales van a ser administrados por personas tan vigilantes en la gestión que siempre hay problemas en todas las Juntas Generales por las dudas que presentan las cuentas. Bueno, también es cierto que no se les puede exigir mucha pericia en los temas dinerarios, ya que están prácticamente exentos, como entidad religiosa privada, del control de Hacienda. Recordemos que la Esclavitud está acogida al régimen especial, ya que, aunque tiene la consideración de sujeto pasivo del Impuesto sobre Sociedades, la ley la declara parcialmente exenta del mismo. Podemos decir que está acogida al régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, recogido en la ley 49/2002, lo que la exime incluso de tributar por rendimientos de actividades económicas de escasa relevancia (como la venta de medallas, estampas, etc., lo cual hace en la tienda de recuerdos del Cristo).

Ejercer ese concepto que denominamos “caridad cristiana” es un mandato no sólo de la fe, también de la conciencia, y debe ser, sobre todo, una característica inherente a la naturaleza humana. Esta reflexión me lleva a la conclusión de que si la cúpula de la Esclavitud quiere hacer acciones caritativas puede recurrir a procedimientos similares a los de otras hermandades, no “hermanarse” con una empresa privada para la que la fe y la devoción son un negocio.

También te podría gustar...