Laura Mesa «Pero no el mundo» en Galería Artizar

Inaugurada en Galería Artizar podrá ser visitada hasta el 21 de noviembre en los horarios habituales (lunes a viernes de 10’30 a 13’30h. y de 17 a 20’30h; sábados de 11 a 14 h). Dadas las circunstancias sanitarias en las que nos encontramos, se controlará el aforo a la galería y es obligatorio el uso de mascarilla mientras se permanezca en ella.

 

El dibujo es, para Laura Mesa (Santa Cruz de Tenerife, 1975), un medio reflexivo con el que poder repensar las relaciones que se dan entre lo real y su representación. Para ello, cuestiona la práctica habitual de este medio y así prefiere descomponer sus partes constitutivas —el papel, el grafito y la tinta— para trabajarlas en toda su materialidad. Sus dibujos ocupan espacios, se desarrollan volumétricamente y, sobre todo, no contienen ningún resto de ilusionismo clásico. Asimismo, la certeza de que cualquier tipo de imagen no es un reflejo fiel de la realidad sino la construcción de la propia realidad permite a la artista, por extensión, plantear de qué manera la representación que hacemos del mundo a través de las teorías y los conceptos construye la realidad misma y no a la inversa.

Pero no el mundo está constituida por más de 27.000 pequeños papeles de seda. Dispuestos a modo de capas de número variable, estas acumulaciones de papel componen las 745 piezas que conforman el punto de partida de esta exposición, ya que, a su vez, cada una de ellas tiene un doble realizado en grafito y, solo alguna, un doble hecho en tinta que se ubica sobre prismas de grafito. Que el número de piezas sea 745 no es azaroso; antes bien, responde a los datos publicados por la ONU en 2017 sobre los parámetros de natalidad, esperanza de vida, población urbana y patrimonio de la humanidad de los 217 países reconocidos. Lo que vemos, por tanto, no es una interpretación: cada pieza dibuja y representa a un país y actúa como imagen real del mismo al trasponer los datos contenidos en cada indicador en un dibujo volumétrico. Siguiendo esta lógica constructiva, si un país tiene, pongamos el caso, cinco puntos en el índice de desarrollo humano de la tasa de natalidad, ese país será representado por cinco capas de papel de seda.

Pero no el mundo es, en consecuencia, una cartografía desplegada a partir del dibujo. Cuando Laura Mesa se pregunta por el conocimiento que tenemos del mundo global y acude a conceptos ya dados o a datos estadísticos para obtener una respuesta, lo que está planteando es, justamente, en qué medida los parámetros empleados por las ciencias sociales ofrecen un verdadero entendimiento del mundo —tasa de natalidad, tasa de mortalidad, nivel de escolarización, renta per cápita o PIB, en otros— y en qué medida el uso del dato estadístico proporciona su pretendida visión objetiva de la realidad.

Si nos detenemos en cada una de las piezas formadas por las acumulaciones de papel vemos que estas han requerido de una participación corporal activa por parte de la artista a través del gesto repetido.  Cada pieza ha sido cortada, diligentemente —una a una, hoja a hoja— repitiendo una coreografía silenciosa donde el papel ya no actúa como mero soporte que, simplemente, guarda o registra la línea del grafito. Ahora, el papel adopta una autonomía absoluta siendo, en sí mismo, un dibujo pleno y acabado y, en su propio proceso de obtención, la artista ha rememorado —papel a papel— que su experiencia individual no puede quedar desdibujada por los conceptos globalizadores que dan cuenta de lo colectivo en el mundo. La acción, el tiempo y el cuerpo se aúnan, así, en los dibujos de Laura Mesa contraviniendo la definición tradicional de dicho lenguaje.

Su trabajo, meticuloso y quebradizo, recurre a la serie y a la repetición, pero, precisamente, no lo desarrolla a partir de procesos mecánicos que buscan amagar la mano de la artista; bien al contrario, en la repetición del mismo gesto surgirá la diferencia que, en su caso, deliberadamente quiere hacer visible. Y de este modo, en el gesto repetido de su mano, y su mente, la artista permanece recordando que, frente a la tecnificación del mundo contemporáneo, la homogenización del pensamiento, la superficialidad de la práctica capitalista y la frialdad del dato, su acción se torna en una suerte de resistencia al resituarla en el espacio de lo íntimo y lo corporal.

La fragilidad de los materiales y la economía de medios apuntan y evidencian los problemas de representación —tanto de la imagen como de nuestros esquemas mentales— y en la propia contradicción o ambivalencia entre lo lívido y lo compacto, Laura Mesa reitera que la permanencia y sujeción que consigue durante el proceso de la producción de su obra tensiona con la debilidad de un mundo que, como sus materiales, se debate entre lo transitorio y la sedimentación. De ahí que, y siguiendo el pensamiento habermasiano, podamos considerar que pensar el final compromete el final, pero no el mundo.

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