Las fiestas del Cristo de La Laguna en la pluma de Carlos García
Nodo nos dejó un documento interesantísimo de la Procesión del Retorno o del Mediodía de 1953. Entre las imágenes muchas caras conocidas para nuestros lectores de más edad. Disfrutenlas en este 14 de septiembre, nada más y nada menos que 69 años después.
La imagen del Santísimo Cristo de La Laguna recibe culto público desde el año 1520 en que fue traída al Convento Franciscano de San Miguel de las Victorias tras haber sido donada al primer Adelantado de Canarias, Alonso Fernández de Lugo, por el Duque de Medina Sidonia.
Es sin duda las más venerada imagen de Cristo de todo el archipiélago canario, teniendo gran devoción por ella desde los primeros momentos en que se expuso al culto, habida cuenta de que se trata “de un pueblo formado por españoles del siglo XV y una cristiandad nueva, noble y de generosos sentimientos cual fuera la de los Guanches”, a decir de Rodríguez Moure.
El origen de los festejos en honor del Cristo de La Laguna hay que buscarlo siglos atrás, prácticamente desde el comienzo de la veneración pública de la santa imagen.
Núñez de la Peña nos cuenta que los mismos eran anteriores a la fundación de la Venerada Esclavitud, que en el año de 1659 fue constituida y compuesta por treinta y tres caballeros en memoria de los años de Cristo.
Las Procesiones
Desde casi el comienzo de la presencia de la imagen del Cristo en la isla, esta realiza procesiones a través de la misma.
En tiempos de sequías, como por ejemplo en 1562, se acuerda por el Cabildo de Tenerife sacar a la imagen en procesión lo mismo que ocurre con la Virgen de Candelaria. Esto se repite en 1556, 1571 y 1577.
En 1585 fue llevado el Cristo a la iglesia de Los Remedios, Hoy Catedral, para interceder ante una plaga de langostas. De la misma manera, en diferentes epidemias fueron realizadas procesiones por las calles de la ciudad de La Laguna.
Pero no solo en estas circunstancias salía el Cristo lagunero en procesión. También para rendir culto al Santísimo, nos cuenta Quirós, el Cabildo eclesiástico de los Beneficiados y otros del clero, hicieron asiento con los franciscanos del convento, para que el día de la Exaltación de la Cruz (que es el 14 de septiembre y se celebra la fiesta del Santo Crucifijo), saliese por las calles mas principales de la ciudad en procesión, y que todos le acompañen juntamente con los religiosos.
Desde entonces deriva la costumbre de sacar en procesión al crucificado en el día de su fiesta, aunque la llamada “Procesión del Retorno”, que es la que tiene lugar al mediodía del día principal de las fiestas, es una aportación más moderna y novedosa, de pocos años, con la que el Cristo regresa a su Santuario tras haber permanecido durante varios días en la Iglesia Catedral recibiendo el culto popular de su ciudad.
Y finaliza la fiesta principal de nuevo con una procesión, ésta vez nocturna, visitando los conventos de Santa Clara y Santa Catalina y la iglesia de La Concepción, para volver a su plaza, el “Patio del Cristo”,donde se echa de menos por los más viejos el templete de madera , y donde a su llegada, se quemarán las ruedas, cascadas y cohetes, primero en “El Risco” y luego los que se denominan de “La Entrada”, que finaliza con la ensordecedora traca que tan bien describió Domingo J. Manrique:
Anochece. En la plaza los álamos austeros
muestran en su ramaje matices de alborada
y bajo la arquería, de luces constelada
sus risas y canciones suspenden los “romeros”.
La procesión retorna; cohetes mensajeros
tienden su deslumbrante cabellera dorada
ha llegado el momento sublime de la “Entrada”
el aire tiembla al brusco tronar de los morteros.
Y súbito millares de rojas serpentinas
estallan fragorosas en ígneos surtidores,
la plaza es un incendio, volcanes las colinas,
y entre nubes de púrpura, coronado de espinas,
surge Jesús, abriendo sus brazos redentores
a todas las angustias, a todos los dolores.
Es el día más importante de La Laguna, el día del Santísimo Cristo, donde la gente acude con devoción a visitarlo en su onomástica, para mantener vigente la copla anónima que dice:
Pasa un año y otro año
y este culto no se pierde
porque no hay un lagunero
que del Cristo no se acuerde.
