Las fiestas de Tejina en la memoria (III): En Tejina este año “La Diabla no anda suelta”. Por Julio Torres Santos

“La Diabla anda suelta”. Con esta singular expresión, hasta las primeras décadas del pasado siglo XX, se evitaba que coincidieran las recogidas de leña y otros productos necesarios del monte con el día 24 de agosto, por lo que siempre se adelantaba la fecha para esos menesteres, y así eludir subir al monte.Y es que según una antigua creencia popular, por San Bartolomé, “la diabla anda suelta” y se corre riesgo de sufrir alguna desgracia. En la actualidad este hecho reviste gran alegría entre los habitantes de Tejina; es muy normal que te inviten a una copa en las fiestas y te digan: “échate una copita que “La Diabla anda suelta”, aprestándose a pagar la consumición. Eso está claro que este año no puede ser, porque lo que anda suelto es el dichoso coronavirus, una pandemia que ha llegado para amargarnos la vida a todos. Esperemos que pronto se encuentre el remedio y que en 2021 podamos soltar en todas nuestras fiestas tradicionales a la mayor diabla que se recuerde…
Lo de la Dibla de San Bartolomé es una leyenda popular muy arraigada en España
“¡Eres más mala que una diabla y un gato negro!” es una frase que se repite en Valverde de Leganés, Badajoz, donde La Diabla es una tradición que se repite cada año por San Bartolomé y en la que el misterio, la oscuridad, el fuego y lo esotérico protagonizan la Noche de la Víspera de San Bartolomé.
La Gran Diabla y sus secuaces continúan su avance destructor hacia La Plaza, donde esperan las Fuerzas del Bien, integradas por ángeles blancos, zangarrones, y, curiosamente, diablillos. Se produce el enfrentamiento y las Fuerzas del Mal son derrotadas. La Gran Diabla es derrotada y, encadenada, es conducida a la torre de la iglesia, donde nuevamente San Bartolomé la mantendrá encerrada hasta el año siguiente.
Pero la Diabla no está sola en Extremadura. En Higuera la Real y la templaría Jerez de los Caballeros también reviven la víspera de la festividad de San Bartolomé una de sus tradiciones más ancestrales, la Salida del Diablo. Cada 23 de agosto, cientos de niños provistos de cruces realizadas por sus padres y abuelos se congregan al mediodía en torno a la iglesia del santo. El diablo sale del templo vestido con traje rojo, alas, cuernos y rabo de color negro, y recorre las calles asustando a los niños.
Cuando el sol desaparece y llega la noche tiene lugar otra escena singular, la “quema del rabo del diablo” en el Llano de Santa María, cuyos vecinos hacen acopio de paja para formar hileras a las que se prende fuego junto a dos efigies infernales: El Diablo y la Diabla.

La Diabla de Valverde de Leganés, Badajoz. También está atada en corto este «dichoso» año.
San Bartolomé y la Diabla
Se representa a San Bartolomé sujetando con una cadena a una diablesa. El origen de este símbolo puede ser doble: 1º en los evangelios apócrifos (nombre dado a escritos surgidos en los primeros siglos del cristianismo en torno a la figura de Jesús), San Bartolomé requiere a Cristo resucitado que le muestre al maligno “Belial”. Después de habérselo mostrado, Jesús le indica “Písale la cerviz y pregúntale”; 2º según la tradición, San Bartolomé expulsó a un demonio, denominado “Astaroth”, de un templo donde éste vivía dentro de una estatua. San Bartolomé demostró la ineficacia de la estatua, que decía curar las enfermedades, expulsó al demonio y consagró el templo a Jesús.
La personalidad de este santo es extraña y misteriosa. Predica en la India, Etiopía, Arabia, Armenia y Persia. Era pues conocedor de las religiones y filosofías del Oriente. Exorciza demonios. Lo despellejan vivo y sobrevive, por lo que se le asocia a la inmortalidad y con el cambio de piel de las serpientes. San Bartolomé o Natanael, porta una hoz o un cuchillo en su mano derecha, y un libro cerrado y una cadena sujetando a un ser diabólico con un cuerpo y atributos femeninos.
