Las Carreras de barcos en el Valle de Tabares por «El Rosarito» (II). Por Julio Torres Santos

Las carreras
Al día siguiente, los barcos acompañaban a la procesión religiosa. Una vez terminada esta, llegaba uno de los momentos más esperados: las carreras.
Rodríguez Moure dejó constancia de cómo se desarrollaban. El barco era colocado en el punto de salida y el mozo situado delante del yugo se preparaba para la carrera: se descalzaba y se quitaba la chaqueta para disponer de mayor libertad de movimientos. Con una mano apoyada sobre el yugo y la otra empuñando la ahijada, esperaba la señal.
A una voz, y estimulados los bueyes, la yunta arrancaba a toda velocidad arrastrando tras de sí el barco y su tripulación. Los llamados «pies» constituían los triunfos con los que se decidía aquel juego.
La espectacularidad de la carrera, unida a la velocidad alcanzada por los animales y al peso de la carreta, convertía la prueba en una actividad no exenta de peligro.
La mirada de Elizabeth Murray
Una magnífica descripción de estas celebraciones durante el siglo XIX la encontramos en los escritos de la viajera británica Elizabeth Murray, quien presenció las fiestas de Las Mercedes, en La Laguna.
Murray quedó impresionada por la multitud de campesinos que acudían desde diferentes lugares de Tenerife vestidos con sus mejores galas. Los colores más alegres y llamativos quedaban especialmente reservados para los jóvenes.
En su descripción aparece la denominada «Carreta de los Novios», formada por tres o más grandes carretas decoradas como barcos de vela. De sus mástiles colgaban vistosos pañuelos de colores a modo de banderas y cada embarcación llevaba una tripulación compuesta por varios vecinos caracterizados como marineros.
Los tripulantes vestían sombreros adornados con cintas de vivos colores y algunos portaban fusiles al hombro. Delante, una yunta de bueyes arrastraba cada barco.
Cuando las circunstancias lo permitían, los animales emprendían una corta pero vertiginosa carrera. La propia Murray destacó el riesgo del espectáculo y relató haber presenciado situaciones en las que los participantes estuvieron muy cerca de sufrir graves accidentes mientras los barcos se precipitaban hacia la meta.
Su testimonio permite imaginar la extraordinaria vistosidad que debieron alcanzar estas celebraciones: barcos, bueyes, marineros improvisados, libreas, música, disparos, colores y una multitud congregada alrededor de la fiesta religiosa.
