Las Carreras de barcos en el Valle de Tabares por «El Rosarito» (I). Por Julio Torres Santos

Los barcos en el Valle de Tabares: una tradición centenaria
En el noroeste de la isla de Tenerife, en el archipiélago canario, las llamadas «carreras de barcos» constituyen una de las manifestaciones más singulares de las fiestas tradicionales. Se trata de competiciones protagonizadas por carretas decoradas a modo de barcos veleros que, tiradas por yuntas de bueyes, realizan carreras a gran velocidad. Vinculadas generalmente a las celebraciones en torno a una ermita, una cruz o la festividad de un santo, su presencia en Tenerife está documentada, al menos, desde finales del siglo XVII.
Junto a estas carreras existe también una variante infantil, en la que reproducciones de los antiguos «barcos» son arrastradas por personas, contribuyendo así a transmitir la tradición a las nuevas generaciones.
De las libreas a los barcos
El origen de esta costumbre parece encontrarse en otra antigua manifestación festiva: las libreas, representaciones de carácter lúdico que incluían desfiles, escaramuzas y batallas simbólicas, en ocasiones protagonizadas por naves. Estas celebraciones están documentadas en Canarias, al menos, desde el siglo XVII.
A diferencia de otras prácticas tradicionales que durante las décadas de 1980 y 1990 fueron incorporadas a programas institucionales de promoción y recuperación, las carreras de barcos permanecieron fundamentalmente en manos de sus propios protagonistas. Gracias a esta continuidad popular, la costumbre logró conservarse espontáneamente en algunos puntos de Tenerife.
Los barcos llegaron a adquirir una enorme popularidad y acabaron formando parte de numerosas fiestas y romerías de la isla. Uno de sus primeros testimonios conocidos se remonta a 1699, con motivo de las celebraciones en honor de Nuestra Señora de los Remedios, en la ciudad de La Laguna.
Aquellas fiestas presentaron como novedad un castillo, instalado en una esquina de la calle de la Carrera, y dos navíos móviles montados sobre carretas. El espectáculo despertó tal entusiasmo entre los asistentes que, al día siguiente, los barcos acompañaron también a la procesión.
Según relata el investigador y presbítero José Rodríguez Moure, desde entonces este elemento festivo se convirtió en número habitual de las celebraciones de lugares como Valle Tabares, Las Mercedes, Valle Jiménez, San Benito, Geneto, Valle de Guerra y Tegueste.

Una de las fotos más antiguas de los barcos de Tegueste que se conoce. (FAT).
Así eran aquellos barcos
Su construcción convertía una sencilla carreta agrícola en una auténtica embarcación festiva. Sobre la «cama» de la carreta, una vez retiradas las estacas, se instalaba el barco. De su casco enrejado surgían la arboladura, las vergas, las jarcias y las velas, completándose el conjunto con gallardetes y banderolas.
La carreta, con los mozos que formaban su «tripulación», era arrastrada por una pareja de bueyes. Al frente marchaba el correspondiente gañán, acompañado por otros labradores.
Pero el barco no era solamente un elemento decorativo. Formaba parte de un espectáculo mucho más amplio que comenzaba desde la víspera de la fiesta.
Aquella noche, los barcos eran conducidos hasta la plaza precedidos por una librea, una especie de compañía militar de carácter festivo y cómico. Sus integrantes avanzaban iluminados por hachones de tea mientras lanzaban los tradicionales «rejijides». A la algarabía se sumaban los disparos de escopeta efectuados por los tripulantes de los barcos y por los soldados de la librea. La representación podía concluir con distintas escaramuzas protagonizadas por los participantes.
