Las brujas en Canarias (I), por Ludmila Wright Wright

ORÍGENES Y TIPOLOGÍA

La existencia de las brujas en Canarias es una mitología común, un hecho que todos conocen y que muchos juran afirmar, ya sea en primera persona o a través de testimonios de segunda mano (normalmente transmitidos intrafamiliarmente). ¿Pero dónde se encuentra la línea entre el mito y la realidad?

Debido al carácter multicultural del archipiélago, no se puede trazar con seguridad un punto de partida para la existencia de las brujas en Canarias. Más bien, el nacimiento de estas se debe a una mezcla entre varias culturas, específicamente las nativas (los ritos y tradiciones aborígenes) y las externas (por ejemplo, aquellas relacionadas con la población negra esclavizada, los moriscos y la cristiandad) (García Barbuzano, 2001).

Actualmente, nos queda poca información retenida respecto a la mitología y tendencia chamánica de los aborígenes; pero de lo que tenemos, podemos hacer una distinción entre los hechiceros o sacerdotes (varones) y las profetisas o sacerdotisas (mujeres). Estas últimas tenían un conocimiento amplio de la vegetación endémica, y por tanto, se encontraban ligadas a su uso para prácticas curanderas. Sobre esta base existente, llegan desde fuera prácticas de carácter morisco, judío, bereber, africano, gitano, etc., conformando así, finalmente, lo que conocemos a día de hoy como las prácticas brujeriles canarias. De todas estas, las que más arraigo tomaron fueron las moriscas y africanas: en el caso de las moriscas, se manifestaron a

través de la celebración de las fiestas de leilas y zinguizarras; y en el caso de las africanas, se manifestaron a través de las prácticas vudú (en el imaginario actual, las conocemos en forma de muñecos de tela, pero en Canarias estos se hacían a base de cera) (García Barbuzano, 2001).

Desde el punto de vista de las prácticas mágicas canarias, tenemos que hacer una clasificación que nos permitirá entender mejor la distinción entre las diferentes profesiones existentes. Antropológicamente, hay dos grupos de magia: la magia blanca, la benevolente, que se enfoca en proteger, curar y ahuyentar las malas energías o males del cuerpo; y la magia negra, la que se centra en maldecir, perjudicar y atraer desgracias hacia alguien. Esta separación no es personal al archipiélago, y la podemos hacer en otros territorios donde se haya practicado la hechicería (como por ejemplo la Península y otras regiones europeas) (Tejera, 2024).

En Canarias, las que personifican la magia blanca son las curanderas y las santiguadoras. Las curanderas son las que administran los brebajes, los remedios y las hierbas curativas; es decir, usan remedios naturales para sanar a un enfermo. Por otro lado, las santiguadoras se enfocan en cuidar de los enfermos y santiguarlos, es decir, hacer una cruz sobre estos, acompañando el acto de una oración, rezado o invocación religiosa. (Tejera, 2024).

Asimismo, las que personifican la magia negra son las hechiceras y las brujas. Las hechiceras son las que trabajan a través de brebajes, figuras de cera perforadas por agujas o alfileres, pócimas amorosas, etc. De sus prácticas más temidas, tenemos el conocido mal de ojo,

que culturalmente se lanza por maldad o envidia. A nivel científico este tipo de maleficios no se pueden demostrar, pero desde una perspectiva sociológica podemos entender el mal de ojo como un miedo o pensamiento propio de la víctima, atribuido a su percepción de destacar dentro de su círculo social de manera positiva, algo que puede ser envidiado por otros (ya sea en temas de amor, salud o dinero) (García Barbuzano, 2001). La bruja, por el otro lado, se cree que está poseída por espíritus malignos (como el diablo), y que obtiene sus poderes y habilidades debido a su relación con esta figura. Además, reniega de la religión cristiana, y se centra en realizar actos a partir de la maldad (Tejera, 2024).

Habiendo creado esta clasificación, un factor crucial que tenemos que entender es que estas divisiones no se realizan a rajatabla; es decir, simplemente porque una hechicera utilice instrumentos o hierbas con fines malignos, no significa que no pueda hacerlo también para beneficiar a alguien, y lo mismo al revés (como una curandera utilizando sus conocimientos herbales para dañar a alguien).

También te podría gustar...