Leyendas laguneras de otoño: Las ánimas de sor Úrsula de San Pedro y don Jerónimo de Grimón (I), por Julio Torres

 

Por el callejón de La Caza, en la Villa de Abajo de la vetusta ciudad de La Laguna, formando parte de la leyenda y de su historia -aunque episodio narrado entre susurros tan medrosos que durante mucho tiempo fue desconocido por casi todos-, aún deambulan, desdibujadas por el lento transcurrir del tiempo, las ánimas de don Jerónimo de Grimón y Rojas  y sor Úrsula de San Pedro.

I

De los callejones laguneros, quizá el más transitado durante siglos ha sido el callejón de La Caza, pequeña y angosta travesía que, partiendo de la plaza de Los Remedios, discurre entre los añejos muros del convento de Santa Catalina de Siena y los de la rancia mansión de la Casa de Nava y Grimón -marquesado de Villanueva del Prado-, para finalizar en la plaza de Abajo. Obedece su nombre a que era allí donde se disponían para su venta todo tipo de carnes procedentes de la caza, pues su angostura lo libraba del sol y de mayores temperaturas, y siempre ha soplado un aire más frío que el de las proximidades.

Sin duda alguna, es el callejón de La Caza un paraje que invita a la remembranza y a la meditación, a la evocación de sucesos del pasado, con románticos lances de galanteo y de estocadas; desde siempre me ha cautivado transitarlo, especialmente por la noche. En una de esas visitas noctámbulas fui testigo de un turbador suceso, como al parecer también lo han sido otros muchos, que lo narraron asustadizos y “a bocca chiusa”, como una de otras tantas leyendas consustanciales a mi antañona ciudad.

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