La única forma de salvar y recuperar la brillantez de la Romería Regional de San Benito Abad de La Laguna. Por Julio Torres Santos

san benito

Mi nombre es Julio Torres Santos y soy nacido en enero de 1957 en la calle Montaraz (Callejón de Andrés Rosa). Además de ser descendiente de vecinos de San Benito al menos desde el siglo XVIII,  todos y todas bautizados en la pila de la Concepción de La Laguna, iglesia matriz de cuantas hay en Tenerife, muchos de mis ascendientes paternos fueron bautizados en las misma pila en la que fueran bautizados los primeros guanches cristianizados después de la conquista (primera pila bautismal de Tenerife que data de finelas del siglo XV).

Hoy quiero mostrarles con la foto que acompaña este artículo, que no  sólo es una foto, es un documento impresionante. En una de las romerías de principios de los años 60, la comitiva que precedía al paso de San Benito, sube la pequeña rampa que tiene la plaza por la calle Lucas Vegas; al fondo se ve la casa de doña Martina “La Grilla”, así como el muro de piedra que separaba las huertas del espigado trigo, del millo y las papas, huertas que se extendían desde esos muros hasta el Camino Tornero y desde esa esquina hasta la del camino de Las Gavias, eso sí, salvando las únicas edificaciones al borde del camino, las de Inocencio Ramos, el de la sillas y mesas de alquiler, la casa de Esteban Hernández Arrón, unos de los fundadores de la romería y la casas “chica y la “grande” de don Cirilo Hernández. En aquella época, Lucas Vegas de avenida sólo tenía el nombre; era una calle de tierra y con al menos tres grandes cuadras de ganado, la de don Ignacio Arrón, la de don Cirilo Hernández y la de don Manuel “El de los Caballos”.

Fue sin duda un orgullo para los pocos vecinos de un barrio con no más de 60 casas, lograr que sus fiestas de campesinos entraran con todos los honores en las calles señoriales de la Ciudad, un logro de ser laguneros de pleno derecho, y ese día, cuando la imagen venerada del Santo Patrón y Abogado Protector de las mieses de Tenerife traspasa los límites de la lagunera torre de la Concepción, es un orgullo ancestral para cualquier descendiente de aquéllos otrora vecinos del barrio…Yo siempre ese día tengo una oración para todos los que por suerte conocí, sin duda para mis padres, mis abuelos paternos (Domingo Torres Gutiérrez y Candelaria García de la Cruz), para la hermana de mi abuelo Juana Blanca Torres, y todos los demás vecinos, que son muchos: Pastor Hernández y sus hermanos, doña Manuela “La de la Plaza”, Antonia María y su marido, Linares, el fotógrafo, Manuel Hernández, el de los rosquetes …y tantos otros que no olvidaré nunca.

Hoy digo, al igual que digo todos los años pregonando en el desierto. Desde que tengo narices:
Las elecciones de Romera Mayor, fiestas de exaltación, homenaje a la mujer Canaria, Bailes…se han celebrado por toda La Laguna.

La plena institucionalización de nuestra romería, la de todos los canarios, llegaría en los años 50, cuando aparece el primer programa de las fiestas y un pregón radiofónico. Implicándose, además, las instituciones laguneras del Orfeón La Paz, el Casino y el Ateneo, así como el Ayuntamiento -aportó 1.000 pts. del dinero de todos los laguneros/as, para la romería y la feria de ganado, respectivamente-, el Obispado y hasta la propia Universidad de La Laguna.

Sres. y Sras. responsables de las fiestas, en aquellos años los actos religiosos consistían en la función solemne de vísperas en la ermita, el sábado, traslado del Santo a la parroquia de Ntra. Sra. de La Concepción para la función religiosa del domingo. La razón de este traslado era y es fácil de entender: la ermita de San Benito carecía –y carece- de capacidad para albergar a la cantidad de personas que quieren estar en la gran Función Religiosa del domingo, (¿se imaginan la Función del mediodía del 14 de septiembre en el Santuario del Cristo?), que además está presidida por el Sr. Obispo, como nuestro Santo y Patrón se merece. Es más, con este traslado se evitaría poner en funcionamiento esos ventiladores horteras que le han puesto atornillados en los tirantes del artesonado de la histórica ermita y que a todas luces  atentan contra el patrimonio.

Aquellas Funciones cantadas por el coro de la parroquia de la Concepción, acompañado de órgano y gran orquesta, eran lo que se merecía y merece San Benito Abad, (que todo sea dicho de paso, a toda luces no merece tenerlo todo el año en una hornacina que da vergüenza; ¡devuélvanlo a la hornacina principal del retablo y pongan “La Obra” de Ezequiel en otro lugar, al igual que se ha hecho en San Juan con el paso de Las Caídas!).

Entre los actos populares que se deben de recuperar y que eran propios del barrio destacaban: la cabalgata de “las traviesas machangas” -o pandorgas-, el sábado de víspera, al término de la procesión; tras la quema de la pandorga, “verbena española” en la plaza de la ermita, donde se instalaban al efecto los ventorrillos tradicionales, así como ruletas y diversas atracciones (tradicionales de la época).

No podemos resistirnos a transcribir las palabras con que, a modo de colofón, la Comisión cierra el primer programa de las Fiestas y Romería de San Benito, pues emplea tópicos que evocan otras épocas: “hagamos voto porque esta manifestación de fe, de amor a la tierra nativa, aumente en años sucesivos. Nuestra Comisión así lo espera del patriotismo de todos los tinerfeños y particularmente de los hijos de la Ciudad San Cristóbal de La Laguna, complaciéndose en hacer público a cuantas entidades y personas le han favorecido el testimonio de su más cumplido agradecimiento”.

El primer pregón (radiofónico) corrió a cargo de un intelectual reconocido, Luis Cobiella. En la convocatoria de aquella época tuvieron lugar los típicos actos deportivos: torneos de ajedrez, de tenis y de fútbol. También tuvieron efecto acontecimientos imprescindibles en cualquier celebración de la época -léase “Fiesta de Arte y Folclore” en el Teatro Leal-.

Tendremos que esperar a 1956 para que la romería se consolide y se convierta en un acto multitudinario, pues el mencionado logro fue gracias al apoyo de todas las entidades e instituciones laguneras.

Posteriormente, de la mano de la Universidad de La Laguna se incorporarían representaciones de otras Islas, como los Bailarines del Hierro, los Buches de Lanzarote, Coros y Danzas de Santa Cruz de La Palma o Princesa Guayarmina de Gran Canaria. Ello contribuiría probablemente a que, a principios de los años 60, fuera concedido el título de “Romería Regional” a la romería de San Benito, siendo la única que lo ostenta de todas las que se celebran en el Archipiélago.

Al contar esta historia hemos querido reflejar el esfuerzo de las instituciones, así como de mucha gente lagunera, ¡No sólo vecinos de barrio!, que sería una pena cayera en el vacío. Los tiempos han cambiado, por eso nuestra Romería requiere de la filosofía que la inició, en la que la participación de todos era indispensable.

¿A quién se le ha ocurrido traer los camellos para la octava y no para la romería? ¿A quién se le ha ocurrido gastarse el dinero de la mayor romería de Canarias en un arrastre y darle de comer a los bueyeros? ¿A quién se le ha ocurrido desaparecer la romería de la calle Marqués de Celada y con su cabeza en la Cruz Roja? ¿A quién se le ha ocurrido no hacer la Función principal en la iglesia de la Concepción? Yo se los digo sin rubor, ha sido a los enemigos de las fiestas de La Laguna, a unas personas con intereses meramente políticos y económicos ¿Hasta cuándo tenemos que mantener esta mentira ignominiosa contra el pueblo y los interese de la Ciudad Patrimonio de la Humanidad?

Sinceramente, como decía una vecina de mi madre en San Benito: “Eso no se le ocurriría ni al cazo de la manteca”.

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