La segunda quincena de agosto toca hablar de Bajamar (I)

Las Fiestas de Bajamar a finales de los años 20. Foto restaurada y coloreada con la IA 2026.
«San Mateo en La Punta,
San Juan en Bajamar,
y San Bartolomé en Tejina…,
cada santo en su lugar».
Así rezaba una antigua copla, tradicional y profundamente arraigada en la comarca. Sin embargo, mientras La Punta y Tejina conservaron la tradición vinculada a sus respectivos santos patronos, Bajamar no pudo mantener la suya, debido a que la ermita de San Juan se encontraba enclavada en una propiedad privada.
A finales del siglo XIX, en un gesto de generosidad hacia el pueblo, José Domínguez Romero y su esposa donaron al caserío de Bajamar un pequeño salón que, unido a la entonces Capilla de la Cruz, se convertiría en la primitiva ermita del Gran Poder de Dios.
La imagen del Gran Poder fue llevada hasta Bajamar por D. José Tarife, párroco de la Iglesia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción de La Laguna. Muchos fueron los favores y milagros que el pueblo marinero atribuyó desde entonces al Gran Poder de Dios, como atestiguaban los numerosos exvotos de cera que durante años colgaron de las humildes y rústicas paredes de la ermita.
En 1914 llegó a Bajamar la imagen de medio busto del Gran Poder de Dios, probablemente perteneciente a la escuela canaria y fechable entre los siglos XVIII y XIX. A partir de aquel momento, cada tercer domingo del mes de agosto, los vecinos del pueblo, acompañados por los numerosos foráneos que acudían a Bajamar para pasar el verano, se volcaron en honrar al Gran Poder y celebrar sus fiestas.
La antigua ermita fue erigida en parroquia el 1 de enero de 1967. Por entonces continuaba siendo una construcción de reducidas dimensiones que, ni siquiera contando con la pequeña plaza aledaña, podía albergar adecuadamente al creciente número de fieles. Esta circunstancia hizo necesaria la construcción de un nuevo templo. Finalmente, el 19 de agosto de 1973, coincidiendo con el día principal de las fiestas de aquel año, tuvo lugar el traslado a la nueva iglesia.
Las fiestas en honor al Gran Poder de Dios no han pertenecido únicamente a los naturales de este pintoresco pueblo del norte de Tenerife. También han formado parte de la memoria de generaciones de laguneros que, desde finales del siglo XIX, hicieron de Bajamar uno de sus lugares predilectos de veraneo.
Las Fiestas del Gran Poder, cuyos orígenes se remontan a 1914, fueron transformándose inevitablemente con el paso del tiempo. Quedaron atrás aquellas celebraciones de antaño, con la procesión y el baile de la víspera bajo la luz de los faroles, los ventorrillos, las parrandas y las reuniones de vecinos y veraneantes. Con los años llegó una nueva época, marcada por el crecimiento del turismo y por la presencia multitudinaria de visitantes durante los meses estivales.
Pero, pese a todas las transformaciones, permanece viva una tradición transmitida de generación en generación. Cada mes de agosto, cuando las charcas y piscinas naturales, los roquetes y las rocas se llenan de bañistas y el mar vuelve a convertirse en lugar de encuentro, descanso y disfrute, Bajamar celebra sus fiestas.
Y así, entre el mar y sus bajíos, este antiguo refugio de marinos y pescadores continúa reuniéndose en torno al Gran Poder de Dios. Unas fiestas que conservan su esencia religiosa, pero que son también estivales y marineras, populares y culturales, festivas y gastronómicas; unas fiestas que forman parte inseparable de la historia y de la identidad de Bajamar.
