La retama y el alhelí son las plantas mejor adaptadas al clima extremo del Teide

La última jornada de las conferencias científicas del proyecto ‘La Torre de las Nubes’ condujo al público asistentes a entornos complejos como la cordillera del Himalaya, la Antártida, Los Andes o las Cañadas del Teide donde seis expertas y expertos en ecofisiología desvelaron los diferentes los mecanismos de las plantas de alta montaña para resistir la radiación, el frío y la sequía
La exposición La Torre de las Nubes, abierta hasta el domingo 26 de octubre, ya es un éxito de asistencia y ofrece experiencias inmersivas que convierten una década de investigación en un viaje único por el Teide
El Espacio Cultural CajaCanarias acogió este jueves la última jornada del ciclo de conferencias La Torre de las Nubes, centrada en cómo las plantas de alta montaña logran sobrevivir en entornos donde casi nada podría hacerlo. Este foro científico forma parte de la exposición del mismo nombre, impulsada por Volcano Teide a través de la plataforma TeideLab, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, la Fundación CajaCanarias, la Fundación «la Caixa», la AEMET, la Universidad de La Laguna y el Parque Nacional del Teide.
Durante su charla, titulada «Sobrevivir en las alturas sin despegar los pies del suelo», la profesora Águeda González invitó al público a mirar las plantas del Teide con otros ojos. Contó que, a más de dos mil metros de altitud, donde las temperaturas caen bajo cero y el sol golpea con fuerza, la vida se abre paso gracias a estrategias sorprendentes. «Las plantas del Teide viven en un equilibrio constante entre el frío, la radiación y la sequía, y han aprendido a adaptarse sin moverse de su sitio», explicó la investigadora.
Entre los ejemplos más fascinantes, González destacó la retama del Teide y el alhelí, dos especies capaces de soportar la radiación solar más intensa sin dañarse. En cambio, otras plantas como el rosalito o el codeso sufren en invierno por exceso de luz, mientras que la pajonera pierde sus hojas en verano para protegerse del calor. «Cada planta tiene su propia estrategia para sobrevivir, y todas ellas nos enseñan hasta dónde puede llegar la capacidad de adaptación de la naturaleza», señaló.
La experta recordó que estas adaptaciones son también una lección frente al cambio climático, ya que muestran cómo los ecosistemas responden a los extremos ambientales. «El Teide es un laboratorio natural al aire libre», dijo González, «y entender cómo resisten sus especies es clave para anticipar lo que puede ocurrir en otros lugares del planeta».
Este programa forma parte de la programación paralela de la exposición del mismo nombre, impulsada por Volcano Teide a través de la plataforma científica TeideLab, con la colaboración del Cabildo de Tenerife, la Fundación CajaCanarias, la Fundación «la Caixa», la AEMET, la Universidad de La Laguna y el Parque Nacional del Teide.
Cinco minicharlas
A partir de la intervención central de la profesora de la ULL Águeda González, se desarrollaron cinco miniponencias de 20 minutos de duración dirigidas por investigadores e investigadoras de prestigio internacional en torno a la adaptación de plantas y especies vegetales en lugares con climas extremos.
El valor de lo invisible
Beatriz Fernández Marín, científica senior «Ramón y Cajal» en la Universidad del País Vasco explicó durante su charla El valor de lo invisible, avances sobre la «precipitación oculta» —niebla, nieve o lluvia con viento— como fuente esencial de agua en la tundra antártica.
Su estudio, desarrollado en Isla Livingston, analiza cómo líquenes y musgos responden a variaciones en la disponibilidad hídrica, especialmente en altitudes superiores a los 200 metros. Mediante monitoreo ambiental y análisis anatómicos, se identificaron diferencias clave entre especies en su capacidad para retener humedad y resistir la desecación. En un contexto de cambio climático, comprender estos mecanismos invisibles resulta vital para conservar uno de los ecosistemas más frágiles del continente blanco.
Incendios forestales: efectos directos e indirectos en los árboles
El profesor Stefan Mayr, titular en el Departamento de Botánica de la Universidad de Innsbruck, en Austria, abordó en su conferencia ‘Incendios forestales: efectos directos e indirectos en los árboles’ cómo los incendios forestales afectan a los árboles, no solo por el fuego directo, sino también por las secuelas que deja en su salud.
Aunque algunos ejemplares sobreviven, especialmente en zonas de montaña donde los bosques protegen el terreno, muchos sufren daños internos que los hacen más vulnerables a futuras sequías. Estudios en los Alpes austríacos mostraron que el calor del incendio altera el sistema que permite a los árboles transportar agua, aunque el pino silvestre logró resistir gracias a su corteza protectora.
En Tenerife, en un estudio elaborado conjuntamente con la ULL tras el gran incendio de 2023, se observó que incluso los pinos canarios jóvenes conservaron sus troncos intactos, lo que revela una sorprendente capacidad de resistencia.
Subiendo un poco más alto
En la tercera ponencia del ciclo, el catedrático Jaume Flexas (Universidad de las Islas Baleares) nos llevó al Himalaya para explorar cómo sobreviven las plantas en el techo del mundo.
Durante su charla reveló que algunas especies llegaron a crecer a más de 6.000 metros, impulsadas por el calentamiento local, aunque hoy han desaparecido por ese mismo cambio climático. El estudio de plantas entre los 4.000 y 5.500 metros en Ladakh muestra que, cuanto más alto se vive, más se refuerzan los mecanismos de tolerancia al estrés, aunque la fotosíntesis se reduce.
Para compensarlo, las plantas modifican su anatomía foliar, optimizando la captación de CO2. Comparar estos hallazgos con otros ecosistemas de altura, como los Andes, demuestra que no hay una única fórmula de adaptación: cada montaña cuenta su propia historia vegetal
Hiding from the sun. Escondiéndose del sol: estrategias adicionales para evitar la alta radiación en ambientes de montaña
En su charla Hiding from the sun, el profesor Matthew Robson (Universidad de Cumbria, Reino Unido) exploró cómo las plantas de montaña se protegen de la intensa radiación solar.
Aunque ya se conocían estrategias como los pigmentos protectores o los antioxidantes, su equipo estudió un mecanismo menos conocido: el movimiento de los cloroplastos dentro de las hojas para evitar el exceso de luz.
En los Altos Tatras de Polonia, observaron que el arándano europeo ajusta este movimiento según su entorno, mientras que otras especies alpinas más especializadas recurren a estrategias distintas. Estos hallazgos son clave para entender cómo podrían adaptarse las plantas a medida que el cambio climático las empuja a vivir en altitudes cada vez más extremas.
La paradoja de las «lagunas de aire frío»
En su ponencia La paradoja de las «lagunas de aire frío», el profesor José Ignacio García Plazaola (Universidad del País Vasco) explicó cómo ciertas depresiones del terreno, como las que se encuentran en paisajes volcánicos o kársticos, pueden atrapar aire frío durante largos periodos.
Estas «lagunas de aire frío» generan microclimas con temperaturas mucho más bajas que las de su entorno, nieve más persistente y menos días sin heladas. En el marco del proyecto REBECA, se han identificado varias de estas zonas en parques nacionales como Picos de Europa, Sierra Nevada y Teide donde Las Cañadas del Teide destacan por sus condiciones meteorológicas únicas, que podrían ofrecer refugio climático para especies vegetales vulnerables al calentamiento global.
