La madrugada del próximo domingo volvemos a vueltas con el cambio de hora

España volverá al horario de invierno en la madrugada del sábado 24 al domingo 25 de octubre de 2026. Los relojes se atrasarán una hora, en una medida que vuelve a poner sobre la mesa el eterno debate sobre su utilidad, sus efectos en la salud y la conveniencia de mantener dos cambios horarios al año
Como cada otoño, llega una cita que nunca falta en el calendario y que, pese a repetirse año tras año, sigue generando dudas y controversias. El próximo domingo 25 de octubre, España abandonará el horario de verano para recuperar el de invierno, una modificación que nos regalará una hora más de sueño, pero que también traerá consigo tardes más cortas y noches aparentemente más largas.
En la España peninsular y Baleares, cuando los relojes marquen las tres de la madrugada, las agujas deberán retroceder hasta las dos. En Canarias, el cambio se producirá a las dos de la madrugada, momento en el que los relojes volverán a señalar la una. De esta manera, se mantendrá la habitual diferencia de una hora entre el archipiélago y el resto del territorio nacional.
La consecuencia inmediata será que la noche del sábado al domingo tendrá oficialmente 25 horas. Una hora adicional que muchos aprovecharán para descansar, aunque el verdadero impacto del cambio se dejará notar en los días siguientes.
Más luz por la mañana, menos por la tarde
Con la llegada del horario de invierno, amanecerá más temprano según nuestros relojes, pero también oscurecerá antes. Una circunstancia especialmente perceptible durante las tardes, cuando muchas personas salen del trabajo, regresan a sus hogares o realizan actividades al aire libre.
En Canarias, donde las horas de luz y las condiciones climáticas favorecen buena parte de la vida social en espacios abiertos, el adelanto de la puesta de sol también se hará notar en las rutinas cotidianas.
Aunque el cambio horario no modifica la cantidad real de luz solar disponible, sí altera su distribución a lo largo de la jornada, condicionando nuestros hábitos y nuestra percepción del paso del día.
Un debate que vuelve cada año
Lo que comenzó como una medida destinada a aprovechar mejor la luz natural y favorecer el ahorro energético se ha convertido en una cuestión recurrente de debate público.
Durante décadas, el cambio de hora se ha justificado por la posibilidad de reducir determinados consumos eléctricos. Sin embargo, la evolución de los hábitos sociales, los sistemas de iluminación y las necesidades energéticas ha llevado a cuestionar hasta qué punto ese ahorro sigue siendo significativo.
A ello se suman las consideraciones relacionadas con la salud. Diversos especialistas en sueño y cronobiología advierten de que las modificaciones horarias pueden alterar temporalmente los ritmos biológicos, especialmente en niños, personas mayores y quienes mantienen horarios de descanso muy regulares.
El cambio de otoño suele resultar más llevadero que el de primavera, puesto que permite retrasar una hora el reloj. No obstante, adaptarse a los nuevos horarios de luz puede requerir varios días.
¿Hasta cuándo seguiremos cambiando la hora?
La Unión Europea lleva años debatiendo la posibilidad de eliminar los cambios estacionales de horario. Sin embargo, la falta de un acuerdo definitivo entre los Estados miembros sobre qué horario mantener ha impedido materializar esa propuesta.
Mientras tanto, España continúa aplicando el sistema vigente, con un cambio en marzo para entrar en el horario de verano y otro en octubre para regresar al de invierno.
La cuestión va más allá de adelantar o atrasar las agujas del reloj. También plantea qué organización del tiempo resulta más adecuada para conciliar la actividad económica, la vida familiar, el descanso y el aprovechamiento de la luz natural.
Una hora más, las mismas preguntas
En la madrugada del próximo domingo 25 de octubre, los dispositivos electrónicos conectados a la red actualizarán normalmente la hora de manera automática. En cambio, habrá que revisar los relojes analógicos y aquellos aparatos que no dispongan de ajuste automático.
Y así, casi sin darnos cuenta, volveremos a encontrarnos con una hora repetida, una noche de 25 horas y unas tardes que empezarán a oscurecer antes.
Porque, mientras seguimos dando vueltas al reloj, permanece sin resolverse la gran pregunta: ¿tiene sentido continuar cambiando la hora dos veces al año o ha llegado el momento de dejar las agujas tranquilas?
De momento, el debate continúa. Y el reloj, una vez más, volverá a atrasarse.
