La Laguna en otoño: Rincones (XLII)

San Diego del Monte en La Laguna y lápida que indica la sepultura de Fray Juan de Jesús
Dado la proximidad de las fiestas de San Diego del Monte rescatamos un texto de José Rodríguez Moure, firmado en La Laguna en 1925
A modo de introducción, en la pared del evangelio de la ermita de San Diego del Monte en La Laguna existe una lápida que indica la sepultura de Fray Juan de Jesús, el frailito lego, figura popular y mística que la ciudad de La Laguna dio en llamar el Siervo de Dios: “Aquí se custodian los despojos de Fray Juan de Jesús, religioso lego de los menores de San Francisco, nacido en Icod en donde fue bautizado en 20 de Diciembre de 1615. Tomó el hábito de la orden Seráfica en el Convento de San Juan Bautista del Puerto de la Cruz, en 22 de Julio de 1646, pasando poco después a ser profeso de ésta santa casa de San Diego del Monte, en donde vivió hasta su muerte ocurrida en 6 de Febrero de 1687. Fue religioso de rarísima humildad y pobreza. Con el dulce encanto de su palabra y ejemplo ponía fuego de amor de Dios en los corazones más tibios y con sus fervorosos clamores sobre el juicio, temor saludable en los más obstinados. R.I.P.”
Según relata en 1925 Rodríguez Moure: En cierta ocasión presentose en La Laguna un notable predicador, el padre Ulloa, que en América y en España gozaba fama de gran místico, y parecía que lo era real y verdaderamente. Este padre Ulloa tenía, sin, embargo, el defecto de diluir tanto su ‘ oratoria, que el público salía abrumado por la extensión de sus sermones.
Fray Juan, asiduo oyente de aquellos interminables discursos, topó un día en la calle con el padre Ulloa, y a pesar del respeto que su mucha ciencia le infundía, sintió deseos de expresarle con toda llaneza su opinión. Y, en efecto, le dijo que los sermones le parecían bastante pesados.
Quedó algo corrido el Padre Ulloa, y admirándose de la osadía del lego, díjole: «Mire, hermano; yo le agradezco el consejo; pero atienda a que el Cordero pascual no lo podemos dar al pueblo crudo, sino guisado, para que no le. repugne.»
No convencieron a Fray Juan las palabras del Padre Ulloa, y hubo de replicarle entonces: «Tiene razón el reverendo padre. Mas cuide de no asar tanto el cordero, pues menos le va a aprovechar quemado que crudo»… Y es fama que desde aquel día el Padre Ulloa fue más mesurado en la extensión de sus sermones.
Otro rasgo que pone de manifiesto la ironía que caracterizaba a nuestro lego, fue el siguiente:
Gobernaba la isla de Tenerife, por el año de 1683, el general don Félix Nieto de Silva, conde de Guaro; personaje tan dado a la santidad, que se cuenta de él que con los primeros avisos de la luz dejaba las comodidades del lecho y se retiraba al oratorio, previniéndose con el ejercicio de la oración antes de entrar en los negocios del Gobierno. Y aún se dice de tan pío y cristiano general, que nunca tomaba chocolate sin aplicar la primera tostada a su Ángel Custodio, presentado en la persona de su criada.
El general, que pertenecía también a la Orden franciscana, no quiso retornar a su país sin despedirse del modesto fraile lagunero.
Trasladose al efecto a San Diego, y allí encontró al fraile, que venía con su cántaro de una fuente próxima. «-Padre Juan-«le dijo-he venido a despedirme de ti. Me marcho a mi país, y voyme contento porque creo no dejar malas voluntades.» «-Señor, repuso el lego, deshaciéndose en cortesías-mucha pena me da lo que su merced acaba de decirme. Pero ¡ay!, no tener enemigos.» Y entre socarrón y temeroso, añadió «De seguro, mi general, que no habrá hecho su merced mucha justicia”…
