La Laguna en diciembre: Tradiciones Navideñas (XXI). La Misa del Gallo en La Laguna. Por Julio Torres Santos
En las imágenes del vídeo oficia el párroco don Jorge del Castillo recientemente fallecido.
Tradiciones Navideñas en La Laguna y su Comarca 1999
Como en la actualidad, se celebraba en todas las parroquias el 24 de diciembre, con la diferencia de que, entonces, comenzaban a las doce de la noche, con el primer canto del gallo. Al contrario de lo que sucede ahora, la cena y sobremesa de Nochebuena tenían lugar después de los actos religiosos, pues el día 24 era de ayuno y abstinencia. Un repique de campanas ininterrumpido durante una hora –de 10 a 11- anunciaba la Nochebuena y la Misa del Gallo .
En la lagunera iglesia de la Concepción, la Misa del Gallo se anuncia con repiques de campanas que comienzan a las 11 de la noche del día 24, repitiéndose dos veces más a intervalos de quince minutos. A las 11’30, en el camarín principal del altar mayor, aparece un ángel, mientras unos pastores, vestidos con trajes típicos, yacen dormidos. Cuando finaliza el Misterio de la Anunciación a los pastores, se ilumina el Niño Jesús que forma parte del Nacimiento compuesto en el camerino y se hace una representación de El Nacimiento en el Portal de Belén. A continuación, los pastores descienden al presbiterio y comunican al resto de los pastores la Buena Nueva. Entonces todos juntos suben al camarín para ofrendar sus dádivas al Niño; mientras, desde la nave, una rondalla interpreta villancicos. Finalizada la ofrenda, un ángel recoge del pesebre al Niño y lo desciende, entregándoselo al oficiante. Éste, bajo palio, lo procesiona por las naves de la iglesia, acompañado de los ángeles, los pastores y la rondalla. Al finalizar el recorrido, el oficiante deposita al Niño sobre el altar. En este momento, desde el coro, comienzan a avanzar ocho mujeres ataviadas de pastoras o magas, danzando el tajaraste, que es interpretado únicamente a ritmo de tambor y flauta. Al llegar al altar mayor, danzan ante la imagen mientras comienzan a cantar un villancico de origen desconocido:
Venid que es Nochebuena,
venid que es Navidad
venid a ver al Mecías
que hoy nace en pobre Portal.
El Dios que baja a la tierra
los hombres para enseñar
Él pasa y dice a los hombres
hoy nace en pobre Portal.
Suena la pandereta
ruido, más ruido,
porque las profecías
ya se han cumplido.
(Al parecer la última de estas estrofas es la más antigua)
A continuación comienza la misa, la que hará coincidir el Gloria con las 12 en punto de la noche, y en este preciso instante comienzan a repicar las campanas. Al finalizar la ceremonia se mantiene la tradición de invitar a los asistentes a un pastel y a una copa de vino dulce en la sacristía.
También pervive la costumbre de que, después de la misa, las “parrandas de lo divino” (en La Laguna) o las tandas (en Tejina y El Socorro) recorran las calles cantando y visitando hogares para, inicialmente pedir donativos para las ánimas del purgatorio o, actualmente, solicitar un aguinaldo o simplemente alegrar la Navidad.
El arraigo de esta costumbre se remonta, al menos, al s. XVIII, como podemos leer en el “Diario” de Juan Primo de la Guerra, en el relato correspondiente al 29 de diciembre de 1802 : “Por las noches han andado en el vecindario [Valle de Guerra] varias compañías de cantadores, unos del Valle y otros de la ciudad, que piden para diferentes cofradías, cantando las Pascuas”.
Las ordenanzas municipales de 1903 autorizan estas parrandas y reconocen su carácter tradicional : “En la noche de Navidad será permitido circular y dar serenatas con rondallas y cantos e instrumentos de música por las calles y plazas de la Ciudad, según de antiguo es uso y costumbre, siempre que no se altere el orden ni se comentan excesos que puedan afectar a las personas y al buen nombre de nuestra población”. Sin embargo, estas ordenanzas establecen dos salvedades. La primera de ellas prohibe “a las personas que constituyan rondallas o a las llamadas parrandas, llevar consigo en esa noche, palos ni armas de clase alguna, aún cuando para el uso de éstas estén provistas de licencia”. Parece, pues, que los disturbios navideños, de carácter más o menos pagano, continuaban siendo frecuentes. La segunda hace referencia a los aguinaldos, habituales no sólo en las parrandas: “Constituyendo la petición de aguinaldos un abuso que daña los intereses de las personas, queda prohibida, en absoluto, en esta Ciudad y su término dicha costumbre en los días de Pascuas de Navidad, sea cualquiera la persona que la ejercite y el medio que, para ello, se emplee. Todo el que infringiere este precepto será considerado y corregido como si practicase clandestinamente la mendicidad pública”.
Mención especial merecen las actuales tandas de Tejina, agrupaciones de músicos de instrumentos de cuerda que unos días antes de Nochebuena se reúnen para preparar poemas y villancicos que cantarán por las calles y en la Misa del Gallo. En su deambular por las calles tejineras, las tandas disfrutan de buen yantar y buen beber y piden aguinaldo. En la Misa del Gallo, tras el Te Deum, unos ángeles recitan una serie de versos de origen desconocido que no han variado: “Albricias, hijos de Adán, ya ha nacido el Redentor, el Soberano Señor de toda la humanidad”. Luego los ángeles se dirigen hacia un grupo de pastores representados por la tanda, a quienes comunican la Buena Nueva, entablándose una conversación entre ambos grupos. A continuación, la tanda sigue los pasos de los ángeles que la guían a través del templo hasta el lugar donde se encuentra representado el nacimiento. En el mismo interpretan un villancico llamado “El divino” o “la tanda del divino”. Tras la interpretación, cada componente recita un verso que finaliza “Y de regalo te traigo…”para hacer la ofrenda. A continuación se celebra la misa y finalizada la misma se interpreta un último villancico.
Aunque la costumbre no tiene en la actualidad la misma fuerza de antaño, también hoy como ayer, las parrandas son recibidas en cualquier casa con las puertas abiertas. Como cuenta Elfidio Alonso, en el artículo “Las Navidades de ¿antes?” de Marti (1985): “cuando llegaban a una casa, aunque no fuera conocida, se hacía entrar a los del rancho y se les brindaba con lo que hubiera, que siempre había alguito que comer y que beber. Nadie descuidaba en aquellos días tener una mesa servida para quien pudiera llegar a casa”.
Juan Primo de la Guerra, el 30 de diciembre de 1801 escribía en su “Diario”: “Llegué a casa el 24 (…)Fui con mis hermanas a gozar los maitines en las monjas Claras y se salió de la misa cerca de la una. En las parroquias y en San Agustín había nacimientos” .
En la Misa del Gallo se representaba un auto sacramental y también se cantaban villancicos, llamados “arrullo” en Taganana. Durante la liturgia sonaban dentro del templo guitarras, timples, flautas, tambores, pitos de agua, panderos y triángulos. Como colofón tenía lugar el Baile del Niño : jóvenes vestidos de pastores y trajes típicos bailaban delante del recién nacido, con procesión alrededor de las naves de la iglesia, el tajaraste, con movimientos rítmicos, al compás de tambores, castañuelas, esquilas, panderos y, en algunas zonas, flautas.
La costumbre de cantar villancicos durante la Misa del Gallo fue propia de todo el término municipal. Juan Primo de la Guerra recoge que también era costumbre entonarlos en Tejina, en 1804 : “He estado anoche en Tejina (…) donde oí la misa en la parroquia, allí concurrieron los vecinos del lugar y entre los cánticos y oficios divinos, se mezclaron algunas coplas acompañadas de guitarra. Había también por las calles algunos cantadores de panderos”. Con esta última frase se está haciendo referencia a los grupos que, posteriormente, derivarían en las famosas “tandas” de Tejina, de las que hablaremos más adelante.
En 1803, Juan Primo de la Guerra hace referencia al Baile del Niño que tuvo lugar el domingo 25 en el convento de las Claras : “Estuve con mis hermanas a la misa en las monjas Claras, quienes omitieron este año el vestuario de pastoras y la algazara con que en tal noche acostumbraban salir al coro algunas de las mozas de aquel monasterio”. Las mozas a las que se refiere Juan Primo, eran, como recoge Núñez de la Peña, las criadas que ingresaban en el convento con sus amas.
En 1809 se prohibieron los autos sacramentales y el Baile del Niño en las misas del gallo de la iglesia de la Concepción. Así, Juan Primo relata que “en la parroquia de la Concepción de La Laguna se ha celebrado la noche de Pascua sustituyendo las representaciones y danzas de pastores, que en otro tiempo se permitían en la iglesia en esta función, otro recreo no menos alegre que extraordinario. Dos o tres damas de aquel pueblo, hijas del marqués de Casahermosa y una hija del capitán don Juan Tavares, subieron a las tribunas del coro y en los intermedios de los oficios de la iglesia cantaron algunas arias o canciones”.
Después de la misa tenía lugar la cena de Nochebuena. El plato principal del menú era la cazuela de gallina (con o sin fideos), conocida como “el pavo de los pobres” y los pasteles de carne de cerdo. El pescado estaba prohibido esa noche. Como postre se solían servir pasteles (chocolates, confituras, alsacianos), tortas (de castaña, de manzana, almendrados con pasas o chocolate), buñuelos (de viento, manzana, plátano,…) y ñames salpicados con azúcar o mojados en miel de abeja. También formaban parte de la repostería tradicional las truchas de batata o de cabello de ángel, quesos de almendra y roscos. En cualquier caso, el consumo de los postres se hacía acompañado de un licor propio de las recién paridas y de la Navidad: la mistela o licor de naranja .
Actualmente, la Misa del Gallo continua celebrándose en todas las parroquias del país, pero, con el formato que hemos descrito, únicamente pervive en Taganana, La Matanza, El Sauzal, Tejina y en la iglesia de la Concepción en La Laguna.
