La Laguna continúa en calma en el vigésimo sexto día de confinamiento: Hoy visitamos la Cruz de Piedra

Hoy vistamos la Cruz de Piedra, enclavada en un centro neurálgico de vías de primera importancia y en una zona eminentemente estudiantil -antecede al Campus Central de la Universidad de La Laguna-. En estos días de decreto de  confinamiento, la Cruz aparece como el fantasma que describió Verdugo: junto al camino, solitaria y esperando algún lance de espada o un fugaz encuentro amoroso.

Pincelada histórica

La Cruz de Piedra fue construída en 1560 en conmemoración de la Batalla de Aguere, acaecida durante la conquista, en la última década del siglo XV.

Seis años después de su construcción, se colocó en lo que hoy es la Plaza de San Cristóbal, para años mas tarde trasladarse en las proximidades de su posición actual.

Destruída por un vendaval, se reconstruyó en el año 1697, y se trasladó posteriormente, en 1951, frente a los jardines del campus central de la Universidad de La Laguna.

En el año 2007 sufre una reparación debida a un acto vandálico que destruye ambos brazos de la Cruz.

Según Leocadio Machado, en su libro «A orillas de La Laguna», de toda la colección de cruces, de la cual hizo gala La Laguna, la más representativa, la que desafió al tiempo y se mantuvo como verdadero vigía de la ciudad, fue la Cruz de Piedra, nacida humilladero, allá por el siglo XVI, jalonando el viejo camino, también de piedra, que siempre unió la ciudad con Santa Cruz.

Dicen que la Cruz de Piedra además ha servido durante tantos siglos para reavivar el recuerdo de la lúgubre y definitiva batalla que enfrentó a guanches y españoles, en uno de los últimos capítulos sangrientos de la conquista de la isla.

Leocadio Machado sin embargo la prefería simplemente cruz, compañera inseparable de sus ancestros, madre de todas las cruces de la ciudad donde nació, que son muchas y variadas. Y la prefería así, de piedra dura y eterna, como si estuviera dispuesta a enfrentarse a esa eternidad, con la misma voluntad de supervivencia de tantas y tantas piedras que justifican el espíritu de la ciudad de Aguere.

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