La Laguna continúa en calma en el decimonoveno día de confinamiento: Hoy visitamos el barrio de San Diego

Hoy hemos visitado el lagunero barrio de San Diego, barrio de reminicencias juveniles, de estudiantes y escapadas de juventud, sendero del caminante diario al que le gusta la paz y el aire puro; una zona muy concurrida a ciertas horas de paseo y deporte. El confinamiento me ha hecho pensar hoy en los recoletos rincones del poeta Verdugo:
Los parajes solenciosos, recogidos en la paz del camino o en un recodo de la ciudad, tienen un encanto que no llega a los sitios céntricos, donde el bullicio de este vivir moderno, precipitado y vertiginoso ahoga las voces del alma. Estos lugares modestos, estos rincones evocadores son los que determinan al psicología de un pueblo, proporcionándole algo propio, inconfundible, El detalle, al fin y al cabo, constituye la suprema elegancia, La Laguna es, acaso, la población de la isla que posee mayor número de lugares poéticos, propicios al ensueño y a la meditación: una ermita perdida en la placidez campesina; un portalón cargado de años; una cruz destacándose en el azúl infinito; un sauce que añora y una fuente que se remoza al recuerdo de pasadas cuitas.
¡Lugares de evocación! ¿Quién no vivió en en ellos un momento eternizado por las más dulces ilusiones?
Habéis removido, en nuestro interior, el arca sagrada y bien quisiéramos que, por los siglos de los siglos, conservaráis esa melancolía tan ensoñadora, tan de otros tiempos, para atestiguar que hubo una época en que él las gentes les era grato platicar de cosas del espíritu, en el recodo más florido del sendero, allí siempre aparece el sagrado madero.

Así de vacía y desolada aparecía ante nuestro coche la preciosa avenida de San Diogo, otrora paseo de San Diego, con sus cunetas llenas de geránios en flor, rosales de petit-mini y aromáticos jazmines.
